El sindicato del mono degollado

Blog de Alber Vázquez sobre poesía: crítica, opinión y reflexiones en torno al arte más inútil del mundo. | E-mail | Feed (entradas) | Feed (comentarios)

3 de julio de 2009

Cómo no leer jamás un poema

30 de junio de 2009

La prueba de la cebolla

Hoy un amable comentarista se pregunta en la entrada anterior si Thénon no es demasiado pizarniana. Magnífica pregunta. Ahí va mi reflexión al respecto.

Mi respuesta es sí y no. Siempre, por supuesto, siguiendo una metodología analítica cebolliana. Me explico: la poesía es como una cebolla. Realmente, cualquier cosa puede ser como una cebolla y, además, si prueban a usar este argumento en presencia de señoritas de buen ver, observarán ustedes que las muchachas, tras escuchar de sus labios tan rotunda afirmación, se muestran mucho más dispuestas a prestarles atención que antes. La tesis cebolliana, no sé yo por qué, suele causar ese impacto en la gente: es como si pronunciaras un mantra tan inútil para analizar cualquier cosa, como eficaz a la hora de llevarse señoritas al huerto. Inténtenlo y luego me cuentan.

A lo que iba: la poesía es como una cebolla. Existen diferentes capas de percepción poética, cada una de ellas superpuesta como una piel a las demás. De esta forma, en la capa más externa de la poética thénoniana sí puede afirmarse, sin temor a equivocarse, que existen relaciones más que obvias entre Thénon y Pizarnik. El hecho de que ambas se conocieran en vida y se frecuentaran no debe ser ajeno a ello. No es que pueda desprenderse que existe una relación causa-efecto, pero tampoco lo contrario. Ya, como con todo. La ciencia es así, amigos.

Pero, y aquí viene lo interesante, si profundizamos en la cebolla de Thénon, Thénon se distancia de Pizarnik a medida que avanzamos hacia el corazón de la hortaliza. De pronto, podemos ver ante nuestros ojos cómo una y otra dejan de asemejarse, se vuelven diferentes e, incluso y a ratos, contrapuestas. Hagan la prueba, que no les miento.

Con gran dolor de mi alma, tengo que decir que es ahí, en el corazón cebollíaco, donde Thénon peor soporta la vigencia, el poder y la demoledora capacidad poética de Pizarnik. Alejandra es demasiado Alejandra y ni siquiera un peso pesado como Thénon es capaz de soportar una exposición continuada a su brutal poética. En las distancias cortas, Pizarnik actúa como un agujero negro: engulle sin misericordia todo aquello que se le acerca y no permite que nada fluya más allá de su misma presencia. Así es nuestra Alejandra.

Observen esta estrofa de Pizarnik. Léanla y, después, pélenla como si de una cebolla se tratara. Dentro, en las capas internas, existe una potencia poética que puede llegar a cegar. Ojo, que yo ya he avisado. Este material es como la heroína sin cortar: nadie te asegura que vayas a salir con vida de ese viaje.
Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

28 de junio de 2009

Dejá de hincharme las bolas

Hace un par de días pasé por el quirófano para someterme a una intervención con anestesia local muy poco importante. Yo, la verdad, soy bastante aprensivo, de manera que estar despierto en un quirófano no es que me vuelva especialmente loco. La intervención la llevaban a cabo tres personas: el cirujano, una señorita monísima que parecía la segundo de a bordo y un psicópata argentino al que Dios le confunda el resto de su vida. Los dos primeros hacían su trabajo de forma profesional. Sin embargo, el psicópata no paraba de hablar. Parecía que esa y no otra era la tarea que tenía asignada en el quirófano. Ya, ya, era argentino y no podía evitarlo, pero es que yo estaba allí con los nervios hechos polvo. Un tipo se inclina sobre ti con objetos extremadamente cortantes en las manos. Por eso, sólo por eso, el psicópata podía haber cerrado la boca. Un poco de respeto.

En estas, y digo yo que por confraternizar entre naciones hermanas, el psicópata comienza a contarme que hay tipos a los que se les ponen los testículos como naranjas. No venía a cuento ni tenía nada que ver con la operación en curso, pero el cabrón decía lo primero que se le pasaba por la cabeza. Y, al parecer, se le ocurrió que, como yo estaba blanco por el nerviosismo, lo mejor era contarme una historia agradable. Como naranjas, amigos. Yo me puse tan histérico que le pedí al cirujano que, si era tan amable, le echara un vistazo rápido a mis testículos. No es que tenga grandes planes para ellos, pero que se le inflen a uno como naranjas no es, precisamente, el pensamiento más agradable que un aprensivo nato pueda experimentar mientras le están interviniendo quirúrgicamente.

No sé si el cirujano miró o no, pero me dijo que los consideraba normales y que podía estar tranquilo. Tengo unos testículos sanos y de tamaño medio. Un alivio, sin duda.

Estoy completamente a favor de que a España venga gente de todo el mundo. Rumanos, nigerianos, polacos, rusos, chilenos, congoleños, ecuatorianos, etc. De donde sea. Que vengan y se ganen la vida honradamente. Pero, ¿es absolutamente necesario que los argentinos salgan de su país? ¡Por Dios!

Sin embargo, amo a Thénon. Con gran dolor de mi alma, estoy perdidamente enamorado de una señorita argentina muerta. A la que, por cierto, le habrían importado un carajo mis testículos:
bello animal desgracia
posado en lo indecible

22 de junio de 2009

Mientras tanto, sé feliz

Ahí fuera hay un mundo lleno de luz, de playa, de niñas gritando de alegría, de comida casera, de mejillones, de arena, de cuarentonas en biquini leyendo a Stieg Larsson, de tanto vino tinto como tu hígado pueda tolerar. Es una percepción tan poderosa que ni siquiera cerrando los ojos con todas tus fuerzas puedes deshacerte de ella.

Existe, además, un concepto macabro que fagocita sin misericordia todo lo anterior: los lunes.

Por explicarlo con sencillez: es como si entraras en un supermercado y te toparas con Omar Khayyam reponiendo género en la sección de champús y suavizantes para el cabello. Se da la vuelta, le miras y te das cuenta de que él sabe que es Omar Khayyam, de que tú sabes que es Omar Khayyam y de que ese secreto os lo llevaréis a la tumba. Ambos.
Convéncete bien de esta verdad: un día tu alma se desprenderá de tu cuerpo, y serás arrojado tras el velo que flota entre el universo y lo desconocido. Mientras tanto, sé feliz: no sabes de dónde vienes; ignoras a dónde vas.

17 de junio de 2009

Tú eres fría como el hacha que derriba el silencio

Cuando éramos chavales, vivíamos una especie de estado de continua reverencia hacia Juan Larrea. Era lo más cercano a lo sublime que te podías echar a la cara. Luego, un buen día, llegó un poeta cuyo nombre no diré (pero que tenía cierta reputación) y dijo dos cosas acerca de la poética de Larrea que a mí me abrieron los ojos:
  1. No se entiende un carajo lo que pone.
  2. Eso yo lo escribo con la minga.
Y me di cuenta de que era cierto. Que tenía más razón que un santo y que toda la poesía de Larrea no puede ser tomada sino como una gran broma. De todo el buen gusto que uno quiera, pero un bromazo de agárrate y no te menees.

Un ejemplo ilustrador [completo aquí]:
Mis cabellos se llenan de peces de penumbra
y de esqueletos de navíos forzosos

Sin ir más lejos
tú eres fría como el hacha que derriba el silencio
en la lucha entre el paisaje y su golpe de vista

Dado que no existe constancia de que Larrea consumiera drogas alucinógenas o de que empinara el codo desde la mañana, ¿qué diablos nos quiere decir con estos versos? Nada, amigos, nada. Se supone que tú te quedas con la imagen que en ti provocan las estrofas y ya está. Te cosquillea un poco el bajo vientre o te sacudes del cabello los peces de penumbra.

Malditos bilbaínos...

16 de junio de 2009

El dolor más inhumano

El domingo fuimos a la playa y, como se puso a llover, nos refugiamos bajo un árbol y nos pusimos a cantar canciones guarras. O, por decirlo más exactamente, las niñas se pusieron a cantar canciones guarras que yo conocía de mi niñez pero que había olvidado. ¡No disfrutaba tanto desde hacía tiempo! Qué placer es cantar guarrerías con toda la naturalidad del mundo mientras das cuenta de una bolsa gigante de patatas fritas. Lo que te ríes.

Un ejemplo:
El dolor de los dolores,
el dolor más inhumano
es pillarte los cojones
con la tapa de un piano.

Otro:
Cuando yo era pequeñito
me bañaba en una olla
y ahora que soy mayorcito
no me cabe ni la polla.

Yo siempre he sido de los que piensan que hablar como un camionero polaco te abre muchas puertas en la vida, de manera que nunca he ocultado, aunque haya niños delante, que hablo diciendo tacos. Es que me parece absurdo: yo los digo habitualmente y no veo mayor sentido a no decirlos sólo porque los niños puedan aprenderlos y repetirlos. Sí, claro, como si ellos no fueran a buscarse la vida por sí mismos. Como si no decirlos les abriera un mundo de posibilidades lejos del alcance de los malhablados.

El taco es cultura. A tomar por culo.

Y las niñas bien que lo saben, pues aunque hablemos como monjitas de clausura, ellas aprenden las porquerías por su cuenta. El patio de colegio es una herramienta poética grandiosa, amigos.

15 de junio de 2009

Y siento miedo

He estado leyendo una entrevista a Héctor Martín Rotger cuyo titular me parece una maravilla de lucidez:
"En esto de escribir poesía hay mucho de somatización de un ritmo".

Joder, qué cosa más bien dicha y qué sensata. Eso sí, el tipo también dice cosas por las que en España iría a la cárcel (no porque Rotger sea un malvado, sino porque en España todo el mundo piensa mal y es gilipollas; pero, sobre todo, piensa mal):
"Ahora estoy haciendo una serie de cuentos donde los protagonistas son niños, pero no es literatura para niños...".

Suena chungo. Rarito, viniendo de un señor ya mayor. No hay que escribir sobre niños para no-niños. Queda feo, ¿no? Y esto está lleno de talibanes de la puridad moral y de la corrección política. Ojito.

Un cachín de un poema de Rotger que a mí me ha gustado [completo, aquí; un saco más, aquí]:
Niego la sospechosa desmesura
que revela mi imagen. Y así, luego,
me acosa la verdad. Y siento miedo.

12 de junio de 2009

Nada encaja

Desde hace un par de años, suelo cortarme el pelo en una peluquería que está cerca de casa y que no cierra a la hora de comer. Como a mí me basta con un corte normalito que sabe hacer cualquiera, el hecho de que puedas ir a las tres de la tarde y que, sin esperar turno, te corten el pelo, me parece una maravilla.

Total, que ayer me enteré de una cosa espeluznante: resulta que un tipo iba tranquilamente caminando por la calle, se sintió mal de repente cuando pasó frente a la peluquería en cuestión y le ayudaron a entrar para que descansara un rato. Al poco, se murió. Ya está. Se murió. Tú vas tranquilamente por la calle y te mueres en una peluquería de caballeros.

Estuve todo el santo día atormentado con la idea. Lo cierto es que no temo a la muerte. Quiero decir que no quiero morirme y todo eso, pero sé que me va a tocar y no es algo que me obsesione. No, al menos, de momento. Considero que ya he dado todo lo que tenía que dar de sí en este vida y que probablemente, de aquí en adelante, esto sea un ir cuesta abajo, pero es lo que hay. Apechugamos con ello y santas pascuas. Sin dramas.

Digo que no me da miedo morir pero me aterra la posibilidad de hacerlo estúpidamente porque la estupidez en la muerte no es sino la prueba tangible de que nada tiene sentido en la vida, de que todo es caos y de que cualquier intento por poner orden en ese caos es vano e inútil. Tú vas por la vida con pie firme, de forma ordenada, cabal, sensata, tratando de que ordenarlo todo y de que todo tenga sentido. ¿Y luego qué pasa? Te mueres en el interior de una peluquería, junto los champús anticaspa, un radiocasette de los años ochenta y un señor calvo vestido con un batín blanco y un secador de pelo en la mano. Horrible, sí.

Luego, un par de horas después, todavía impresionado, leí este poema de Ted Kooser. Por un momento, creí que todo encajaba. Pero nada encaja, claro.
Toda la noche, esta suave lluvia del pasado distante.
No me extraña que a veces despierte como un niño.

[La traducción es de Hilario Barrero].

3 de junio de 2009

Senryus, haikus y airbuses hundiéndose en el océano

Hoy iba yo en un tren a eso de las siete de la mañana cuando, en un andén en el que dicho tren se ha detenido, he visto por la ventanilla a un chaval con un sudadera en la que llevaba escritos en inglés los cuatro elementos de la Grecia clásica: "Earth, Water, Air, Fire". Las palabras rodeaban una especie de mandala o símbolo semioriental más o menos alegórico. Vamos, la típica gilipollez que nos gusta a los occidentales. No significa nada, pero parece que tiene un profundo contenido.

El caso es que yo, que iba enfrascado en la lectura de El guardián entre el centeno (que, por cierto, no había leído hasta hoy y que recomiendo fervorosamente porque me está divirtiendo una barbaridad), en vez de leer "Earth, Water", he leído "Death, Water" y, automáticamente, en lugar de la bella imagen de armónica paz y concordia que el estampado original quería transmitir, me ha dado por pensar en un airbus repleto de gente cayendo sobre el Atlántico y hundiéndose a toda velocidad entre los gritos de pánico del pasaje. Y es que, amigos, yo soy un podrido occidental incapaz ya, a estas alturas, de comprender ningún tipo de sensibilidad que no sea la mía. Pudiendo haberme serenado lo de la tierra, agua, fuego y aire, yo he preferido imaginar gente palmándola. ¡Y a las siete de la mañana!

Total, que esto me ha hecho pensar en el siempre espinoso y nunca bien resuelto asunto de los senryus. El senryu es un poema idéntico al haiku, pero sin alusión a la estación del año. Trata sobre el ser humano y sobre asuntos cotidianos. Es un haiku pero sin esa molesta liturgia zen de los orientales. Es un haiku para basura blanca. ¿Me siguen? Bien, pues lo que yo no acabo de entender es por qué los haikus gozan entre nosotros de inmensísima popularidad mientras que de los senryus nadie ha oído ni hablar.

Mi hipótesis: porque, como al muchacho del andén, lo que nos va es la espiritualidad estampada. Como esas locas que se tatúan "el símbolo chino de la bondad" (sic) y luego ahí pone "arroz tres delicias". Por eso nos la pone dura el haiku y despreciamos el senryu. Porque, para chorradas normales, nos bastamos y nos sobramos solitos. ¿Quién quiere leer insustancialidades japonesas teniendo entre nosotros a Gioconda Belli? Nadie. En su sano juicio, al menos.

Hala, aquí dejo un senryu copiado de la Wikipedia y que está escrito por Senryū Karai. Los más hábiles de entre ustedes ya habrán supuesto que este señor tiene algo que ver con la invención del género. Pues sí, bien supuesto.
泥棒を
捕えてみれば
我が子なり

Traducido del inglés por su segura servidora:

El ladrón,
cuando lo atrapo,
mi propio hijo.

2 de junio de 2009

Conozco el nombre de mi extraño mal

De Florbela Espanca no he leído demasiadas cosas, pero lo que he leído me ha gustado. Y si no me hubiera gustado, el morbo que siento por las poetas jóvenes suicidas habría rellenado los huecos. Espanca, como suele pasar en los que luego se quitan la vida, llevó una existencia bastante triste. Se mató a los treinta y seis años exactos (el día de su cumpleaños), y para entonces había sufrido dos abortos, se había casado tres veces, se le había muerto un hermano, había enfermado de todo lo enfermable y, entre una cosa y otra, la vida interior se le había ido al carajo. Ah, y se había sabido hija ilegítima de un tiparraco que se tiró a su madre con el consentimiento explícito de su señora esposa. A ver quién es el guapo que con este perfil conserva la cordura. Lo raro es que aguantara hasta los treinta y seis...

A Florbela le pone mucho el rollo simbolista. Mucho misticismo y mucho culterío. El signo de los tiempos, cierto es, pero es que, además, Espanca era un tía lista, leída y bastante adelantada a su época. O sea, que normal que sus poemas sean un poco estirados y rígidos. Incluso, si se quiere, hasta rozar lo ridículo. Y es que Espanca se pasaba la vida enamorándose y desenamorándose y escribiendo sobre ello. Vamos, lo que se dice un tiovivo emocional no apto para cualquiera. Así acabó. Con los nervios hechos trizas.

En fin, si se rebusca un poco, aparecen cosillas que muestran la gran poeta que pudo ser si su contexto hubiera sido otro: sin tanto patán dándole disgustos y con un poquito más de suerte en la vida. Que parece que no, pero siempre ayuda.

Pongo aquí un soneto entero y meto baza en la mitad.
Mi mal

Me conozco muy bien, sé mi color,
conozco el nombre de mi extraño mal:
y sé que fui encaje de vitral,
que fui ciprés, carabela y dolor.

Fui todo cuanto existe de mayor:
fui cisne, lirio, cóndor, catedral,
y fui tal vez un verso de Nerval
o una cínica risa de Chamfort...

A continuación, Florbela sigue un rato dando la brasa con lo que fue y dejó de ser para terminar con una confesión: a ella lo que le pone del hígado es esa nostalgia que tiene, sin saber por qué, metida en el pecho. Pero le echa toda la culpa a España. Está bien eso de tener alguien a quien culpar. Reconforta.
Fui la heráldica flor de agrestes cardos,
su olor mis manos dieron a los nardos...
a la adelfa le dio color mi boca...

¡Ah! De Boabdil fui lágrima en España
y me traje de allí este ansia extraña.
¡Dolor no sé de qué! ¡Saudade loca!

1 de junio de 2009

En el camino me encuentro a mí mismo que regreso

Ayer fue el primer día de playa del verano. Cogimos cangrejos y bígaros y luego, cuando teníamos el cubo bien lleno, los liberamos. Y no porque pretendiese dar a las niñas una lección acerca de lo conveniente de respetar a todos los seres vivos del universo. No, en casa somos de la creencia de que todo lo que anda, corre o vuela, a la cazuela. Pero, ¿quién diablos va a comerse unos cangrejos mugrientos cuando nos hemos traído tortilla de patatas, filetes empanados, pimientos verdes, ensalada de tomate y atún, cerezas y galletas de chocolote? Nadie.

El caso es que cuando vamos y venimos de la playa pasamos siempre frente a la casa de Jorge Oteiza, lo cual para mí tiene su punto de especial porque une dos cosas que me encanta hacer en este mundo: estar en la playa y leer a Oteiza. El gran Oteiza capaz de escribir cosas tan psicopáticas como la que sigue [completa aquí]: tan desprejuiciada, tan animal, tan poderosa, tan íntima, tan diferente a todos los demás.
no me alcanzaréis los muertos
en el propenso río
siempre dispuesto a acostarme
y si acostado siempre dispuesto
a no levantarme
y no me levantaré más
movediza
discontinua perdiz
muero subo al cielo
gota a gota
en el camino
me encuentro a mí mismo
gota a gota que regreso

29 de mayo de 2009

Me seco el orín de la bandera mexicana

El poeta mexicano Sergio Witz la lió parda cuando un buen día escribió un poema a la bandera de su país. Un poema malo de cojones, hay que decirlo. Vamos, que él, llegado el caso, tampoco te lo niega. Dice así la oda en cuestión:
Yo
me seco el orín de la bandera
de mi país
ese trapo
sobre el que se acuestan
los perros
y que nada representa,
salvo tres colores
y un águila
que me producen
un vómito nacionalista.

Fino, ¿eh? Un artistazo, nuestro Witz. Bueno, pues resulta que el poema se publicó sin querer. Traspapelado. Ya no es que se publique mucho: es que se publica solo. En fin, el pobre Witz fue llevado a juicio y, tras nueve años de idas y venidas, ha sido condenado a pagar 50 pesos (unos tres euros) por injurias a la bandera nacional.

Personalmente, si Witz hubiera sido condenado a 50 latigazos por mal poeta, yo habría suplicado que, por favor, me dejaran darle alguno. No se puede escribir así de mal y salir impune... Pero a Witz se le condena por injurias y con la sana intención, por parte del tribunal, de desalentar "las conductas antisociales de quienes atentan contra el patrimonio cultural de nuestro país y de los símbolos patrios que lo representan". Ni más ni menos. Menudos cabrones...

Como dice Witz:
"No es la sentencia de cincuenta pesos lo ridículo de todo esto, es el proceso que llevó nueve años en sí, en gastar recursos públicos para perseguir poetas, en confundir literatura con derecho, pensamiento con adoctrinamiento… de lo que se trata todo esto es de dar un escarmiento a quien piensa, escribe y disiente y lanzar, por supuesto, un mensaje a quien se atreva a hacer lo mismo".

Bien dicho. Estoy de acuerdo y lo firmo. Y, aunque escribiste un poema lamentable y los 50 latigazos te los guardamos para más adelante, yo estoy contigo, Sergio.

28 de mayo de 2009

Mi alma en esta hora desolada

Muchos de los poetas románticos hoy resultarían grotescos. De hecho, alguno que hay por ahí, lo resulta. Pero en su mundo y su época, tenían su punto. No todos, cierto es, pero algunos sí. Como, por ejemplo, Dante Gabriel Rossetti, que fue de los más brillantes a la hora de vivir románticamente la vida.

Hizo mucho el gilipollas y de formas muy variadas. Por ejemplo, cuando su mujer se le suicidó por habérsele muerto una criatura durante el parto, Dante decidió enterrar sus poemas en la tumba de ella. Eso es amor y lo demás son hostias. Enterró sus versos junto a su bienamada. Intenta tú hacer eso hoy y verás a qué velocidad marcan los enterradores el número del sanatorio mental más cercano...

Pero lo mejor no fue eso. Lo mejor fue que, después de varios años ¡abrió la tumba de su señora para recuperar los poemas y publicarlos! Con dos cojones, el muchacho: "¿Qué hice yo con aquellos poemas tan chulos que tenía? Ah, sí, los enterré sobre el pecho de mi queridísima Elisabeth. Nada, nada, pues abro la tumba, los recupero y así, de paso, compruebo si la niña de mis ojos se está pudriendo como es debido".

Un figura, este Rossetti. Murió a saber de qué, pero seguro que el cóctel de drogas, locura y depresión al que se veía sometido no ayudó demasiado. Vamos, lo que se dice un romántico de los pies a la cabeza.

En fin, les dejo con un fragmento de uno de sus poemas. Si quieres, pueden leerlo entero aquí. Personalmente, esto tipo de verso agota mi paciencia, pero quizás a ustedes les ponga. Este blog cada vez es visitado por gente más rara.
¿Existe un hogar, dónde la pesada Tierra
Se derrita en el aire brillante,
Y dónde el mal no se respire;
Dónde el agua barra el eco de la sed,
Y el fuego sea el reflejo de nuestra fe?
Si la voluntad yace atada al objetivo,
Tal vez allí pueda su esperanza engendrar.
Mi alma, en esta hora desolada,
Se agita hacia la tuya,
Cerca, siempre un poco más.

27 de mayo de 2009

Poesía para sobrios

¿Han salido ustedes alguna vez de farra y, tras volver con varias copas de más y acostarse, han sentido que todo daba vueltas y más vueltas? ¿Sí? Bien, pues ahora pueden recrear esa desagradable sensación sin salir de casa. La internet hispana es así: haciendo cada día todo lo posible para que se nos lea menos.

26 de mayo de 2009

Nos llevan años de ventaja

¿Se acuerdan de las bofetadas que le cayeron la semana pasada al abuelete Gamoneda por desmarcarse de La Poesía Oficial Española y, sin pedir permiso a nadie, criticar a Benedetti? Pues eso no es nada para lo que se cuece por ahí. Hay fulanas que disparan con bala.

Actualización: la pájara ha dimitido.

Y vuelve con tu rostro a la tierra

Me ha gustado mucho todo lo que he leído de Dolores Etchecopar, y me he quedado con ganas de más. Por desgracia, supongo que las ediciones de sus libros serán inencontrables. Ha publicado, hasta donde yo sé, cinco o seis poemarios, casi todos ellos en los años ochenta. En fin, en internet hay algunas selecciones para el que quiera profundizar.

Etchecopar es bonaerense, ligeramente cincuentona y, en alguna foto que he visto de ella, se parece bastante a una novia que yo tuve. Tiene un verso fino, a ratos muy argentino y a ratos no tanto y, sin duda, una voz poética tremendamente lúcida a la que merece la pena seguir la pista.

Y que viva y escriba por muchos años. Lo digo porque últimamente, poeta que reseño en El Sindicato, poeta que pasa a criar malvas.

Un poeta de Etchecopar:
una mesa
el ruido de un tren al irse una ciudad
una mano
no sabe cómo se entra
pero abre tus lágrimas
y vuelve con tu rostro a la tierra

25 de mayo de 2009

Benedetti reloaded



Por ir cerrando el asunto Benedetti, reseño un reportaje a doble página publicado hoy en El Diario Vasco. La novedad respecto a otros muchos artículos aparecidos en la prensa es que éste no es puramente hagiográfico, lo cual es muy de agradecer.

Ah, y salimos nosotros. Si no insultaron a tiempo, no salen en la foto. Aunque, a modo de consuelo, pueden mentarme la parentela aquí debajo.

23 de mayo de 2009

Es como no entender algo

Desde el cariño, claro.

22 de mayo de 2009

La lacerante verga del gladiolo

Llevo todo el santo día tratando de recordar el nombre de una poeta que escribe en español, que es de mediana edad, que tiene un apellido italiano, que es dueña de una poética lamentable y que escribe cosas un poco guarrillas. Como si fuera un tío salido, pero en tía.

Me sale Ana Rossetti pero no es Ana Rossetti, aunque encaje en la descripción. Es otra, tengo el nombre en la punta de la lengua y no doy con él. Tampoco es Cristina Peri Rossi, aunque también encaje en la descripción. Estoy desesperado. Como no encuentre el nombre, reviento. ¿Alguien me ayuda?

Bueno, pongo un poema guarro de Rossetti. Leche adolescente para todos y todas.
Flores, pedazos de tu cuerpo;
me reclamo su savia.
Aprieto entre mis labios
la lacerante verga del gladiolo.
Cosería limones a tu torso,
sus durísimas puntas en mis dedos
como altos pezones de muchacha.
Ya conoce mi lengua las más suaves estrías de tu oreja
y es una caracola.
Ella sabe a tu leche adolescente,
y huele a tus muslos.
En mis muslos contengo los pétalos mojados
de las flores. Son flores pedazos de tu cuerpo.

21 de mayo de 2009

Vendetta!

A cuchillo y con toda la caballería han saltado a la palestra algunos de esos poetas deudores de los muchos premios y enjuagues que controla y reparte la factoría de Chus Visor. Uno se pone malicioso: ¿y si Gamoneda publicara su poesía en esa casa y no en otras editoriales le habrían saltado al cuello con idéntica celeridad los amigos de Luis García Montero? [...] Pondría la mano en el fuego por Gamoneda: no creo que expresar nuestra opinión sobre algún aspecto concreto de la obra de un colega sea motivo de linchamiento público. Aunque a Gamoneda haya muchos que estaban esperando ajustarle cuentas hace tiempo [completo en su blog].

Pepo Paz, entre otras cosas, admirador de Benedetti.

20 de mayo de 2009

Tú a mí eso no me lo dices en la calle

La flor y nata de la poesía española le ha dicho a Gamoneda que deje de porculear y que se sume, como es su obligación, al Rebaño de Adoradores de Benedetti del Último Verso. O que lo excomulgan. O lo echan de España.

¿Quiénes? Quienes van a ser. Los de siempre.

Era la verdad pura

Hoy, leyendo todos esos comentarios en los que ustedes desean lo peor para mí y para tres o cuatro generaciones tras de mí, me ha dado por pensar que si Mario Benedetti hubiera sido un buen poeta, habría sido Susana Thénon. Quizás sea una asociación un tanto absurda, pero no puedo quitármela de la cabeza. No sé, pero cuantas más vueltas le doy, más tengo la impresión de que todo encaja.

Vale, es cierto que Thénon es infinitamente más sofisticada que Benedetti (lo cual, dicho sea de paso, no es difícil), pero, a ratos, parece como si alguien hubiera venido por la noche y hubiera arreglado los poemas fallidos del viejo.

¿Que no? Miren, miren:
Iris golpeó la tierra con una larga vara blanca
Y subió por su propia cabellera.
El espacio giró a su alrededor.
El espacio era un ser de infinitas dimensiones
Que despertaba y bailaba a su conjuro.
Entonces comprendí que me había encontrado
Con la danza.
Era más, mucho más que la belleza.
Era la verdad pura.
Me alegré de estar viva y nunca la abandoné.

19 de mayo de 2009

El hijo varón de las rosas

Por seguir con poetas uruguayos muertos y con la intención de alternar entre malos y buenos, pongo hoy aquí un poema de Marosa di Giorgio. No es la primera vez que la cito en El Sindicato ni va a ser la última, porque, si nada lo remedia, Marosa se va a convertir en una de las sacerdotisas a las que pienso rendir culto hasta que me muera yo mismo o me convierta en uruguayo. Lo que primero suceda.

Di Giorgio practica una poesía complicada de pillar, pero hipnótica una vez que le has cogido el tranquillo. A mí me encanta, me deslumbra, me hace sentir cosas que poca gente logra. Léanla, por el amor de Dios. Ahora.
Este melón es una rosa,
este perfuma como una rosa,
adentro debe tener un ángel
con el corazón y la cintura siempre en llamas.
Este es un santo,
vuelve de oro y de perfume
todo lo que toca;
posee todas las virtudes, ningún defecto,
Yo le rezo,
después lo voy a festejar en un poema.
ahora, sólo digo lo que él es:
un relámpago,
un perfume,
el hijo varón de las rosas.

18 de mayo de 2009

Obituario: Benedetti, el peor poeta del mundo

¿Es ético alegrarse de que alguien muera? A poco sentido común que uno tenga, la respuesta es no. Aunque técnicamente al finado ya le dé igual, hay que guardar un poquito de respeto por los que han pasado a mejor vida. Al menos, por estética.

Sin embargo, una cosa es mantener las formas y otra, bien distinta, emprender el estúpido ejercicio de glosar lo inglosable. Eso sí que no. Yo, desde luego, no pienso hacerlo.

Se ha muerto Benedetti, y aunque no celebro que una persona muera, sí me alegro de que su voz poética se extinga de una maldita vez. Porque Benedetti es responsable (cierto que con mucha colaboración externa) de abrir la puerta a la mediocridad, la ñoñez, y la insuficiencia intelectual en la poesía contemporánea en español. Ni más, ni menos.

Benedetti ha hecho mucho daño a la poesía porque ha hecho creer a muchos poetas que podían serlo sólo deseándolo. Y a muchos lectores que podrían serlo por idéntico procedimiento. No hacía falta nada más y se extirpaba, de un plumazo, el talento de la expresión literaria: lectora y escritora. Poesía era lo que uno decía que era poesía y la circunstancia pesaba más que la calidad. Así, se concluía rápidamente: fue represaliado por los militares, ergo es un buen poeta.

Y no. Benedetti nunca fue un buen poeta. Fue un poeta malo y sin talento que ni siquiera tuvo capacidad para reconocer su nula valía. Él escribió sus versos horrendos hasta el final, convencido de que lo que estaba haciendo merecía la pena. Por eso, sólo por eso, yo me alegro de que, Mario, hayas dejado de dar la lata de una puta vez. Descansa en paz. Descansemos todos en paz.

17 de mayo de 2009

Que piensen ellos

Vivimos en una cultura visual que privilegia la rapidez, el vértigo, la sucesión vertiginosa de las imágenes, que muestra incluso cansancio o impaciencia cuando esas imágenes no fluyen a la velocidad debida. Sin embargo, esa rapidez no se traduce en complejidad o sutileza, en una sintaxis que nos permita movernos por las grietas de tales imágenes, explorar su revés o su brillo, el silencio que llevan adheridas.

Jordi Doce (sigue en su blog).

14 de mayo de 2009

Hasta que el Musgo nos llegó a los labios

Cuesta pensar que una señora soltera, mayor, sola y vestida de negro escribiera cosas tan alucinantes como la que hoy voy a citar, y no se las enseñara nunca a nadie.

Este poema va de alguien que ha muerto y ha sido enterrado. Al poco, otro muerto es ubicado justo al lado. Se ponen a conversar y resulta que uno la ha palmado por la Belleza y el otro por la Verdad. Parece que necesitan consuelo, así que concluyen que tanto Belleza como Verdad vienen a ser la misma cosa. Podríamos discutírselo, pero saldríamos perdiendo porque los muertos tienen mucho tiempo libre y este tipo de discusiones se ganan siempre por agotamiento del contrario.

Bien, en éstas están cuando llega la acojonantemente bella estrofa final. Dice así:
And so, as Kinsmen, met a Night --
We talked between the Rooms --
Until the Moss had reached our lips --
And covered up -- our names –

Traducido (por Ezequiel Zaidenwerg):

Y así, como Parientes que una Noche se conocen --
de un Cuarto al otro hablamos --
hasta que el Musgo nos llegó a los labios --
y cubrió -- nuestros nombres –

A mí me parece flipante. Una señora de mediana edad hace un siglo en una habitación de la casa de su padre. Sola. Sin ningún tipo de expectativa.

13 de mayo de 2009

La Otra Sentimentalidad o cómo cocinar sin saber encender el fuego

Mi hija y yo llevamos meses enganchados a un concurso que ponen en la tele de lunes a viernes. La dinámica es muy sencilla: cada uno de los concursantes cocina y recibe en su casa a los demás y los demás le puntúan por ello. El que más puntos obtiene, gana el concurso.

Mi hija y yo mantenemos posturas divergentes y encontradas respecto al concurso: yo defiendo que, dado que se trata de un concurso donde hay que cocinar para otros y hacerles pasar una velada agradable, es necesario, como mínimo, saber cocinar y tener buena conversación; mi hija apunta en sentido contrario y no ve la relación directa entre participar en un concurso de cocina y saber cocinar. Y lo lleva a misa.

Antes de que todo el mundo piense que mi hija no rige bien, tengo que decir que la criatura no habla por hablar: dice lo que ve. Y lo que ve es decenas y decenas de concursantes que no saben freír un huevo y que no entienden que esto sea un obstáculo para participar en un concurso de cocina. Ayer, incluso, salió una tía que no sólo no había agarrado el mango de una sartén en su vida, sino que parecía que consideraba al género humano como algo más bien molesto en su existencia. Sí, la gente participa voluntariamente en este concurso.

¿Adónde quiero llegar con todo esto? A que ya da lo mismo lo que sepas hacer. Lo importante es cómo sabes vender tu inoperancia. Viene esto a cuento de que, el otro día, un lector de El Sindicato sacó a colación un asunto que yo ya había olvidado: La Otra Sentimentalidad. Uno de los casos más flagrantes de timo poético del último siglo. Algo que, visto con el distanciamiento que dan los años, es como para ir a mear y no echar gota.

La Otra Sentimentalidad fue una estrategia lanzada por varios poetas (terriblemente mediocres algunos; malos de solemnidad el resto) para situarse en primera línea del plano literario sin más capital que un morro de aquí a Antioquia.

El plan era sencillo: dado que escribimos con el culo y que jamás lograremos hacer algo que realmente merezca la pena, dotemos a nuestra obrita de un corolario sesudo-teórico que, bien engordado, amordace a todo aquel que pretenda poner a caldo nuestros ripios de pacotilla.

¡Y les funcionó! Acojonante, pero les salió bien. Con Luis García Montero a la cabeza, unieron, manifiesto mediante, su poética a la de Antonio Machado o a la de Rafael Alberti. Una vez pillado el tranquillo al asunto, no resultó difícil: bastaba con lanzar la primera insensatez que se te pasara por la cabeza, pero redactada como si pareciera algo realmente importante. Por ejemplo:
El grueso de la concepción poética de este grupo viene marcado por los conceptos de historia y reflexión moral. Y es que la poesía es el resultado de un proceso de reflexión moral, de búsqueda, pero también es producto de un sujeto, un sujeto que escribe en un momento determinado de la historia [fuente].

¿Mola, eh? Pues con esta idiotez como un templo de grande, los tipos de La Otra Sentimentalidad hicieron fortuna. Vaya que si la hicieron... De hecho, a alguno le dura la suerte hasta hoy mismo.

La memez de arriba no quiere decir nada. Es un párrafo vacío, pero que leído de seguido, impresiona. ¡Hostia puta!, te dices. Esta gente sabe lo que se trae entre manos. Démosles una subvención o algo. Rápidamente, antes de que se enfríen.

Luego resultó que la poesía de estos tipos era de medio pelo. Por ejemplo, estos versos chorras de Javier Egea (completo, aquí):
Yo vi tantas estrellas como ella puso siempre
en aquel cielo raso como un paño de tul.
Ella llevaba el pelo como la Janis Joplin
y los labios morados como el Parfait-Amour.

Pues mira tú qué bien. Si me encuentran en la estrofa de arriba los conceptos de historia y reflexión moral que estos tipos exudaban por cada poro de su piel, les invito a cenar a todos en mi casa. Y hasta cocino yo mismo. Sólo sé cocer macarrones pero desde la más íntima reflexión moral. ¡Y con queso parmesano!

12 de mayo de 2009

Tropiezan de noche con los huesos de los muertos

Jordi Doce ha traducido de nuevo a William Blake, lo cual, en sí, es una buena noticia. Yo recuerdo haber leído mucho a Blake cuando era joven, no sé si seducido por su poesía o por sus grabados. De hecho, debería tener algún volumen por alguna parte (y lo cierto es que si no fuera por esta astenia primaveral que me tiene hecho polvo, lo buscaría para comparar la traducción antigua con la de Doce). Aunque quizás el ejemplar no haya sobrevivido a una de mis razzias libreras, previas a la Solución Final que tengo proyectada para mi biblioteca: el libro es un maldito atraso; cada día estoy más convencido de ello. Ocupan demasiado espacio y la mayoría están mal escritos.

A lo que iba: la traducción de Doce tiene una pinta de puta madre y estaría dispuesto a comprarla en e-book, pero dudo de que algo así sea posible en algún momento. Porca miseria!

Un pedacito de un poema de Blake (completo, aquí) que te hace apretar el culo:
Tropiezan de noche con los huesos de los muertos,
sienten no saben qué, mas se preocupan:
y desean guiar a los demás cuando debieran ser guiados.

11 de mayo de 2009

Pongo la radio, escucho una canción

Atención: ¿quién puede elogiar, sin rubor, la mala poesía? Alguien que, sin rubor, la practica. Que la escribe desde el íntimo convencimiento de estar creando algo maravilloso y floribundo. No, no hablo de Luis García Montero, amigos (aunque bien podría).

Hablo de Benjamín Prado, poeta. Poeta de los malos. De los que llaman poesía a algo que ni de coña es poesía. De los que llaman poesía a esto (completo aquí):
Estamos en invierno y esto es Roma
y tú no estás.
Yo voy de un lado a otro
de tu nombre,
lo mismo
que un oso en una jaula;
marco un número;
pongo la radio, escucho una canción
de Patti Smith dar vueltas dentro de Patti Smith
igual que un gato en una lavadora.

Acojona, ¿eh? Pues el poema, sigue. Sigue igual de mal. Recuerden: por mucho que lo intenten (y lo van a intentar), que nadie les engañe. La mala poesía es sólo mala poesía. Te llames Benedetti, Prado o García Montero.

Pero la culpa no la tienen ellos (aunque también). La culpa es de los descerebrados que describen a esto como literatura. De los que leen "escucho una canción de Patti Smith dar vueltas dentro de Patti Smith igual que un gato en una lavadora" y se les pone dura. Y no. Eso es un estupidez, por muy en verso que esté. Ni transmite belleza, ni causa sensación alguna, ni nada de nada. Hay que decirlo más: esto da pena. Y vergüenza ajena.

La literatura es otra cosa. La poesía es otra cosa: si Prado pudiera escribir dos versos, sólo dos versos, a la altura de Idea Vilariño o de Alejandra Pizarnik, yo iba de rodillas hasta su casa y le pedía perdón por ponerle a caldo. Pero, vamos, dudo mucho de que algo así pueda suceder algún día. Si cualquier memez cuela como alta literatura y nadie parece dispuesto a objetar nada, démonos por jodidos.

Recuerden esto en los momentos más duros: Estamos en misión del Señor.

1 de mayo de 2009

In saecula saeculorum

Me he dado cuenta, como si de una revelación se tratara, de que, ahora que se aproxima el fin del mundo y que todos vamos a morir de gripe porcina, los poetas góticos adquieren una nueva dimensión. Nos faltaban los ojos necesarios para verlos adecuadamente. Ahora, sólo ahora, con la muerte echándonos el aliento en la nuca, comprendemos la grandiosa maestría de unos versos de los que, hasta anteayer, hacíamos mofa.

Así que, por si el día de mañana no llega, les dejo con un poema del nunca bien ponderado Ernest Dowson (aquí, el original en inglés). Estremece pensar cuánta sabiduría se reúne en él. Cuánta belleza crepuscular.

Que ustedes se mueran bien.
Una última palabra

Vayamos entonces: la noche está a nuestro alcance;
El día yace exhausto, todas las aves han volado;
Y nosotros hemos cosechado la siembra de los dioses;
Muerte y desesperación, honda oscuridad sobre la tierra
Jóvenes como el búho, no podemos comprender
Ni el llanto ni la risa, pues sólo conocemos la vanidad:
Que ha impulsado nuestra perversa desolación.

Vayamos entonces: hacia un ignoto sitio, extraño y frío;
A las Tierras Vacías, donde los justos e injustos
Encuentran su fin, donde descansan los viejos;
Liberados del amor, del miedo y la lujuria.
Unamos las manos desgarradas, roguemos al suelo que rodee
Nuestros corazones enfermos y los disuelva en polvo.

30 de abril de 2009

Mario Benedetti, probablemente el peor poeta del mundo

Una de mis pesadillas más recurrentes es que soy el niño de Werther's Original y que Mario Benedetti, transformado en el siniestro abuelo de los caramelos envenenados, insiste, una y otra vez, en, como su abuelo hacía con él, leerme unos poemas infantiloides y cursis hasta la arcada.

Y es que, amigos, yo no soporto a Benedetti. Ya está dicho. Su poesía me parece pedante, odiosa, pueril, cargante, malograda, cansina y aburrevacas. Sobre todo, aburrevacas. Porque, hay que decirlo alto y claro, Benedetti es un poeta de medio pelo al que una legión de indolentes con poco o nula experiencia lectora ha encumbrado más allá de todo lo razonable. Y me lo he leído, que conste. He leído de Benedetti mucho más de lo que cualquiera en su sano juicio leería: pero, precisamente, con la intención de hallar en él algo de eso que los demás dicen encontrar y que yo no veo ni aunque mire con lupa. Porque siempre hallo lo mismo: versos ramplones para solteronas a falta de un buen polvo. Un ejemplo:
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.

Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.

Etc. El poema sigue durante un buen rato, pero se lo ahorro a ustedes porque es más de lo mismo: vacuidades puestas en verso que no cuelan ni aunque uno haga un esfuerzo sobrehumano.

Por eso, amigos, es bueno detestar al abuelito de los caramelos envenados.

28 de abril de 2009

Adiós a Idea

Por cierto, gracias a un lector, me entero de que la gran Idea Vilariño ha pasado a mejor vida. Leo en una nota de prensa que estuvo liada con Juan Carlos Onetti (cosa que no sabía) y que Mario Benedetti también está con la salud jodida (cosa que me importa un cojón de mico).

Reproduzco el poema que el lector de El Sindicato ha tenido a bien seleccionar para la ocasión:
La vergüenza
el bochorno
de no tener excusas
porque esto esto
maldita sea
esto
es gratuito
gratuito.

(Del libro No, 1980)

Seeds

Llevo varios días bastante enfermo y sólo hoy he podido abrir el portátil (aunque sin moverme de la cama). ¿Han oído hablar de la gripe porcina? Pues la mía es elefantiásica, dado lo jodido que me encuentro. No sé si saldré de esta.

El caso es que cuando tengo mucha fiebre y estoy realmente mal, me da por pensar que no somos nada. Lo vulnerables que nos encontramos ante la deriva del tiempo y el espacio. Nuestra nula imbricación en el plan maestro del Gran Hacedor. Gilipolleces así.

Y me da por pensar en Raymond Carver. No sé por qué, pero a Carver siempre lo he visto como el más frágil y desasistido de los hombres. Físicamente aparentaba todo lo contrario, pero me da a mí que por dentro era de cristal. No era para menos, dada la mala vida que le daba su parentela (y que se había dado él).

Hay un poema que plasma estupendamente ese no ser nada carveriano. Está en Winter Insomnia, el primer poemario escrito por el gran Ray. Si la crisis no les afecta en exceso o son funcionarios públicos, pueden hacerse con una edición original del libro a partir de US$ 140. Regalado, vamos.
Semillas

Intercambio nerviosas miradas
con el hombre que le vende
semillas de sandía a mi hija.

La sombra de un pájaro pasa
sobre nuestras manos.

El vendedor levanta el látigo &
se apura tras de su viejo caballo
rumbo a Beersheba.

Me ofreciste las semillas que escogí.
Ya has olvidado al hombre
el caballo
las sandías mismas &
algo invisible fue la sombra
entre el vendedor & mí mismo.

Acepto tu don aquí
sobre el camino seco.
Alargo la mano para recibir
tu bendición.

24 de abril de 2009

No pero sí

Otro poema de Idea Vilariño la mar de chulo. Esta tía me gusta cada día más.
Decir no
decir no
atarme al mástil
pero
deseando que el viento lo voltee
que la sirena suba y con los dientes
corte las cuerdas y me arrastre al fondo
diciendo no no no
pero siguiéndola.

23 de abril de 2009

Breve ejercicio espiritual para los que estén hasta los mismísimos del Día del Libro

Dado este magnífico ejemplo de convivencia entre artes tan dispares como la fotografía y la poesía, responder en menos de cinco segundos qué me gusta más, la foto o el poema.

Pista: Yoko Ono no mola.

22 de abril de 2009

Aun después que yo haya muerto y ya no pueda oírlos

Otro poeta de medio pelo que, al igual que Yevtushenko, triunfó, es Amy Lowell. Lowell no escribió grandes poemas. De hecho, alguno de los que he leído ni siquiera tienen un pase. Parecen sacados directamente de una antología de poesía joven latinoamericana. Lo peor, vamos. Pero la señora fue todo un personaje.

Lesbiana sin complejos (a principios del siglo XX), adinerada, gorda y con una mala hostia que hacía que en su casa volaran las sartenes un día sí y otro día también, se dedicó a arrear sopapos a diestro y siniestro, y no tuvo reparos en, brazos en jarras, soltarle cuatro frescas al mismísimo Ezra Pound. Con un par de ovarios. Yo, de haberla conocido, me habría mantenido a distancia. Por si las moscas.

Escribió esto (completo aquí):
Mientras estoy aquí sentada en la quieta noche de verano,
de pronto, en la lejana carretera, se oye
el rechinar y el acelerar de un tranvía eléctrico.
Y, más lejos todavía,
el fuerte resoplar de una máquina,
seguido del desagarrado arrastrar de un tren de carga cambiando de vía.
Estos son los ruidos que hacen los hombres
en el largo ajetreo de la vida.
Seguirán haciendo siempre estos ruidos,
aun después que yo haya muerto y ya no pueda oírlos.

Sin embargo, y a pesar de que, como puede observarse, dejó sentado por escrito que cuando ella muriera, ya nada más podría oír, algunos no se tomaron demasiado en serio sus palabras. Entre ellos, los miembros del jurado del premio Pulitzer (compuesto probablemente por unos cuantos hombrecillos asustadizos) que, temiendo que Lowell no estuviera muerta del todo, se levantara de su tumba y fuera, más gorda e iracunda que nunca, a aplastarles a todos bajo una sola de sus tetas, decidieron otorgarle el premio a título póstumo. Cobardes, sí; pero vivos. Sabia gente.

Malos poetas con buena estrella

Yevgeny Yevtushenko es, sin duda alguna, el único poeta del mundo capaz de escribir en dos idiomas completamente ajenos el uno del otro (ruso y español), hacerlo rematadamente mal en ambos y salir en la portada de la revista Time enseñando el pajarito.

21 de abril de 2009

Bajo las alas hay un hombre

Joaquín, uno de esos lectores de El Sindicato que creen que su país (sea este el que sea) está siempre subrrepresentado en el blog, me pone sobre la pista de la poeta Marosa Di Giorgio. Y lo cierto es que el contacto con esta poesía me ha supuesto un pequeño shock por lo que de original tiene. Por lo rara que es. Como si nos hubiéramos ido de fiesta y se nos hubiera ido la mano con el LSD.

Y es que Di Giorgio hace cosas muy extrañas y, al mismo tiempo, muy sugerentes. A mí, a ratos me flipa. Marisa Avigliano describe así su particular visión de la escritura:
"Perdida en el límite imposible de sueño y realidad, su poesía avanza enjoyando de rocío un bestiario nunca dicho, una pasión ilusoria, una torre que se inclina con tanta furia que logra arrastrar al cielo".

Bueno, pues algo así. Yo, por añadir algo, diría que lo mejor que hace Di Giorgio es moverse por el borde del abismo: si conservas el equilibrio, bordas una obra acojonante; si te caes, el hostiazo es de mil pares de cojones.

Un poema de Di Giorgio que representa bastante bien su trabajo y que a mí me encanta (aquí más).
Bajó una mariposa a un lugar oscuro; al parecer, de
hermosos colores; no se distinguía bien. La niña más chica
creyó que era una muñeca rarísima y la pidió; los otros
niños dijeron: -Bajo las alas hay un hombre.
Yo dije: -Sí, su cuerpo parece un hombrecito.
Pero, ellos aclararon que era un hombre de tamaño natural.
Me arrodillé y vi. Era verdad lo que decían los niños. ¿Cómo
cabía un hombre de tamaño normal bajo las alitas?
Llamamos a un vecino. Trajo una pinza. Sacó las alas. Y un
hombre alto se irguió y se marchó.
Y esto que parece casi increíble, luego fue pintado
prodigiosamente en una caja.

20 de abril de 2009

Poesía de ficción

La semana pasada estuve documentándome para una cosilla que tengo que escribir y, con la cosa del internet, en cuatro horas hice el trabajo que hace doce o quince años realizaba en una semana o dos. O más todavía: accedí a materiales a los que, por mucho que hubiera buscado por medios pre-internet, jamás habría encontrado. Sin ir más lejos, un montón de vídeos en YouTube.

He de reconocer que yo era de los que, en mis tiempos mozos, me documentaba un huevo. Ahora, paso más de todo y me voy inventando las cosas por el camino. Con tal de que no chirríen demasiado, da igual. Suele colar. Luego, cuando un periodista te pregunta "¿cuánto hay de realidad en su novela, joven?", tú juras y perjuras que todo es cierto al cien por cien. Por regla general, al periodista también se la suda lo que le respondas, así que aquí paz y arriba gloria.

Hablamos de novelas, ojo. Cuando se trata de una novela, hay lectores que toleran bien que te inventes cosas. Otros no. Y allá ellos. Lo bueno de la novela es que tú escribes lo que te sale del nabo y al que le guste, bien, y al que no, también.

Pero, ¿y qué pasa con la poesía? Pues es algo a lo que he estado atento desde hace ya mucho tiempo. Y mi conclusión es que, más veces de las que nos creemos, existe la poesía de ficción. Es decir, la poesía en la que el poeta se inventa, como hace el novelista, lo que pone sobre el papel. Y no me refiero a los poetas de la experiencia. Esos de "Salgo a la ventana / veo que ha comenzado a llover / y me entran ganas de hacerme una paja / oh maravillosa turgencia de tus senos incandescentes".

No, me refiero a poetas de sensaciones, de reflexiones, de interioridades y cosas por el estilo. La gente, amigos, se inventa sentimientos. Así, como lo cuento. Y escribe poemas a partir de ellos. Yo mismo lo hago. Piensas en algo y sientes algo que podrías sentir pero que, en realidad, no sientes. Y lo escribes. Lo cual, dicho sea de paso, es de puta madre, porque eso de estar sintiendo cosas superintensas todo el santo rato debe ser un coñazo.

Todo esto, y acabo, jode mucho a los partidarios de la mística de la Poesía. Esos que piensan que el poeta vive ensimismado en un interioridad tan rica como intensa. Y no. Los poetas, me temo, son, mirados de cerca, la cosa más corriente del mundo. Lo cual no evita que merezcamos vivir todos en grandiosas mansiones mantenidas por el Estado y sin tener que pagar impuestos.

Dejo un poema de Nelly Sachs y una pregunta de examen: ¿Son propios de Sachs los sentimientos que expresa en el poema o los ha tomado prestados de forma indirecta de algo que vio o de alguien con quien tuvo relación? Tienen media hora para contestar. Máximo, treinta líneas a doble espacio. Suerte.
Lenguas saladas del mar
lamen las perlas de nuestra enfermedad-
La rosa en el horizonte,
no del polvo,
sino de la noche,
se hunde en tu nacimiento-
Aquí en la arena
tu negra cifra
recubierta de tiempo
crece como cabello
todavía en la muerte-

18 de abril de 2009

El poeta, ese obrero incansable

A través del blog de Jorge, llego a una entrevista realizada al cansino Joan Margarit donde, una vez más, dice la primera sandez que se le pasa por la cabeza y la dice con la alegría del que cree estar regalándonos una verdad universal. ¿Que no? Al loro. Dice Margarit:
El poeta debe ser poeta y luego debe trabajar enormemente para lograr escribir un poema.

Muy bien. Esto, ¿dónde lo pone? Porque yo he mirado en la Enciclopedia Galáctica del Poeta Amateur y Profesional y no me viene. Ni por la T de trabajar enormemente ni por la L de lograr escribir un poema.

Margarit se lo inventa todo. O da por hecho que su experiencia es extensible a todos los planetas y exoplanetas conocidos. Y no. Aquí cada cual es de su padre y de su madre y escribe como quiere o como puede. Lo cual, además, es independiente por completo de los resultados. De hecho, y con esto rebato brillantemente la teoría de Margarit, muchos poetas han escrito poemas acojonantemente buenos sin apenas esfuerzo y muchos otros poetas se han dejado las pestañas durante decenios para no escribir ni un solo verso bueno (el propio Margarit, sin ir más lejos). Así que aquí no hay ecuaciones. No hay reglas. Esto va de que cada cual hace lo que le parece y luego los resultados son los que son.

Ya está. ¿Siguiente gilipollez?

17 de abril de 2009

Liviano pájaro de luz

A través de Santiago, un lector de El Sindicato, he llegado a Idea Vilariño, una poeta uruguaya que, como denuncia el propio Santiago, vive en una residencia de ancianos sin que nadie se acuerde de ella. Deben estar esperando a que se muera. Luego, todo serán honores. Y lo serán, porque esta señora escribe de putísima madre. Acojonante, en serio. Y está viva.
Buscamos
cada noche
con esfuerzo
entre tierras pesadas y asfixiantes
ese liviano pájaro de luz
que arde y se nos escapa
en un gemido.

Hay muchos más poemas aquí. Léetelos, ahora que puedes.

13 de abril de 2009

Poemas para perros medio tontos

Dentro del club de las poetas depresivas norteamericanas, a Jane Kenyon le dio por el rollo místico: creo que era católica (aunque no estoy demasiado seguro) y parece ser que el autoengaño religioso le sirvió para ir tirando hasta que una leucemia la mandó para el otro barrio. Si de vivir vidas estúpidas se trata, no soy el más apropiado para levantar la voz, pero lo de Kenyon me parece especialmente absurdo. La religión es la más cobarde de las resignaciones.

Sin embargo, escribió algunos poemas interesantes. Al menos, si no interesantes en sí mismos, sí interesantes en tanto en cuanto el punto de vista aportado es realmente original. Este es uno de ellos (aquí en inglés). Lo he traducido yo y, como era facilito, me ha servido para que me sienta un poco satisfecho de sí mismo. O, a lo mejor, ha sido cosa de Dios que, poniéndolo en mi camino, ha hecho en mí maravillas. Los caminos del Señor son inescrutables.
Galleta

El perro ha limpiado su tazón
y su recompensa es una galleta
que pongo en su boca
como un sacerdote ofrece la hostia.

¡No puedo soportar su rostro confiado!
Él pide pan, espera
pan y, si quisiera,
bien podría darle una piedra.

10 de abril de 2009

El niño que corre por el musgo frío y rápido

Una cosa que me ha gustado la hostia. Roberto Branly, un auténtico desconocido del que Google apenas sabe dos cosillas. Bien, pues aquí hay tres poemas. Desiguales, pero con estrofas tan pelopúnticas como estas:
Dentro, el niño incierto y frágil
teme todos sus demonios infantiles
en cada urdida sombra, en cada
rama que divide la quietud oscura y simple.

Y el niño corre por el muro
húmedo de sueños, corre por el musgo
frío y rápido, corre en la mitad de su caída,
en el salto de su angustia solitaria;
corre aún en su caída hacia el centro
de la tenebrosa y blanda noche.

9 de abril de 2009

Tatuajes literarios

El proceso de realizarse un tatuaje cubre dos etapas. Primera: tomar la decisión de realizarse un tatuaje. Segunda: Preguntarse seriamente qué carajo tatuarse.

No es coña. La gente sabe que quiere llevar un tatuaje pero no tiene la más remota idea de por qué y, menos aún, de qué. No hay más que echar un vistazo rápido alrededor de uno: ves a individuos que llevan tatuajes para los que tienen una explicación más o menos vaga, y casi siempre estrambótica (por no decir que inventada): que si esto en chino significa "paz entre todos los hombres del mundo", que si este es el símbolo celta de la bienaventuranza, que si el tribal que llevo facilita la circulación de la energía interior, etc.

La gente se tatúa en la piel dibujos que nunca pegaría en la parte trasera de su vehículo.

Todo esto para decir que les recomiendo echar un vistazo (si no tienen nada mejor que hacer o están en horario laboral) a un blog que sigo puntualmente desde hace tiempo: Contrariwise y que va sobre gente que se realiza tatuajes literarios. Hay cosas verdaderamente chulas. Hurguen, hurguen, que es gratis. Sí, hay gente capaz de tatuarse versos de Walt Whitman, Emily Dickinson, T.S. Eliot o Charles Bukowski. Gente con fundamento.

8 de abril de 2009

Ya os lo advertí. Y no me hicisteis caso

En 1995, a Philip Levine le dieron el Premio Pulitzer de poesía y fue entrevistado por el diario El País. Por aquel entonces, Bill Clinton era el presidente de los EEUU y aún no había hecho acto de presencia el lunático que le sucedería en el cargo. Pero Levine ya se barruntaba que las cosas podían ir a peor. Que, de hecho, estaban yendo a peor. Decía en 1995:
"Los americanos están encantados de tener un líder cristiano que les abandere. Quieren devolver América al fascismo".

No se puede evitar leer el artículo con cierta sonrisa amarga en los labios: Levine acertó en todas y cada una de sus previsiones.

Personalmente, no soy devoto de su poesía ni de los que escriben como él. El poeta del proletariado se le ha llegado a denominar. Lo cual me aterra porque no creo en absoluto en la poesía puesta al servicio de ningún fin. De ninguno. Por supuesto, tampoco de aquellos que yo considero nobles. La poesía solo debe emocionar, seas tú el poeta del proletariado o el poeta del Ku Klux Klan.

Por cierto, Philip Levine conocía bien España y a los poetas hispanoamericanos. Aquí dejo un poema (muy poco interesante) que escribió en los años sesenta. No capto la poesía que pueda haber en él, pero a lo mejor es que yo tengo muy poco de proletario. Va a ser eso.

6 de abril de 2009

Soy el hombre agachado detrás de un arbusto

Los poetas minimalistas norteamericanos tienen un punto que o lo pillas o no lo pillas. Sin medias tintas. Sin atajos. Es bastante difícil de aprehender, pero cuando caes en la cuenta, ya nada es lo mismo.

El jefe de todos los minimalistas es, desde luego, Raymond Carver. Y a pueblos de distancia va el resto. Entre los cuales, por cierto, hay más de un impostor. Es lo que tiene el minimalismo: que cualquiera con un pelín de malicia, puede hacerse pasar por gran autor durante décadas y nadie darse cuenta. Total, tampoco hay demasiada gente mirando.

Uno de estos autores (de los que van al rebufo de Carver, no de los impostores) es Stephen Dunn. Dejo un poema ya traducido (no sé por quién, lo siento; aunque yo he hecho retoques). Aparece en la antología Poesía minimalista norteamericana (Los libros de Orfeo, Buenos Aires, 1996). Aquí en inglés.
El violador

Soy el hombre agachado detrás de un arbusto
que se sienta a su escritorio.
Jamás me atraparán. Todas mis víctimas
tienen una manera de desaparecer.
No importa qué sexo tengas,
serás el próximo.
Te sentarás junto a mí
en un concierto interpretado en el bosque.
Si te mirara en el metro,
no desviarías los ojos.
Nadie corre nunca. Soy pequeño, engañoso
como este poema
que ya está dentro de ti.

4 de abril de 2009

All i need is money

Hoy les dejo un artículo (en inglés) que quizás a alguno pueda interesarle. Viene a cuento de aquella (pobre) intervención de la poeta Elizabeth Alexander en la toma de posesión de Obama y aborda un asunto jodido: ¿Puede la plata arruinar la creatividad? Dicho de otra forma: ¿Se crea mejor siendo pobre?

Por desgracia, no me veo en la tesitura de dar respuestas concluyentes al tema porque yo soy, he sido siempre y (me temo) será hasta los restos, más pobre que las ratas. Por eso, el único punto de vista que puedo aportar es el de ser creativo desde la escasez. No obstante, me ofrezco como conejillo de indias para que alguien, a modo experimental si se quiere, me haga millonario y me ponga a escribir desde la más insolente de las riquezas. ¿Variaría algo la calidad de mis escritos? ¿A mejor? ¿A peor? Quién sabe. Nos iremos todos al agujero sin salir de dudas. Me temo.

El artículo, sin embargo, dice algo que pienso que es cierto. Se aplica, obviamente, a los EEUU, pero es razonable aplicarlo a España (y, en menor medida, a algunos de los países hispanoamericanos más o menos ricos): "There is too much money in poetry". Hay mucha plata en la poesía. También dice que "It offers poor or mediocre poets too many opportunities to write and publish" ("se ofrece a malos o mediocres poetas demasiadas oportunidades de escribir y publicar").

Es decir, que la pléyade de becas, premios, premiecillos, conferencias, charlas, talleres, etc., han creado toda una casta de poetas (la mayor parte de ellos de mediocres para abajo) que vive de la poesía. Y eso es malo. Es malo porque la decisión sobre qué es bueno y qué es malo queda en manos de quienes, sin tener ni puta idea de qué es bueno y qué es malo, tienen tiempo de sobra para opinar lo que les salga de las gónadas. Y así nos va.

3 de abril de 2009

Alas para elevarse sobre la apestosa selva

Buscando información sobre el poeta Bruce Weigl (el típico estadounidense al que con dieciocho años envían a la guerra de Vietnam y al que la guerra le rota el eje vital de tal forma que jamás vuelve a ser el mismo), llego a una revista académica llamada "Atlantis" y que publica la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid. Bendita sea la capacidad de Google para indexar ¡documentos escaneados! Acojonado te quedas, oye.

Bueno, pues leyendo, leyendo, en un artículo (PDF) de María Elena Sánchez en el que se cita a Weigl, se afirma una cosa que yo no sabía y que viene a ser lo siguiente: al parecer, si bien todos los productos culturales generados tras la guerra de Vietnam en los EEUU (cine, narrativa, arte, etc.) narran siempre desde el punto de vista estadounidense y asignan a los vietnamitas el papel de los otros (en el mejor de los casos), en poesía se hizo exactamente lo contrario. Weigl es un ejemplo de ello. De la guerra regresó vivo, pero tan hecho polvo que se sentía una mierda pinchada en un palo. Vamos, el típico veterano que sale en las pelis: nadie es capaz de comprender o de imaginar la verdadera dimensión del horror que ha experimentado. Pero Weigl hizo algo que, en sus palabras, le salvó: se puso a escribir poemas. Por supuesto, monotemáticos: Vietnam y napalm por un tubo. Un pelma más, sí.

Dice el artículo de María Elena Sánchez:
En líneas generales, la narrativa de Vietnam se ha concentrado, sobre todo, en la tragedia norteamericana y ha dejado de lado los sentimientos de los vietnamitas. La misma tendencia ha caracterizado al cine. La poesía, por el contrario, se centra en el pueblo vietnamita. Escritores como Jan Barry, Walter MacDonald, Basil Paquet, John Balaban y Bruce Weigl, son percibidos por el sistema (un sistema que también se ha encargado de desalentar numerosas iniciativas encaminadas a ayudar al pueblo asiático) como una presencia embarazosa en la literatura de guerra.

O sea, que todos estos poetas se dedicaban a tocarle los huevos al sistema. No sólo habían perdido la guerra: encima tenían a sus propios poetas del lado de los vietnamitas. Para que te fíes tú de los juntaversos.

Aquí hay un poema en inglés de Bruce Weigl. Se titula Song of Napalm, está referido a alguien muy parecido a esta persona (si no es directamente a ella) y, al leerlo, uno se da cuenta de por qué Weigl y los suyos eran considerados como "presencias embarazosas". Un fragmento:
I try to imagine she runs down the road and wings
Beat inside her until she rises
Above the stinking jungle and her pain
Eases, and your pain, and mine.

Traducido por mí:

Trato de imaginar que corre por el camino y alas
Se agitan en su interior hasta que se eleva
Por encima de la apestosa selva y su dolor
Mengua, y tu dolor, y el mío.

2 de abril de 2009

Un vistazo en lo real

夢ぢには
あしもやすめず
かよへども
うつつにひとめ
見しごとはあらず

Aunque a ti voy sin cesar
a lo largo de caminos soñados,
la suma de esos encuentros
es inferior a un solo vistazo
concedido en el mundo despierto.

Ono no Komachi.

Vale, vale, no lo he traducido directamente del japonés (más quisiera yo). Lo he visto aquí. Laura D decidió escribírselo en la espalda. O se lo escribieron, más bien. Eso es amor.

28 de marzo de 2009

Oración para borrachos

Exceptuando a Charles Bukowski, no conozco ningún escritor al que la bebida le haya ayudado a escribir mejor. Lo normal es que el alcohol te anule para cualquier cosa útil. Me refiero al hecho de beber en firme. Con premeditación y alevosía.

Uno de estos que se perdió por el camino fue Malcolm Lowry. Bebía tanto, que al final el alcohol se convirtió en su único tema literario. Total, lo tenía delante de las narices...

A mí Lowry no me gusta mucho. Es demasiado obvio, demasiado previsible. Demasiado borracho. Como si la priva le hubiera embotado el talento. Digo esto porque, a ratos, se atisba el gran escritor que quizás pudo ser.

Este poema se titula Oración para borrachos y está traducido por Mariano Antolín Rato (si te gusta, hay más aquí):
Dios da bebida a esos borrachos que se despiertan al amanecer
Farfullando sobre las rodillas de Belcebú, totalmente destrozados,
Cuando una vez más espían a través de las ventanas
Acechando, el terrible puente cortado del día.

27 de marzo de 2009

Todos los moros e las moras de fuera los manda echar

O sea, yo estoy tan ricamente en mi casa pensando si freírme unos huevos o bajarme al bar a por un paquete de Marlboro. Entonces, de la forma más tonta y sin venir a cuento, siento como una revelación: "Anda que igual el Cantar de Mío Cid lo escribió un sarraceno...". Pero así, como lo digo. Epifánicamente. Se me viene a la cabeza porque hoy es viernes y ha salido el sol.

Y ni huevos fritos, ni cajetilla de Marlboro, ni hostias en vinagre. Me abalanzo tembloroso sobre mi biblioteca, agarro un ejemplar del Cantar, releo nerviosamente y confirmo mis sospechas: "¡Esto ha salido de la mente de un árabe!". Si es que está claro. Claro como la luz del día. Lo estoy viendo con mis propios ojos. Con esos que han de comerse los gusanos. Qué digo viéndolo: ¡Lo siento en las yemas de mis dedos como calambre que brazo arriba hormiguea!

Y dejo que el libro caiga teatralmente sobre la alfombra. Qué menos, tras lo que acaba de sucederme.

Ahora, una vez obtenida por procedimiento epifánico mi categórica aseveración, tengo que demostrarla. Esto, en investigación científica, se hace mucho: primero decides qué te va a salir en un experimento y luego lo pones en práctica haciendo todo lo posible para que te salga. Y, por lo general, sale.

Bien, ¿y cómo demuestro yo mi hipótesis? Fácil. Elucubrando a lo chorra. Total, de un original de ochocientos años de antigüedad puedes decir lo que te salga de la entrepierna, que difícilmente alguien te lo va a discutir. Primero, porque es sumamente difícil. Y segundo, porque, ¿a quién carajo le importa?

Así que voy elucubrando y elucubrando. Que si el Cid era más listo de lo que creíamos y que estaba muy viajado, que si por fuerza aquello se escribió en un ambiente de libertad, que si patatín, que si patatán. Me lo invento todo, de cabo a rabo.

Y luego voy, escribo un bonito libro, lo presento en público y salgo en el periódico.

¿Que no se puede? Ya lo creo que se puede.

Sin más enemigo que yo

Hace dos semanas murió Blanca Varela y como me niego en redondo a ir con el rebaño (sobre todo cuando elogiar a ese que hoy, recién diñado, te pone las endorfinas a cien mientras que ayer, cuando todavía respiraba, lo ignorabas con la suficiencia que únicamente los imbéciles son capaces de exhibir), dejé pasar el momento.

Pero Varela bien se merece un apunte. Porque la tía escribía de puta madre. Mucho mejor que toda la chusma de su generación, desde luego. Y, además, con coherencia y saber estar.

Escribía cosas como esta (muchos más poemas, aquí):
Un poema
como una gran batalla
me arroja en esta arena
sin más enemigo que yo

yo
y el gran aire de las palabras

26 de marzo de 2009

Hombres, hoy no es ese día

Cynewulf, poeta anglosajón cuya identidad exacta se desconoce (aunque se cree que fue un obispo que vivió en el siglo VIII), escribió unos cuantos miles de versos en inglés antiguo de los que rescataremos dos y sólo dos. Estos:
Eala Earendel engla beorhtast.
Ofer middangeard monnum sended.

Que traducido al español moderno quiere decir:

Salve, Earendel, el más brillante de los ángeles.
Enviado a los hombres sobre la media tierra.

Los versos no tendrían mayor importancia (aunque he de confesar que toda la literatura cristiana me parece fabulosa; fabulosa, además, de la manera en la que sólo los ateos radicales como yo podemos percibirla) si no fuera porque llamaron la atención de un joven escritor de veintidós años que luego, a cuenta de ellos, acabaría liándola parda.

El escritor, un muchacho que vivía seducido por la atmósfera que el inglés antiguo transmitía, fue, poco a poco, incubando todo el magma contenido en esos dos únicos versos, en ese verso en que se narra cómo el más brillante de los ángeles es enviado a los hombres que habitan la media tierra.

El tipo se llamaba J.R.R. Tolkien y, entre ponte bien y estate quieta, acabaría por escribir El señor de los anillos. Una historia de hombres y de seres extraordinarios en la Tierra Media. Una de las sagas más impresionantes de la literatura universal a partir de sólo dos versos escritos hace más de mil años. ¿Alguien da más?

25 de marzo de 2009

Ern Malley, el poeta que nunca existió

Uno de los poetas más influyentes de la poesía australiana de la segunda mitad del siglo XX fue Ern Malley. Lo cual no es nada del otro mundo, porque dado el sistema de jerarquías sociales y sus entramados correspondientes en el que nos imbricamos los humanos, siempre alguien influye sobre alguien. Alguien es más guapo que alguien, alguien es más listo que alguien, el macho alfa se tira a todas las hembras de la manada, etc. Abran un libro y lean sobre el asunto, que no les vendrá mal.

Sin embargo, el caso de Ern Malley es un tanto peculiar porque Ern Malley nunca existió. Posiblemente, sea el poeta inexistente más famoso y reputado de la historia. La culpa de todo el engaño la tuvieron dos tipos que fueron más listos que un tercero. Ya he advertido en el párrafo anterior (lo recuerdo por si ustedes pertenecen al segundo grupo) que alguien siempre es más listo que alguien. O más ingenioso. O más caradura.

Esos dos tipos listos fueron James McAuley y Harold Stewart y el tío al que se la colaron se llamaba Max Harris. Resulta que Harris tenía una revista de poesía e iba de enterado por la vida. De culto. De semidios. De gurú de la letra impresa. ¿Conocen un poco el panorama literario de nuestros días? Pues más o menos igual. Hay cosas que nunca cambian. Ni en el tiempo ni en el espacio.

McAuley y Stewart estaban tan lejos del peso intelectual de Harris como yo de Jennifer Aniston, pero, a diferencia del resto de gente, ellos tenían algo de lo que los demás carecían: talento. Sí, eso cuyo inmediato reconocimiento distingue a los listos de los demás.

Harris, sentado tras la mesa de su despacho, era un hombre que desde muy joven se había hecho con una reputación importante dentro del ambiente literario australiano. Partidario del modernismo, del surrealismo y de media docena más de estupideces terminadas en ismo, encontró la horma de su zapato cuando McAuley y Stewart se sacaron de la manga un escritor, Ern Malley, para, acto seguido, matarlo sin demasiados escrúpulos. Hicieron que pareciera un accidente. Para que no quedaran pruebas. Luego, escribieron diecisiete poemas (toda su obra) y se los enviaron a Harris bajo el título de The Darkening Ecliptic. En realidad, el envío lo hacía la hermana de Malley, obviamente también inventada. Que a ver qué le parecía lo de su hermano. Que tenía las cuartillas por casa y que no sabía qué hacer con ellas. Que si valían algo.

Harris, al leer el material, tuvo tal erección que necesitó caminar descalzo sobre baldosas frías durante dos horas para que el asunto volviera a su estado natural. Pensó que estaba ante un poeta de la altura de W. H. Auden o de Dylan Thomas. Y de ahí, para arriba. En otoño de 1944, publicó el libro de Malley. No cabía en sí de orgullo y satisfacción. Aquello era lo mejor que le podía haber sucedido.

McAuley y Stewart, cumplido su objetivo, revelaron la verdad. Malley no existía y aquellos poemas se los habían inventado ellos. Harris, estupefacto, se enrocó en su posición: fuera quien fuera su autor, aquellos poemas eran magníficos y, por lo tanto, McAuley y Stewart dos poetas grandes como montañas. Habían escrito The Darkening Ecliptic en una sola tarde, entre cerveza y cerveza y medio en broma, pero, ¿y qué? Si eran buenos, eran buenos. Si era poesía de la de verdad, lo era.

El debate duró veinte años. Que se dice pronto. Porque, ¿qué hace que un poema sea bueno? ¿Qué lo diferencia de uno malo? Y, sobre todo, la pregunta del millón de dólares: ¿Puede ser estéticamente conmovedor, puede llegar a removernos las entrañas como nada lo había hecho antes, algo que en modo alguno ha sido concebido con tal fin? ¿Puede el engaño ser arte? Quien sepa la respuesta, que dé un paso al frente.

No sé si un poco hijoputamente, unos versos del primer poema de The Darkening Ecliptic dicen:
I had read in books that art is not easy
But no one warned that the mind repeats
In its ignorance the vision of others. I am still
The black swan of trespass on alien waters.

Traducido por servidor:


Yo había leído en los libros que el arte no es fácil
Pero nadie advirtió que la mente repite
En su ignorancia, la visión de los demás. Todavía soy
El cisne negro que invade aguas extrañas.

24 de marzo de 2009

De tal palo, tal astilla

Hoy, a la hora de comer, he asistido a la incineración de un amigo y me he reafirmado en lo que ya sé hace tiempo: que esta vida es una hija de puta que, si bien se ensaña con cualquiera, suele elegir a los mejores para clavarle los dientes. Y como te clave los dientes, date por jodido porque ya no te suelta.

Algo así debe haberle sucedido al hijo de Sylvia Plath, que la semana pasada se suicidó a los 47 años de edad, 46 años después de que su madre metiera la cabeza en el horno de la cocina de su casa y girara la espita del gas. Dice la noticia que
"cuando Nicholas Hughes tenía poco más de 20 años, su padre, el poeta Ted Hughes, le aconsejó acerca de la importancia de vivir con valentía" [completo aquí].

Hughes padre era partidario de echarle agallas a la vida. De no tener jamás miedo a ser humillado o herido. Vivir sin valentía es no vivir. Es dejar que todo suceda y que tú, tonto de ti, te conviertas en un simple espectador de tu propio devenir.

Yo, hoy, opino como el cabrón de Ted Hughes.

23 de marzo de 2009

Tiran más dos tetas que dos cuartetas

Sinceramente, no veo qué interés tiene a estas alturas de la película, publicar un estudio acerca de la homosexualidad de Federico García Lorca. Sí, era gay, ¿qué pasa? Sí, lo pasó mal por su condición de gay en un mundo de heterosexuales intransigentes. Sí, incluso puede que una de las razones de peso para que lo fusilaran fuera que le iban los tíos.

¿Y?

¿Importa algo? ¿Es determinante en su literatura, que es lo que, en definitiva, cuenta a día de hoy? Pues me temo que no. Ian Gibson puede decir que sí, pero a mí me da que no. No, al menos, en mayor medida que cualquier otro tipo de circunstancias personales influyen en la obra de un autor determinado.

Ah, tenemos un descubrimiento. Acabáramos. Hay novedades. Novedades muy jugosas. Atención al dato, que es de traca: Lorca era gay, pero puede que no todo lo gay que a un gay hecho y derecho puede y debe exigírsele.

Resulta que una vez, cuando Fede tenía dieciocho tacos, fue a tomar las aguas a un balneario donde se fijó en una muchachita de quince años. Se fijó en ella, le llamó la atención, le atrajo de alguna manera más o menos espiritual. No se la llevó detrás de unos arbustos y fornicaron hasta quedar exhaustos. No, no hicieron eso. Lorca era un muchacho gay de buena cuna, pero no era gilipollas. Se topó con una muchacha guapa y graciosa y le llamó la atención. Ya está. No es incompatible.

Y a todo esto, los estudiosos y los eruditos le llamamos sexualidad compleja.

A ver. Serenémonos. A veces se sobreinterpreta a algunos autores. Pasó con Franz Kafka, al que ahora andan desinterpretando: ni era tan obsesivo como nos dijeron, ni tan infeliz, ni tan tristón. Pero de algo tienen que vivir los estudiosos, ¿no?

En fin, dejo aquí una estrofa que me gusta del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (completo aquí):
No te conoce el lomo de la piedra,
ni el rasgo negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

Lo del "te has muerto para siempre" a mí siempre me pareció genial.

21 de marzo de 2009

La venganza es un plato que se sirve frío

Gus Nielsen me ha contado que el mejor libro de Sharon Olds es El padre (1992). Resulta que Olds fue abandonada por su padre cuando era niña. Muchísimo más tarde, cuando Olds es una señora hecha y derecha, el padre desaparecido en la niñez, reaparece. Tiene un cáncer terminal y ruega a su Sharon que cuide de él. Es muy duro morirse de cáncer y más duro aún hacerlo en soledad. Total, que Olds no sabe qué hacer. Malditas las ganas que tiene de cuidar de aquel cabrón que la abandonó de niña. Pero él insiste e insiste y ella no sabe decir que no.

Sin embargo, urde una venganza. Algo terrorífico, cruel y perfecto. Escribiría un poema rabioso cada día con y contra aquel despojo miserable tendido en la cama. No se callaría nada. Contaría todos los detalles. Para que quedara constancia. Para que quedara constancia para siempre. Y quedó.

Un fragmento del poema titulado Su olor (completo aquí).
Después de su último aliento, yacía ahí,
tendido de costado, inmóvil,
sin respirar, sin proferir sonido,
pero su olor era el mismo, ese olor viciado
fresco industrial doméstico varonil,
oscuro, reflejando puntos de luz.
Alguna vez pensé que al final
sería una palabra, una mirada, la presión
de su mano. Nunca, que él moriría
y yo, después, me inclinaría para olerlo,
respirándolo como se respira el aire,
profundamente, antes de partir hacia el exilio.

20 de marzo de 2009

Besotes

Al hilo de lo que escribía yo el otro día sobre las palabras poéticas y su carga cancerígena (o su ausencia de ella) me he acordado del Diccionario del argentino exquisito de Adolfo Bioy Casares, el cual, a cuento de los intentos que algunas personas realizaban para recauchutar términos, decía:
"El afán de mucha gente por expresarse con mayor finura y corrección que los demás usando palabras solemnes, más que ridículo o pedante, resulta nefasto. Atribuimos los infortunios de este mundo a los grandes malvados porque subestimamos la estupidez".

Cuánta razón. Cuánta sabiduría. Ya sé que no me van a creer y que van a pensar que esto no es sino una boutade mía, pero yo, que no soporto el fútbol, suelo escuchar muchos partidos por la radio (tengo un receptor en la cocina de casa y yo paso mucho tiempo allí) sólo por el placer que me supone escuchar a los locutores deportivos: no hay gente, en cuanto al uso del lenguaje se refiere, tan cretina, tan paleta y, al tiempo (y a consecuencia de ello) tan decididamente maravillosa como los comentaristas del deporte rey.

Pero yo hoy iba a Bioy y a su Diccionario. Va un ejemplo estupendo extraído de él. Que, por cierto, el Diccionario será argentino, pero en lo referente a este término, su uso es perfectamente aplicable al español de España:
BESOTE: Palabra de mujeres refinadas, pertenecientes a círculos muy exclusivos; por lo general se emplea por teléfono, en el momento de la despedida: "Bueno, un besote enorme".

No seré yo quien ose corregir y aumentar al gran Bioy, pero en los últimos tiempos, entre las burguesas españolas se ha puesto de moda una variante de besote, aún, si cabe, más terrorífica: besito. "Bueno, un besito".

19 de marzo de 2009

Mentirosos compulsivos

Hace no mucho, El coloso de Francisco de Goya dejó de ser un goya. Resulta que tras una barbaridad de años atribuyéndosele la autoría, ahora los expertos dicen que no, que no lo pintó él, sino uno de sus discípulos. Si nunca te has parado a contemplar extasiado la belleza de El coloso, el asunto no deja de ser una anécdota, pero, ¿qué cara se le queda a todo aquel que admiró el cuadro creyéndolo un goya de pura cepa? Ya respondo yo: en general, de tonto.

A mí siempre me ha interesado mucho la relación entre la autenticidad y la falsedad. En estos tiempos que corren, incluso, podría escribir un sesudo ensayo al respecto y acudir a congresos y dar conferencias al respecto. Sobre si lo falso es auténtico y sobre si la autenticidad la define el acto creativo, sea éste falsario o no. De hecho, hay gente que lo hace. Escribe sesudos ensayos y da conferencias. Falsamente, como debe de ser: todo se lo inventan y, mientras los talones tengan fondos, que la juerga continúe. Pero ese es otro tema.

Yo quería llegar a esto: se falsifica por hambre. Ese y no otro es el motivo por el que Thomas Chatterton, poeta inglés del siglo XVIII, literalmente se inventó toda su obra (heterónimos incluidos) como si de una novela se tratara. Creo un sinfín de autores medievales, escribió las obras de cada uno de ellos y les dio vida propia: hizo que se conocieran entre sí, que se relacionaran, que se escribieran cartas, etc.

Luego, cambiaba todas esas mentiras por dinero. Y ahora, hay que reconocer, porque es de justicia, que toda la obra falsa de Chatterton es su obra auténtica. Porque todo él fue falso y la falsedad, lo único auténticamente verdadero.

Chatterton se suicidó antes de cumplir los dieciocho años. Hay un cuadro que representa ese momento. Su obra era ya grandiosa y él pasaría a ser parte de la leyenda del Romanticismo. Antes de morir, escribió esto:
Adiós, Bristol, inmunda ciudad de ladrillos.
Amantes de la riqueza, adoradores del engaño.

O sea: "Ahí os quedáis, tontos hijos de puta. Yo ya os he sacado todo lo que tenía que sacaros. Y de aquí me largo ahora mismo".

18 de marzo de 2009

Poemas de mierda

Por alguna razón misteriosa, en el mundo se realizan cada año miles de estudios socio-psicológicos dedicados a estudiar los tortuosos vericuetos de la mente humana. ¿Por qué hacemos esto y no lo contrario? No lo sabemos, pero una legión de sesudos estudiosos provenientes de las más prestigiosas universidades sobre la faz del planeta está dispuesta, con inaudita decisión, a arrojar luz sobre la ciénaga de nuestro subconsciente.

Y en estas estábamos, cuando un grupo de científicos japoneses se da cuenta de que el uso abusivo de papel higiénico está a punto de balancear hacia el abismo el frágil equilibrio del planeta y decide buscarle solución.

Se gasta mucho papel higiénico, amigos. La gente entra en el W.C., hace sus necesidades y tira de papel higiénico a lo loco. Se limpia en exceso. El estudio socio-económico-psicológico afirma que la gente usa hasta un 20% más de papel higiénico cuando hace sus necesidades fisiológicas en un lugar público que cuando las hace en su casa. Total, como es gratis...

Quiero aquí advertir que, si este blog se caracteriza por algo, es por la absoluta ausencia de ordinariez en el que lo mantiene, de manera que obviaré entrar en valoraciones personales sobre lo que un servidor de ustedes gasta dentro y fuera de su casa. Como lo que se lleva el agua cuando tiras de la cadena, dejémoslo correr.

Dicho lo cual y habida cuenta de que la lucha para salvar a las ballenas engulle casi todo el presupuesto que para causas nobles existe en el Japón, la pregunta es: ¿qué hacer? ¿Qué hacer, Dios santo, para que la gente no cague a lo loco?

Pues, amigos, la respuesta es siempre la poesía. La poesía es esa herramienta fiel que lo mismo te detiene la tala indiscriminada de la Amazonía, que te disminuye significativamente el uso de papel higiénico en los urinarios públicos japoneses.

¿Cómo? Sencillo. Se trata de enviar un mensaje poético directamente al hipotálamo del sujeto que obra. O sea, que tú estás sentado en el trono y en esos segundos tontos que utilizas para desprenderte de lo definitivamente innecesario, un subrepticio y sin embargo preciso mensaje, insertado a modo de poema a la altura de tus ojos, penetra en tu conciencia más íntima y te obliga a gastar menos papel higiénico. Es casi como la hipnosis. Sucede, pero no sabes cuáles son los mecanismos por los que sucede. ¿Por qué? Porque los poderes de la poesía son extraordinarios. Nosotros ya lo sabíamos y ahora ha quedado comprobado científicamente.

Les dejo con un poema (sabiduría japonesa en estado puro) que salvará el mundo:

Fold the paper
over and over
and over again.

Que traducido quiere decir:

Dobla el papel
una y otra
y otra vez.

¿Quién, ante tanta belleza, no se vería impelido a seguir las indicaciones del poema?

Así que ya saben: si doblan tres veces el papel higiénico antes de deshacerse de él, las focas del ártico se lo agradecerán. Es ciencia pura. Todo está conectado. No puede fallar.

17 de marzo de 2009

Desprendimiento del fémur y otros espantos

Es cierto que los periodistas siempre buscan el titular más rimbombante y que lo que uno dice en un contexto determinado, puesto en letra gorda suele resultar excesivo. Pero bueno, es lo que hay. Ferreira Gullar (poeta que no me gusta, pero del que tienen poemas en español aquí, por si quieren hurgar), en una entrevista que le han hecho, dice:
"La poesía surge del espanto".

No sabemos si mientras lo decía su actitud era esa tan solemne que se adopta cuando se va a revelar una verdad universal, un pensamiento conclusivo, una reflexión que a cualquier otra engulle y de la que todo, en adelante, podrá desprenderse.

No sabemos si era esa su actitud mientras lo decía o se estaba rascando los sobacos al tiempo que caía en la cuenta de que llevaba suelto el cordón de un zapato. A saber.

Pero me ha gustado la frase. Y me ha gustado, también, lo que a continuación, a modo de corolario, el poeta ha añadido (yo sé muy poco portugués, así que si he traducido mal, corríjaseme):
De repente, cuando se levanta de la silla, el poeta se da cuenta de que el fémur de una pierna se desliza de la pelvis. "Es de ese tipo de sorpresa de la que nace un poema".

En el original:

De repente, quando se ergue da cadeira, o poeta percebe que o fêmur de uma perna resvala no osso da bacia. "É desse tipo de surpresa que nasce um poema".

16 de marzo de 2009

Taller literario en el bazar umbrátil

Hace unos años entré en un bazar (de esos en los que venden un poco de todo a bajo precio) con la sana intención de comprar una peli porno y, al pasar junto a los estantes del material de papelería, me topé con un montoncito de libros. Entre ellos, había tres de poesía al increíble precio de cien pesetas cada uno (menos de un euro), así que no pude resistirme y los compré.

Sí, dinero tirado al retrete, pero nadie dijo que no hubiéramos venido a este valle de lágrimas a sufrir.

Pensaba dejarlo estar (si yo tuviera que estar al quite de cada mal poemario que se publica, ¿de dónde sacaría tiempo para el porno?), pero el otro día leí uno de ellos y el tonillo prepotente de su contraportada me tocó un poco los huevos, así que voy dar unos apuntes, en plan rápido, para que este o cualquier otro autor en su misma circunstancia, aprenda algo sobre poesía.

Les pongo en antecedentes: el libro se titula Sitio (Edicions del Mall, Barcelona, 1986), está escrito por el poeta canario Miguel Martinón y tiene una portada diseñada por el que sin duda es su peor enemigo. En la contraportada se nos advierte de que es "un poeta de insólitos recursos expresivos y constructivos", pero no se lo crean porque esas son cosas que siempre dicen los editores. Tampoco iban a poner: "estamos ante un poeta horrendo y a usted más le valdría dejar de sujetar este libro entre los dedos antes de que se le gangrenen". No, hay que vender el producto. Pero sin pasarse de rosca. Porque si te pasas de rosca, puedes tocarle los cojones, un montón de años después, a un gilipollas que lo único que quería era conseguir porno y que, en un momento tonto, se gastó cien pesetas en tu libro.

Miguel Martinón, que sigue publicando poemarios como si tal cosa, escribe mal. Es un mal poeta. Nada raro en este mundo que nos ha tocado vivir, pero es que este tipo es profesor de Literatura Española en la Universidad de La Laguna, participó en no sé qué revista acojonantemente importante, es estudioso de tal y de cual, etc.

Y por eso, sólo por eso, entro a este trapo: porque, ¿cómo diablos puede enseñar literatura alguien que escribe mal, mal y mal? Es como si en la facultad de medicina, la asignatura de "Teoría y práctica general de la autopsia en seres humanos" la impartiera alguien al que le dieran grima los cadáveres. Cuidado: que tratándose de la universidad española, ni siquiera descarto la posibilidad. Pero entiendo que no: si lo tuyo va sobre rajar muertos, tienes que saber de muertos, de lo que te va a salir de un muerto una vez que lo abras de arriba abajo, etc.

En el vaporoso campo de la literatura, sin embargo, esto no pasa: puedes ser un escritor horroroso y enseñar literatura. Incluso puedes no entender qué es el hecho poético, cómo se conforma un poema, qué hilos y qué tensiones convierten lo común en poético, y dar clases de literatura. Cobrando.

Y no.

El poema es un ecosistema que no se parece a ningún otro. Nada en él funciona como funciona el resto de las cosas: ni en la literatura, ni fuera de ella. Tiene reglas, pero son reglas que no se someten a nada y que, cuando interactúan entre ellas, pueden ser una cosa y la opuesta. O ambas al mismo tiempo, o ninguna. Complementarse o destruirse. Colaborar o enfrentarte.

El poema es, de alguna forma, un ecosistema darwiniano: infinidad de mutaciones aleatorias combinadas entre sí dan lugar a un rango casi infinito de posibilidades. Pero sólo a una única de esas posibilidades la llamamos Charlize Theron. ¿Me siguen?

Por explicarlo de una forma gráfica, una palabra en un poema funciona como una célula cancerígena: se torna activa, decisiva, mutable e influye de forma violenta sobre el resto de palabras que han tenido la mala suerte de encontrarse junto a ella. Una palabra en un poema no es una palabra: es una palabra y todo lo que puede ser cuando ataca al resto de palabras, al resto de frases, a la materia gris del tipo que la está leyendo.

Por eso hay grandísimos poetas que lo son sin casi darse cuenta y legiones de juntaletras que dedican media vida a levantar una obra muerta de nacimiento. Porque los primeros conocen los mecanismos mortales del cáncer y los segundos no.

Miguel Martinón es de este segundo tipo de poetas: no ha descubierto el modo de activar la carga cancerígena de las palabras. Dudo mucho de que conozca este concepto. Él se limita a ser poeta a la vieja usanza: tú miras el paisaje, en un momento tonto consideras que ese paisaje transmite una paz y una belleza de mil pares de cojones y, hala, al papel: "Yo a esto le escribo un poema como la copa de un pino". Dicho y hecho.

El caso es que escribir poemas así es una estupidez. Y el resultado se parece a un auténtico poema como mi saber hacer al de Nacho Vidal. Eso no es poesía. Es algo que remotamente se le asemeja (como mi saber hacer) pero que carece de cualquier carga poética. No hay cáncer, no hay lucha, no hay tensión, no hay bestialidad, no hay belleza, no hay piedad, no hay calma. No hay nada. Sólo unas palabras corrientes y molientes.

Les dejo con un poema de Miguel Martinón. Se titula El botón de oro que, por cierto, para los poetas cursis (no para Martinón, que mal poeta sí es, pero cursi no), es esa parte de la anatomía femenina que se encuentra sobre la flor de cálidos y turgentes pétalos.
húmeda clausura
verde resonaba

el agua cayendo
en la fuente cerca

en ámbito umbrátil
entre los helechos

oculto allí busco
ya miro aquel brillo

7 de marzo de 2009

We're on a mission from God

Mi frase preferida en The Blues Brothers es una con la que Elwood, harto de los reproches de Jake, zanja la cuestión con una sentencia lapidaria. Una frase que no admite réplica y que, en sí, es toda una declaración de principios y de intenciones.

Desde hace años, creo que yo no puedo escribir un solo verso desde otro punto de vista.

La frase con la que Elwood replica a Jake dice: "They're not gonna catch us. We're on a mission from God." O sea: "No pueden atraparnos. Estamos en misión del Señor".

Esa es la actitud. Ese es el plan.

6 de marzo de 2009

Pues no hay merecimiento en el nacer y nada justifica nuestra muerte

Francisco Brines es uno de los grandes poetas españoles vivos. Grandes según el establishment, porque a mí me aburre bastante. Su poesía es como mi Ford Mondeo de catorce años: le cuesta la hostia arrancar por las mañanas. Aquí hay muchos poemas de Brines y ustedes, si gustan, se van formando su criterio propio.

Sin embargo, a Brines no lo tengo en mala estima. O sea, que me parece un buen tipo. Que ya es mucho dentro del ámbito de la poesía en español, donde abunda en cretinismo nato.

Total, que en una entrevista que le hacen a Brines, va y dice:
Vivimos un mundo de minorías. La poesía es una gran defensa del individuo y de la individualidad del ser humano. Como se habla desde la vida y desde las emociones y tenemos parecidas alegrías y tristezas, el lector en la poesía no se busca a sí mismo sino que busca la verdad del otro. Cuando lees a alguien que puede ser incluso lo contrario que tú y, por la emoción estética, asientes al contenido, se establece algo muy importante: la tolerancia. Así, si un creyente lee un poema agnóstico y se emociona, ese creyente se hace tolerante, aunque sea por un momento. De la misma manera que si un lector ateo lee a San Juan de la Cruz, puede que no crea en la mística, pero sí creerá en el hombre que se apoya en ella.

Y estoy muy de acuerdo, sí señor. Yo siempre he dicho que hay que separar la obra en sí misma, de esa fina capa, casi transparente, que es el valor estético que la cubre. O, por decirlo con un ejemplo: que puedes ver La lista de Schindler, disfrutarla con placer estético, y no estar en absoluto de acuerdo con lo que en ella se narra (el ejemplo no es del todo bueno, porque Steven Spielberg tendría que ser nazi para que todo encajara en la teoría de Brines; y, obviamente, no lo es).

Bueno, pues hablando de ateos y de creyentes, dejo aquí un poema impío del propio Brines (de todos los suyos, uno de los que más me gustan). Quizás pueda alguien, entre los lectores de este blog, creer a pie juntillas en la Santísima Trinidad, y, a pesar de ello, gozar con estos versos.
¿Es que, acaso, estimáis que por creer
en la inmortalidad,
os tendrá que ser dada?
Es obra de la fe, del egoísmo
o la desolación.
Y si existe, no importa no haber creído en ella:
respuestas ignorantes son todas las humanas
si a la muerte interroga.

Seguid con vuestros ritos fastuosos, ofrendas a los dioses,
o grandes monumentos funerarios,
las cálidas plegarias, vuestra esperanza ciega.
O aceptad el vacío que vendrá,
en donde ni siquiera soplará un viento estéril.
Lo que habrá de venir será de todos,
pues no hay merecimiento en el nacer
y nada justifica nuestra muerte.

5 de marzo de 2009

La segunda mejor lectura posible de "El desierto", de Borges

Durante estos pasados días, he llegado a la conclusión de que la mayor parte de los lectores de este blog, leen mal los poemas. Con el riesgo que eso supone de estropearlos, estropear el blog, y echarlo todo a perder.

De manera que, a cuenta de la discusión en torno a la correcta lectura del poema El desierto de Jorge Luis Borges, Gus y yo decidimos que era momento de mostrar cómo ha de leerse correctamente poesía.

De común acuerdo, nuestra primera opción para la lectura fue Salma del Carmen Hayek, así que la llamamos. Salma estaba en el aeropuerto de Los Angeles, a puntito de tomar un vuelo para Bali, y me dijo que encantada de la vida nos haría el favor, pero que el avión se disponía a despegar y no tenía demasiado tiempo. Yo, al notar su reticencia, traté de convencerla rebajando mis expectativas: "De acuerdo, puedes hacerlo vestida". Pero Salma del Carmen, amante confesa de Borges, estaba más pendiente de la señorita de la puerta de embarque que de un servidor al otro lado del hilo telefónico. "¿Qué tal si en otro momento?", dijo finalmente. Y ahí supe que todo estaba perdido. "Te enviaré una foto en bikini desde la playa", prometió, a modo consuelo. Y colgó.

En El Sindicato, difícilmente nos arredramos ante las dificultades, de manera que pasamos al plan B: Gus agarró lo que más a mano tuvo y grabó (vestido) la segunda mejor lectura posible del poema "El desierto", de Jorge Luis Borges.

Así que aquí tienen a Gustavo Nielsen leyendo poesía como es debido. Que lo disfruten.



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Actualización:

Ana Lorenzo, una lectora un tanto quisquillosa, dice que Gus se ha saltado un silencio y, ni corta ni perezosa, ha grabado su propia versión. En cuanto a la fotografía en bikini de Salma, aún no ha llegado. Dejen de preguntar.

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