El sindicato del mono degollado
Blog más o menos desactualizado de Alber Vázquez. Para más emociones, estamos en Facebook. Ya, es que si ahora no estás ahí, no eres nadie.
9 de febrero de 2010
8 de febrero de 2010
"Mediohombre", entrevista radiofónica
El pasado viernes me entrevistaron en una radio. Haz clic aquí para escuchar la entrevista.
1 de febrero de 2010
Mis lecturas de enero
En enero he leído tres novelas. Os dejo aquí la lista y las minicríticas que he hecho, por si a alguien le interesa:
- Pruebas falsas, de Donna Leon.
- Aurora boreal, de Åsa Larsson.
- Muerte en Estambul, de Petros Markaris.
28 de enero de 2010
De cuerpo presente
Si el día 11 de febrero a eso de las siete y media de la tarde estás por San Sebastián y no tienes nada mejor que hacer, puedes acercarte a la calle San Jerónimo y escucharme. No es que vaya a decir nada que cambie el sentido de la rotación de la Tierra, pero puede estar bien. Tú pagas las cervezas.
23 de enero de 2010
18 de enero de 2010
Mapa del sitio de Cartagena de Indias en 1741
Mucha gente me dice que en mi novela Mediohombre se echa de menos un mapa. Bien, pues aquí está:
Si quieres, puedes verlo en un mapa más grande.
Y no olvides visitar el microsite de la novela.
Si quieres, puedes verlo en un mapa más grande.
Y no olvides visitar el microsite de la novela.
13 de enero de 2010
"Mediohombre", lecturas y comentarios
Si has leído mi último libro, Mediohombre, quizás te interese opinar sobre él. Si te apetece, este es el lugar adecuado. Sed buenos.
7 de enero de 2010
«Sólo quiero ser un escritor 'pulp'»
«Sólo quiero ser un escritor 'pulp'».
Alber Vázquez novela la derrota que Blas de Lezo infligió a los ingleses en Cartagena de Indias. El escritor ofrece un trepidante relato del histórico varapalo militar que Inglaterra nunca terminó de asumir.
18 de diciembre de 2009
News of the World
Dos tips para hoy:
- Mediohombre ya tiene un microsite. Es para ir guardando las cosillas que vayan saliendo. Si salen.
7 de diciembre de 2009
¿Capitalismo o cultura?
Capitalismo, sin duda, capitalismo. Mediohombre ya está en las librerías de El Corte Inglés.
Cosas que hacer antes de diñarla
Te tiras meses y meses delante del ordenador urdiendo tramas y situaciones y luego, al tiempo, alguien te envía una caja como esta. Y es que este es el mejor oficio del mundo. ¿O no?
4 de diciembre de 2009
A ti te da lo mismo y a nosotros nos da de comer
Ya se puede comprar mi última novela, Mediohombre, desde el primer web que la ha puesto a la venta. En este caso, el envío es sólo para España, contrarreembolso y con los gastos de envío gratis si el pedido supera los 27 euros.
Poco a poco, a medida que la distribución vaya adelante, estará disponible en otros webs que atiendan al resto de países. Paciencia.
Compra aquí o muere.
Poco a poco, a medida que la distribución vaya adelante, estará disponible en otros webs que atiendan al resto de países. Paciencia.
Compra aquí o muere.
1 de diciembre de 2009
"Mediohombre", portada y primer capítulo
Como sabéis, en cuestión de días sale a la venta mi nueva novela. De momento, os dejo la portada y el primer capítulo. Espero que os guste.
29 de noviembre de 2009
Que ni un solo perro inglés quede en pie
Lo cierto es que este blog está abandonado a su suerte. Pero por una buena causa. God damn you, Lezo!
14 de septiembre de 2009
Saltando de charca en charca
¿Hay algo peor que la poesía social? Sí, la poesía social del Tercer Mundo.
Córtense las venas con lo mejor del amigo ecuatoguineano Donato Ndongo-Bidyogo, poeta y miembro del rimbombante gobierno de su país en el exilio [el poema completo aquí]:
Córtense las venas con lo mejor del amigo ecuatoguineano Donato Ndongo-Bidyogo, poeta y miembro del rimbombante gobierno de su país en el exilio [el poema completo aquí]:
Yo describo la triste historiaNdongo: como seas tan buen político opositor como poeta, tenemos Obiang para siglos.
de un mundo poblado de blancos
negros
rojos y
amarillos
que saltan de charca en charca
sin hablarse ni mirarse.
11 de septiembre de 2009
Un poeta íntegro
En el mundo de la creación poética existe un tipo de espécimen realmente curioso que se caracteriza por (1) resultar un poeta rematadamente malo y (2) tomarse a sí mismo y a su propia obra con una seriedad a prueba de balas. Yo me he topado en mi vida con varios de ellos, a cada cual más pintoresco.
No hablo de calidad poética en términos opinables: no, hablo de algo objetivamente malo, infumable, desolador. Algo que el pájaro en cuestión considera, y he aquí donde te brota el estupor y los temblores, a la altura de Rilke, lo menos.
¿Y qué haces? Nada, absolutamente nada. Es que no se puede hacer nada de nada. Estos tipos son impermeables a cualquier juicio externo. Creen a pie juntillas en sí mismos y no les vayas tú con pegas porque te mandan directamente a tomar por culo. O, simplemente, te ignoran.
Todo esto me ha venido a la cabeza a cuenta de lo que en los últimos días he leído acerca de Jesús López Bobadilla, el poeta nutricio (historia en cuatro partes: 1, 2, 3 y 4). En resumen, un pobre diablo que tomó la absurda decisión de escribir poemas sólo sobre comida y que lo dejó todo (novia, trabajo, ciudad de origen, etc.) para entregarse a la poesía. Sobrevivió poco más de una década y, finalmente, apareció muerto en Madrid. Era un sin techo más, pero llevaba consigo una caja de madera con sus obras completas. Cosas como esta:
Juan Pablo Fuentes es el blogger que cuenta toda la historia y su albacea literario. Pero no puede con todo el trabajo, de manera que pide ayuda. Si quieres colaborar en la ordenación y catalogación de La Caja, escríbele. Seguro que te lo agradece. Hazlo por Bobadilla, el poeta íntegro.
No hablo de calidad poética en términos opinables: no, hablo de algo objetivamente malo, infumable, desolador. Algo que el pájaro en cuestión considera, y he aquí donde te brota el estupor y los temblores, a la altura de Rilke, lo menos.
¿Y qué haces? Nada, absolutamente nada. Es que no se puede hacer nada de nada. Estos tipos son impermeables a cualquier juicio externo. Creen a pie juntillas en sí mismos y no les vayas tú con pegas porque te mandan directamente a tomar por culo. O, simplemente, te ignoran.
Todo esto me ha venido a la cabeza a cuenta de lo que en los últimos días he leído acerca de Jesús López Bobadilla, el poeta nutricio (historia en cuatro partes: 1, 2, 3 y 4). En resumen, un pobre diablo que tomó la absurda decisión de escribir poemas sólo sobre comida y que lo dejó todo (novia, trabajo, ciudad de origen, etc.) para entregarse a la poesía. Sobrevivió poco más de una década y, finalmente, apareció muerto en Madrid. Era un sin techo más, pero llevaba consigo una caja de madera con sus obras completas. Cosas como esta:
Trajiste a la fiestaEn fin, eso es todo. Lo único que admiro de López Bobadilla es la inquebrantabilidad de su ánimo. No se rindió. No dio su brazo a torcer. Equivocados estaban los demás. Perdedores eran los otros.
pepinillos en vinagre
y espárragos
Días más tarde
los comías delante de mí.
Y yo miraba.
Juan Pablo Fuentes es el blogger que cuenta toda la historia y su albacea literario. Pero no puede con todo el trabajo, de manera que pide ayuda. Si quieres colaborar en la ordenación y catalogación de La Caja, escríbele. Seguro que te lo agradece. Hazlo por Bobadilla, el poeta íntegro.
10 de septiembre de 2009
Sin tregua ni descanso pienso en la muerte
Nazım Hikmet es de esos autores a los que la ideología política no les cala tanto la obra poética como para echarla a perder. Raro, teniendo en cuenta que llevó una vida en la que la política lo marcó todo: fue un comunista turco que pretendía instaurar una especie de régimen soviético en Turquía y hasta que no lo metían en la cárcel, el tío no paraba.
Sabido lo cual, uno pensaría que su obra es de hoz y martillo, oh compañeros en las barricadas. Pues no, nada más opuesto. Un tipo extraño, este Hikmet.
¿Qué me gusta de Hikmet? Que no responde al prejucio. Que no utiliza la poesía para ningún fin, por muy loable que él lo considere. Y que cuando lo hace (porque a ratos lo hace), no resulte tan opaco, tan pastoso y tan griscomunista como se podría esperar de un señor turco escribiendo poesía a mediados del siglo XX. Uno lo lee y siente, si no la calidad de su obra, sí una frescura del verso sencillo que busca una anécdota, una ocasión.
Aquí dejo un poema [y aquí hay muchos más, ninguno excesivamente bueno]:
Sabido lo cual, uno pensaría que su obra es de hoz y martillo, oh compañeros en las barricadas. Pues no, nada más opuesto. Un tipo extraño, este Hikmet.
¿Qué me gusta de Hikmet? Que no responde al prejucio. Que no utiliza la poesía para ningún fin, por muy loable que él lo considere. Y que cuando lo hace (porque a ratos lo hace), no resulte tan opaco, tan pastoso y tan griscomunista como se podría esperar de un señor turco escribiendo poesía a mediados del siglo XX. Uno lo lee y siente, si no la calidad de su obra, sí una frescura del verso sencillo que busca una anécdota, una ocasión.
Aquí dejo un poema [y aquí hay muchos más, ninguno excesivamente bueno]:
Ya llega mi hora
saltaré de repente al vacío
sin conocer el estado de putrefacción de mi carne
ni cómo los gusanos socavan mis ojos
sin tregua ni descanso pienso en la muerte
eso quiere decir que mi hora está próxima
7 de septiembre de 2009
El poeta imaginario
De todos los malos poetas, aquel por el que más respeto siento es, sin duda, Nicanor Parra. No sabría decir por qué, la verdad, pero siempre me ha caído más o menos bien este hombre. Digo yo que porque no lo conozco en persona, que ya se sabe que las personas perdemos mucho en las distancias cortas. Pero, en fin, el tío siempre me ha caído bien. Quizás se trate de que soy capaz de reconocer la importancia de sus planteamientos poéticos en un contexto histórico. Planteamientos importantes porque impulsaron una fractura que siempre es necesaria, pero que en sí mismos, como propuestas estéticas aisladas, no van demasiado lejos.
En este entrañable vídeo, Parra se asoma a un balcón con la intención de leer un poema. Al parecer, la gente que está dentro del edificio no le inspira excesiva confianza, pues sale con todos sus papeles bajo el brazo. No se los vayan a robar, que por ahí hay mucho ladrón.
Abajo, la multitud enfervorizada. La chusma poética. El pueblo llano aullando de gozo ante un poema malo de solemnidad.
En este entrañable vídeo, Parra se asoma a un balcón con la intención de leer un poema. Al parecer, la gente que está dentro del edificio no le inspira excesiva confianza, pues sale con todos sus papeles bajo el brazo. No se los vayan a robar, que por ahí hay mucho ladrón.
Abajo, la multitud enfervorizada. La chusma poética. El pueblo llano aullando de gozo ante un poema malo de solemnidad.
4 de septiembre de 2009
Diré okay al cielo azul y al mar
¿Saben ustedes qué es el nadaísmo? Yo tampoco, pero lo he mirado. Según la Wikipedia es
Digo esto porque he estado leyendo a Armando Romero, que se supone que es dueño de una de las obras más destacadas del nadaísmo, y no me ha despertado la más leve erección. Pero nada de nada. Ni siquiera un cosquilleo. Igual es que me falta el contexto histórico. Sí, va a ser eso.
Se me leen esto, si son tan amables:
Pero si me he animado a escribir hoy sobre Romero es porque este poeta hace algo que detesto con todas mis fuerzas: irse a una ciudad muy lejana y muy molona y escribir un poema con la única intención de dejar constancia de que se estuvo allí. Es como esos graffitis que la gente escribe en las puertas de los urinarios, pero en cutre. Sí, más cutre todavía.
Nuestro hombre en cuestión resulta que se fue a Chicago y escribió From Chicago to O.G. Así, con el título en inglés, para que quede más cosmopolita. ¿Se lo quieren leer? Es bastante malo (y largo de cojones, encima) pero ustedes verán. Aquí está. Dejo una estrofilla, para que se vea el pelaje. Luego no digan que no avisé:
un movimiento literario colombiano que se desarrolló durante el período 1950-1964 en la ciudad de Medellín, actual capital del departamento de Antioquia; movimiento con rasgos contraculturales, tiene sus antecedentes en el dadaísmo y el surrealismo y estableció contactos culturales con la Generación beat, expresó una protesta contra las instituciones tradicionales de la sociedad y la cultura, protesta que filosóficamente se enmarca en lo nihilista.O sea, que unos cuantos medellinenses aburridos quisieron ser Ginsberg. ¿Les salió bien? Pues entre que no he leído demasiada poesía nadaísta y que para escribir como Ginsberg tampoco hay que ser un genio, no sabría dar una respuesta exacta. Pero vamos, lo dudo bastante.
Digo esto porque he estado leyendo a Armando Romero, que se supone que es dueño de una de las obras más destacadas del nadaísmo, y no me ha despertado la más leve erección. Pero nada de nada. Ni siquiera un cosquilleo. Igual es que me falta el contexto histórico. Sí, va a ser eso.
Se me leen esto, si son tan amables:
Oh extraños seresEs una estrofa del poema de Romero Extraños seres, Relucientes ciudades. Sólo leer el título ya estremece. Bien, pues todo es así. Poesía flojuna, trasnochada y con una ínfulas de agárrate y no te menees. Si algo se les podría exigir a los malos poetas, es que fueran menos vanidosos.
Oh relucientes ciudades
El mundo se me está viniendo encima
con toda su algarabía.
Pero si me he animado a escribir hoy sobre Romero es porque este poeta hace algo que detesto con todas mis fuerzas: irse a una ciudad muy lejana y muy molona y escribir un poema con la única intención de dejar constancia de que se estuvo allí. Es como esos graffitis que la gente escribe en las puertas de los urinarios, pero en cutre. Sí, más cutre todavía.
Nuestro hombre en cuestión resulta que se fue a Chicago y escribió From Chicago to O.G. Así, con el título en inglés, para que quede más cosmopolita. ¿Se lo quieren leer? Es bastante malo (y largo de cojones, encima) pero ustedes verán. Aquí está. Dejo una estrofilla, para que se vea el pelaje. Luego no digan que no avisé:
No lloraré más sobre los alcantarillados.¿Por qué diablos siempre habrá un sudamericano lloroso en los Estados Unidos? Qué vida...
Diré okay al cielo azul y al mar.
Me iré con él y contigo
a beber bajo los techos azules de Chagall.
3 de septiembre de 2009
Fantasmas que te observan desde todos los espejos
Hoy la verdad es que no tengo demasiado tiempo para escribir aquí porque, por desgracia, estoy atrapado en las garras del capitalismo y no paro de engordar la bestia. Me hacen gracia todos esos capullos que piden (que digo piden: ¡exigen!) que la cultura sea libre. ¿Cultura libre? Lo que hay que pedir es dinero gratis. Y luego ya nos lo iremos gastando cada uno en lo que quiera.
Mientras Zapatero y la ONU nos dan a todos un subsidio universal por el simple hecho de estar vivos, habrá que hincar los riñones. Pero que quede bien claro que trabajamos porque nos obligan.
¿Sirve la poesía para aliviarnos de tanta desdicha? Pues no, para qué engañarnos. Pero es lo que nos gusta, así que allá voy. Hoy pongo una poeta de la que no he leído demasiado y que tampoco es que me entusiasme. Pero he visto fotos de ella cuando era treintañera (ahora ya tiene sesenta tacos) en las que la señora tenía su que.
Se llama Eileen Myles y escribe cosas como esta [completo aquí]:
Mientras Zapatero y la ONU nos dan a todos un subsidio universal por el simple hecho de estar vivos, habrá que hincar los riñones. Pero que quede bien claro que trabajamos porque nos obligan.
¿Sirve la poesía para aliviarnos de tanta desdicha? Pues no, para qué engañarnos. Pero es lo que nos gusta, así que allá voy. Hoy pongo una poeta de la que no he leído demasiado y que tampoco es que me entusiasme. Pero he visto fotos de ella cuando era treintañera (ahora ya tiene sesenta tacos) en las que la señora tenía su que.
Se llama Eileen Myles y escribe cosas como esta [completo aquí]:
Los cuerpos no perdonan, tu ángel de la guarda
se ha escapado con tu novia, y eres uno de esos hombres
que saben que el cielo y el infierno son los otros,
fantasmas que te observan desde todos los espejos.
2 de septiembre de 2009
Suicídate, tonto
Ayer, mi amiga Ana Lorenzo me envió un enlace a un listado de poetas suicidas. Así, sin más. Yo, la verdad, pensé que me animaba a seguir el ejemplo dado y, como no sé decirle que no a una mujer, corrí al baño en búsqueda de una cuchilla de afeitar. Por suerte (o por desgracia, si es que usted no me tiene en demasiado aprecio), la buena mujer me aclaró rápido la situación: "Que es sólo para que lo veas". "Ah, pues haber avisado antes".
Total, que me he entretenido un rato en mirar la lista de marras. A saber por qué, a los poetas no los lee ni Cristo, pero mola eso de que se lancen al río en plena desesperación. La más triste de las poesías que se torna realidad palpable, etc. A algunos críticos y al estrato más rudimentario de los lectores de poesía les encanta que un pobre diablo se mate. Hay que ser cabrón.
Descripción de uno de los decesos: "Murió desangrado en el psiquiátrico de Oña, en mayo de 1990, tras rebanarse el cuello con una lata de conservas". En serio: hay que ser muy retorcido y muy poco partidario del respeto mínimo que se le debe a un poeta para escribir algo así de alguien. Rebanarse el cuello, dice. Como yo me suicide y alguien escriba algo así de mí, juro que me levanto de la tumba y la monto gorda. Avisado queda todo el mundo.
Bueno, pues aquí dejo un poema [en inglés here] de John Berryman, otro que se hartó de tanta memez y puso tierra de por medio.
Total, que me he entretenido un rato en mirar la lista de marras. A saber por qué, a los poetas no los lee ni Cristo, pero mola eso de que se lancen al río en plena desesperación. La más triste de las poesías que se torna realidad palpable, etc. A algunos críticos y al estrato más rudimentario de los lectores de poesía les encanta que un pobre diablo se mate. Hay que ser cabrón.
Descripción de uno de los decesos: "Murió desangrado en el psiquiátrico de Oña, en mayo de 1990, tras rebanarse el cuello con una lata de conservas". En serio: hay que ser muy retorcido y muy poco partidario del respeto mínimo que se le debe a un poeta para escribir algo así de alguien. Rebanarse el cuello, dice. Como yo me suicide y alguien escriba algo así de mí, juro que me levanto de la tumba y la monto gorda. Avisado queda todo el mundo.
Bueno, pues aquí dejo un poema [en inglés here] de John Berryman, otro que se hartó de tanta memez y puso tierra de por medio.
El sol corría en el cielo, el taxi voló;
había una especie de fiebre en el reloj
esa mañana. Llegamos a Waterloo
con tiempo de sobra y supe encontrar mi rumbo.
El café amargo en un pequeño restaurante
nos dio para conversar. Cuando el tren
comenzó a andar te vi volverte
y desaparecer, y las venas de mi cerebro
estallaron, el tren rugió, los demás pasajeros
saltaron presurosos, ardiendo el mudable aire
che si cruccia, oí los demonios maldecir
y chillar de alegría en ese lugar lejano a la súplica.
1 de septiembre de 2009
Si es que van como locos
Esta mañana he abierto el periódico y me he topado con la entrañable historia de una joven sueca que, ni corta ni perezosa y con el arte por montera, se hizo pasar por loca hasta que vinieron los sanitarios, la ingresaron y le pusieron ración triple de calmantes. Ahora la pava denuncia, artísticamente, eso sí, la pérdida de los derechos civiles de los ciudadanos y bla, bla, bla. Las autoridades suecas la han llevado a juicio y un embrutecido juez la ha condenado a pagar una multa.
La juventud de hoy está perdida, amigos.
Y es que ya no hay norte. Ya todo el campo es orégano, toda propuesta artística merece nuestro incondicional apoyo y la poesía es poesía aunque no pase de extravagancia sin gracia alguna. Y como nadie se molesta en pensar (porque, para qué), nos la meten doblada una vez sí y otra también.
En fin, en este ambiente de taradismo congénito, El Sindicato abre su nueva temporada. Quizás ni la terminemos pero vamos a intentarlo. Empeño no nos falta.
Por empezar por algún lado, abro el curso con este genial vídeo del no menos genial John Cage en el que ya se pusieron las bases de lo que puede ser arte y de lo que bajo ningún concepto debe serlo. Supongo que conocen el asunto, que saben que Cage no era un saltimbanqui del tres al cuarto y que su obra 4'33'' supone una de las cargas de profundidad más potentes que contra la estética contemporánea se han dirigido. O a lo mejor no lo saben. En cualquier caso, aquí queda, a modo de prólogo silencioso y cabal sobre lo que ha de ser y lo que no ha de ser.
La juventud de hoy está perdida, amigos.
Y es que ya no hay norte. Ya todo el campo es orégano, toda propuesta artística merece nuestro incondicional apoyo y la poesía es poesía aunque no pase de extravagancia sin gracia alguna. Y como nadie se molesta en pensar (porque, para qué), nos la meten doblada una vez sí y otra también.
En fin, en este ambiente de taradismo congénito, El Sindicato abre su nueva temporada. Quizás ni la terminemos pero vamos a intentarlo. Empeño no nos falta.
Por empezar por algún lado, abro el curso con este genial vídeo del no menos genial John Cage en el que ya se pusieron las bases de lo que puede ser arte y de lo que bajo ningún concepto debe serlo. Supongo que conocen el asunto, que saben que Cage no era un saltimbanqui del tres al cuarto y que su obra 4'33'' supone una de las cargas de profundidad más potentes que contra la estética contemporánea se han dirigido. O a lo mejor no lo saben. En cualquier caso, aquí queda, a modo de prólogo silencioso y cabal sobre lo que ha de ser y lo que no ha de ser.
25 de agosto de 2009
Sólo los perdedores leen en verano
Me han dicho en el sanatorio que si dejo de escuchar las voces dentro de mi cabeza, me dejarán libre en septiembre.
Volveré.
Volveré.
3 de julio de 2009
30 de junio de 2009
La prueba de la cebolla
Hoy un amable comentarista se pregunta en la entrada anterior si Thénon no es demasiado pizarniana. Magnífica pregunta. Ahí va mi reflexión al respecto.
Mi respuesta es sí y no. Siempre, por supuesto, siguiendo una metodología analítica cebolliana. Me explico: la poesía es como una cebolla. Realmente, cualquier cosa puede ser como una cebolla y, además, si prueban a usar este argumento en presencia de señoritas de buen ver, observarán ustedes que las muchachas, tras escuchar de sus labios tan rotunda afirmación, se muestran mucho más dispuestas a prestarles atención que antes. La tesis cebolliana, no sé yo por qué, suele causar ese impacto en la gente: es como si pronunciaras un mantra tan inútil para analizar cualquier cosa, como eficaz a la hora de llevarse señoritas al huerto. Inténtenlo y luego me cuentan.
A lo que iba: la poesía es como una cebolla. Existen diferentes capas de percepción poética, cada una de ellas superpuesta como una piel a las demás. De esta forma, en la capa más externa de la poética thénoniana sí puede afirmarse, sin temor a equivocarse, que existen relaciones más que obvias entre Thénon y Pizarnik. El hecho de que ambas se conocieran en vida y se frecuentaran no debe ser ajeno a ello. No es que pueda desprenderse que existe una relación causa-efecto, pero tampoco lo contrario. Ya, como con todo. La ciencia es así, amigos.
Pero, y aquí viene lo interesante, si profundizamos en la cebolla de Thénon, Thénon se distancia de Pizarnik a medida que avanzamos hacia el corazón de la hortaliza. De pronto, podemos ver ante nuestros ojos cómo una y otra dejan de asemejarse, se vuelven diferentes e, incluso y a ratos, contrapuestas. Hagan la prueba, que no les miento.
Con gran dolor de mi alma, tengo que decir que es ahí, en el corazón cebollíaco, donde Thénon peor soporta la vigencia, el poder y la demoledora capacidad poética de Pizarnik. Alejandra es demasiado Alejandra y ni siquiera un peso pesado como Thénon es capaz de soportar una exposición continuada a su brutal poética. En las distancias cortas, Pizarnik actúa como un agujero negro: engulle sin misericordia todo aquello que se le acerca y no permite que nada fluya más allá de su misma presencia. Así es nuestra Alejandra.
Observen esta estrofa de Pizarnik. Léanla y, después, pélenla como si de una cebolla se tratara. Dentro, en las capas internas, existe una potencia poética que puede llegar a cegar. Ojo, que yo ya he avisado. Este material es como la heroína sin cortar: nadie te asegura que vayas a salir con vida de ese viaje.
Mi respuesta es sí y no. Siempre, por supuesto, siguiendo una metodología analítica cebolliana. Me explico: la poesía es como una cebolla. Realmente, cualquier cosa puede ser como una cebolla y, además, si prueban a usar este argumento en presencia de señoritas de buen ver, observarán ustedes que las muchachas, tras escuchar de sus labios tan rotunda afirmación, se muestran mucho más dispuestas a prestarles atención que antes. La tesis cebolliana, no sé yo por qué, suele causar ese impacto en la gente: es como si pronunciaras un mantra tan inútil para analizar cualquier cosa, como eficaz a la hora de llevarse señoritas al huerto. Inténtenlo y luego me cuentan.
A lo que iba: la poesía es como una cebolla. Existen diferentes capas de percepción poética, cada una de ellas superpuesta como una piel a las demás. De esta forma, en la capa más externa de la poética thénoniana sí puede afirmarse, sin temor a equivocarse, que existen relaciones más que obvias entre Thénon y Pizarnik. El hecho de que ambas se conocieran en vida y se frecuentaran no debe ser ajeno a ello. No es que pueda desprenderse que existe una relación causa-efecto, pero tampoco lo contrario. Ya, como con todo. La ciencia es así, amigos.
Pero, y aquí viene lo interesante, si profundizamos en la cebolla de Thénon, Thénon se distancia de Pizarnik a medida que avanzamos hacia el corazón de la hortaliza. De pronto, podemos ver ante nuestros ojos cómo una y otra dejan de asemejarse, se vuelven diferentes e, incluso y a ratos, contrapuestas. Hagan la prueba, que no les miento.
Con gran dolor de mi alma, tengo que decir que es ahí, en el corazón cebollíaco, donde Thénon peor soporta la vigencia, el poder y la demoledora capacidad poética de Pizarnik. Alejandra es demasiado Alejandra y ni siquiera un peso pesado como Thénon es capaz de soportar una exposición continuada a su brutal poética. En las distancias cortas, Pizarnik actúa como un agujero negro: engulle sin misericordia todo aquello que se le acerca y no permite que nada fluya más allá de su misma presencia. Así es nuestra Alejandra.
Observen esta estrofa de Pizarnik. Léanla y, después, pélenla como si de una cebolla se tratara. Dentro, en las capas internas, existe una potencia poética que puede llegar a cegar. Ojo, que yo ya he avisado. Este material es como la heroína sin cortar: nadie te asegura que vayas a salir con vida de ese viaje.
Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.
28 de junio de 2009
Dejá de hincharme las bolas
Hace un par de días pasé por el quirófano para someterme a una intervención con anestesia local muy poco importante. Yo, la verdad, soy bastante aprensivo, de manera que estar despierto en un quirófano no es que me vuelva especialmente loco. La intervención la llevaban a cabo tres personas: el cirujano, una señorita monísima que parecía la segundo de a bordo y un psicópata argentino al que Dios le confunda el resto de su vida. Los dos primeros hacían su trabajo de forma profesional. Sin embargo, el psicópata no paraba de hablar. Parecía que esa y no otra era la tarea que tenía asignada en el quirófano. Ya, ya, era argentino y no podía evitarlo, pero es que yo estaba allí con los nervios hechos polvo. Un tipo se inclina sobre ti con objetos extremadamente cortantes en las manos. Por eso, sólo por eso, el psicópata podía haber cerrado la boca. Un poco de respeto.
En estas, y digo yo que por confraternizar entre naciones hermanas, el psicópata comienza a contarme que hay tipos a los que se les ponen los testículos como naranjas. No venía a cuento ni tenía nada que ver con la operación en curso, pero el cabrón decía lo primero que se le pasaba por la cabeza. Y, al parecer, se le ocurrió que, como yo estaba blanco por el nerviosismo, lo mejor era contarme una historia agradable. Como naranjas, amigos. Yo me puse tan histérico que le pedí al cirujano que, si era tan amable, le echara un vistazo rápido a mis testículos. No es que tenga grandes planes para ellos, pero que se le inflen a uno como naranjas no es, precisamente, el pensamiento más agradable que un aprensivo nato pueda experimentar mientras le están interviniendo quirúrgicamente.
No sé si el cirujano miró o no, pero me dijo que los consideraba normales y que podía estar tranquilo. Tengo unos testículos sanos y de tamaño medio. Un alivio, sin duda.
Estoy completamente a favor de que a España venga gente de todo el mundo. Rumanos, nigerianos, polacos, rusos, chilenos, congoleños, ecuatorianos, etc. De donde sea. Que vengan y se ganen la vida honradamente. Pero, ¿es absolutamente necesario que los argentinos salgan de su país? ¡Por Dios!
Sin embargo, amo a Thénon. Con gran dolor de mi alma, estoy perdidamente enamorado de una señorita argentina muerta. A la que, por cierto, le habrían importado un carajo mis testículos:
En estas, y digo yo que por confraternizar entre naciones hermanas, el psicópata comienza a contarme que hay tipos a los que se les ponen los testículos como naranjas. No venía a cuento ni tenía nada que ver con la operación en curso, pero el cabrón decía lo primero que se le pasaba por la cabeza. Y, al parecer, se le ocurrió que, como yo estaba blanco por el nerviosismo, lo mejor era contarme una historia agradable. Como naranjas, amigos. Yo me puse tan histérico que le pedí al cirujano que, si era tan amable, le echara un vistazo rápido a mis testículos. No es que tenga grandes planes para ellos, pero que se le inflen a uno como naranjas no es, precisamente, el pensamiento más agradable que un aprensivo nato pueda experimentar mientras le están interviniendo quirúrgicamente.
No sé si el cirujano miró o no, pero me dijo que los consideraba normales y que podía estar tranquilo. Tengo unos testículos sanos y de tamaño medio. Un alivio, sin duda.
Estoy completamente a favor de que a España venga gente de todo el mundo. Rumanos, nigerianos, polacos, rusos, chilenos, congoleños, ecuatorianos, etc. De donde sea. Que vengan y se ganen la vida honradamente. Pero, ¿es absolutamente necesario que los argentinos salgan de su país? ¡Por Dios!
Sin embargo, amo a Thénon. Con gran dolor de mi alma, estoy perdidamente enamorado de una señorita argentina muerta. A la que, por cierto, le habrían importado un carajo mis testículos:
bello animal desgracia
posado en lo indecible
22 de junio de 2009
Mientras tanto, sé feliz
Ahí fuera hay un mundo lleno de luz, de playa, de niñas gritando de alegría, de comida casera, de mejillones, de arena, de cuarentonas en biquini leyendo a Stieg Larsson, de tanto vino tinto como tu hígado pueda tolerar. Es una percepción tan poderosa que ni siquiera cerrando los ojos con todas tus fuerzas puedes deshacerte de ella.
Existe, además, un concepto macabro que fagocita sin misericordia todo lo anterior: los lunes.
Por explicarlo con sencillez: es como si entraras en un supermercado y te toparas con Omar Khayyam reponiendo género en la sección de champús y suavizantes para el cabello. Se da la vuelta, le miras y te das cuenta de que él sabe que es Omar Khayyam, de que tú sabes que es Omar Khayyam y de que ese secreto os lo llevaréis a la tumba. Ambos.
Existe, además, un concepto macabro que fagocita sin misericordia todo lo anterior: los lunes.
Por explicarlo con sencillez: es como si entraras en un supermercado y te toparas con Omar Khayyam reponiendo género en la sección de champús y suavizantes para el cabello. Se da la vuelta, le miras y te das cuenta de que él sabe que es Omar Khayyam, de que tú sabes que es Omar Khayyam y de que ese secreto os lo llevaréis a la tumba. Ambos.
Convéncete bien de esta verdad: un día tu alma se desprenderá de tu cuerpo, y serás arrojado tras el velo que flota entre el universo y lo desconocido. Mientras tanto, sé feliz: no sabes de dónde vienes; ignoras a dónde vas.
17 de junio de 2009
Tú eres fría como el hacha que derriba el silencio
Cuando éramos chavales, vivíamos una especie de estado de continua reverencia hacia Juan Larrea. Era lo más cercano a lo sublime que te podías echar a la cara. Luego, un buen día, llegó un poeta cuyo nombre no diré (pero que tenía cierta reputación) y dijo dos cosas acerca de la poética de Larrea que a mí me abrieron los ojos:
Un ejemplo ilustrador [completo aquí]:
Dado que no existe constancia de que Larrea consumiera drogas alucinógenas o de que empinara el codo desde la mañana, ¿qué diablos nos quiere decir con estos versos? Nada, amigos, nada. Se supone que tú te quedas con la imagen que en ti provocan las estrofas y ya está. Te cosquillea un poco el bajo vientre o te sacudes del cabello los peces de penumbra.
Malditos bilbaínos...
- No se entiende un carajo lo que pone.
- Eso yo lo escribo con la minga.
Un ejemplo ilustrador [completo aquí]:
Mis cabellos se llenan de peces de penumbra
y de esqueletos de navíos forzosos
Sin ir más lejos
tú eres fría como el hacha que derriba el silencio
en la lucha entre el paisaje y su golpe de vista
Dado que no existe constancia de que Larrea consumiera drogas alucinógenas o de que empinara el codo desde la mañana, ¿qué diablos nos quiere decir con estos versos? Nada, amigos, nada. Se supone que tú te quedas con la imagen que en ti provocan las estrofas y ya está. Te cosquillea un poco el bajo vientre o te sacudes del cabello los peces de penumbra.
Malditos bilbaínos...
16 de junio de 2009
El dolor más inhumano
El domingo fuimos a la playa y, como se puso a llover, nos refugiamos bajo un árbol y nos pusimos a cantar canciones guarras. O, por decirlo más exactamente, las niñas se pusieron a cantar canciones guarras que yo conocía de mi niñez pero que había olvidado. ¡No disfrutaba tanto desde hacía tiempo! Qué placer es cantar guarrerías con toda la naturalidad del mundo mientras das cuenta de una bolsa gigante de patatas fritas. Lo que te ríes.
Un ejemplo:
Otro:
Yo siempre he sido de los que piensan que hablar como un camionero polaco te abre muchas puertas en la vida, de manera que nunca he ocultado, aunque haya niños delante, que hablo diciendo tacos. Es que me parece absurdo: yo los digo habitualmente y no veo mayor sentido a no decirlos sólo porque los niños puedan aprenderlos y repetirlos. Sí, claro, como si ellos no fueran a buscarse la vida por sí mismos. Como si no decirlos les abriera un mundo de posibilidades lejos del alcance de los malhablados.
El taco es cultura. A tomar por culo.
Y las niñas bien que lo saben, pues aunque hablemos como monjitas de clausura, ellas aprenden las porquerías por su cuenta. El patio de colegio es una herramienta poética grandiosa, amigos.
Un ejemplo:
El dolor de los dolores,
el dolor más inhumano
es pillarte los cojones
con la tapa de un piano.
Otro:
Cuando yo era pequeñito
me bañaba en una olla
y ahora que soy mayorcito
no me cabe ni la polla.
Yo siempre he sido de los que piensan que hablar como un camionero polaco te abre muchas puertas en la vida, de manera que nunca he ocultado, aunque haya niños delante, que hablo diciendo tacos. Es que me parece absurdo: yo los digo habitualmente y no veo mayor sentido a no decirlos sólo porque los niños puedan aprenderlos y repetirlos. Sí, claro, como si ellos no fueran a buscarse la vida por sí mismos. Como si no decirlos les abriera un mundo de posibilidades lejos del alcance de los malhablados.
El taco es cultura. A tomar por culo.
Y las niñas bien que lo saben, pues aunque hablemos como monjitas de clausura, ellas aprenden las porquerías por su cuenta. El patio de colegio es una herramienta poética grandiosa, amigos.
15 de junio de 2009
Y siento miedo
He estado leyendo una entrevista a Héctor Martín Rotger cuyo titular me parece una maravilla de lucidez:
Joder, qué cosa más bien dicha y qué sensata. Eso sí, el tipo también dice cosas por las que en España iría a la cárcel (no porque Rotger sea un malvado, sino porque en España todo el mundo piensa mal y es gilipollas; pero, sobre todo, piensa mal):
Suena chungo. Rarito, viniendo de un señor ya mayor. No hay que escribir sobre niños para no-niños. Queda feo, ¿no? Y esto está lleno de talibanes de la puridad moral y de la corrección política. Ojito.
Un cachín de un poema de Rotger que a mí me ha gustado [completo, aquí; un saco más, aquí]:
"En esto de escribir poesía hay mucho de somatización de un ritmo".
Joder, qué cosa más bien dicha y qué sensata. Eso sí, el tipo también dice cosas por las que en España iría a la cárcel (no porque Rotger sea un malvado, sino porque en España todo el mundo piensa mal y es gilipollas; pero, sobre todo, piensa mal):
"Ahora estoy haciendo una serie de cuentos donde los protagonistas son niños, pero no es literatura para niños...".
Suena chungo. Rarito, viniendo de un señor ya mayor. No hay que escribir sobre niños para no-niños. Queda feo, ¿no? Y esto está lleno de talibanes de la puridad moral y de la corrección política. Ojito.
Un cachín de un poema de Rotger que a mí me ha gustado [completo, aquí; un saco más, aquí]:
Niego la sospechosa desmesura
que revela mi imagen. Y así, luego,
me acosa la verdad. Y siento miedo.
12 de junio de 2009
Nada encaja
Desde hace un par de años, suelo cortarme el pelo en una peluquería que está cerca de casa y que no cierra a la hora de comer. Como a mí me basta con un corte normalito que sabe hacer cualquiera, el hecho de que puedas ir a las tres de la tarde y que, sin esperar turno, te corten el pelo, me parece una maravilla.
Total, que ayer me enteré de una cosa espeluznante: resulta que un tipo iba tranquilamente caminando por la calle, se sintió mal de repente cuando pasó frente a la peluquería en cuestión y le ayudaron a entrar para que descansara un rato. Al poco, se murió. Ya está. Se murió. Tú vas tranquilamente por la calle y te mueres en una peluquería de caballeros.
Estuve todo el santo día atormentado con la idea. Lo cierto es que no temo a la muerte. Quiero decir que no quiero morirme y todo eso, pero sé que me va a tocar y no es algo que me obsesione. No, al menos, de momento. Considero que ya he dado todo lo que tenía que dar de sí en este vida y que probablemente, de aquí en adelante, esto sea un ir cuesta abajo, pero es lo que hay. Apechugamos con ello y santas pascuas. Sin dramas.
Digo que no me da miedo morir pero me aterra la posibilidad de hacerlo estúpidamente porque la estupidez en la muerte no es sino la prueba tangible de que nada tiene sentido en la vida, de que todo es caos y de que cualquier intento por poner orden en ese caos es vano e inútil. Tú vas por la vida con pie firme, de forma ordenada, cabal, sensata, tratando de que ordenarlo todo y de que todo tenga sentido. ¿Y luego qué pasa? Te mueres en el interior de una peluquería, junto los champús anticaspa, un radiocasette de los años ochenta y un señor calvo vestido con un batín blanco y un secador de pelo en la mano. Horrible, sí.
Luego, un par de horas después, todavía impresionado, leí este poema de Ted Kooser. Por un momento, creí que todo encajaba. Pero nada encaja, claro.
[La traducción es de Hilario Barrero].
Total, que ayer me enteré de una cosa espeluznante: resulta que un tipo iba tranquilamente caminando por la calle, se sintió mal de repente cuando pasó frente a la peluquería en cuestión y le ayudaron a entrar para que descansara un rato. Al poco, se murió. Ya está. Se murió. Tú vas tranquilamente por la calle y te mueres en una peluquería de caballeros.
Estuve todo el santo día atormentado con la idea. Lo cierto es que no temo a la muerte. Quiero decir que no quiero morirme y todo eso, pero sé que me va a tocar y no es algo que me obsesione. No, al menos, de momento. Considero que ya he dado todo lo que tenía que dar de sí en este vida y que probablemente, de aquí en adelante, esto sea un ir cuesta abajo, pero es lo que hay. Apechugamos con ello y santas pascuas. Sin dramas.
Digo que no me da miedo morir pero me aterra la posibilidad de hacerlo estúpidamente porque la estupidez en la muerte no es sino la prueba tangible de que nada tiene sentido en la vida, de que todo es caos y de que cualquier intento por poner orden en ese caos es vano e inútil. Tú vas por la vida con pie firme, de forma ordenada, cabal, sensata, tratando de que ordenarlo todo y de que todo tenga sentido. ¿Y luego qué pasa? Te mueres en el interior de una peluquería, junto los champús anticaspa, un radiocasette de los años ochenta y un señor calvo vestido con un batín blanco y un secador de pelo en la mano. Horrible, sí.
Luego, un par de horas después, todavía impresionado, leí este poema de Ted Kooser. Por un momento, creí que todo encajaba. Pero nada encaja, claro.
Toda la noche, esta suave lluvia del pasado distante.
No me extraña que a veces despierte como un niño.
[La traducción es de Hilario Barrero].
3 de junio de 2009
Senryus, haikus y airbuses hundiéndose en el océano
Hoy iba yo en un tren a eso de las siete de la mañana cuando, en un andén en el que dicho tren se ha detenido, he visto por la ventanilla a un chaval con un sudadera en la que llevaba escritos en inglés los cuatro elementos de la Grecia clásica: "Earth, Water, Air, Fire". Las palabras rodeaban una especie de mandala o símbolo semioriental más o menos alegórico. Vamos, la típica gilipollez que nos gusta a los occidentales. No significa nada, pero parece que tiene un profundo contenido.
El caso es que yo, que iba enfrascado en la lectura de El guardián entre el centeno (que, por cierto, no había leído hasta hoy y que recomiendo fervorosamente porque me está divirtiendo una barbaridad), en vez de leer "Earth, Water", he leído "Death, Water" y, automáticamente, en lugar de la bella imagen de armónica paz y concordia que el estampado original quería transmitir, me ha dado por pensar en un airbus repleto de gente cayendo sobre el Atlántico y hundiéndose a toda velocidad entre los gritos de pánico del pasaje. Y es que, amigos, yo soy un podrido occidental incapaz ya, a estas alturas, de comprender ningún tipo de sensibilidad que no sea la mía. Pudiendo haberme serenado lo de la tierra, agua, fuego y aire, yo he preferido imaginar gente palmándola. ¡Y a las siete de la mañana!
Total, que esto me ha hecho pensar en el siempre espinoso y nunca bien resuelto asunto de los senryus. El senryu es un poema idéntico al haiku, pero sin alusión a la estación del año. Trata sobre el ser humano y sobre asuntos cotidianos. Es un haiku pero sin esa molesta liturgia zen de los orientales. Es un haiku para basura blanca. ¿Me siguen? Bien, pues lo que yo no acabo de entender es por qué los haikus gozan entre nosotros de inmensísima popularidad mientras que de los senryus nadie ha oído ni hablar.
Mi hipótesis: porque, como al muchacho del andén, lo que nos va es la espiritualidad estampada. Como esas locas que se tatúan "el símbolo chino de la bondad" (sic) y luego ahí pone "arroz tres delicias". Por eso nos la pone dura el haiku y despreciamos el senryu. Porque, para chorradas normales, nos bastamos y nos sobramos solitos. ¿Quién quiere leer insustancialidades japonesas teniendo entre nosotros a Gioconda Belli? Nadie. En su sano juicio, al menos.
Hala, aquí dejo un senryu copiado de la Wikipedia y que está escrito por Senryū Karai. Los más hábiles de entre ustedes ya habrán supuesto que este señor tiene algo que ver con la invención del género. Pues sí, bien supuesto.
El caso es que yo, que iba enfrascado en la lectura de El guardián entre el centeno (que, por cierto, no había leído hasta hoy y que recomiendo fervorosamente porque me está divirtiendo una barbaridad), en vez de leer "Earth, Water", he leído "Death, Water" y, automáticamente, en lugar de la bella imagen de armónica paz y concordia que el estampado original quería transmitir, me ha dado por pensar en un airbus repleto de gente cayendo sobre el Atlántico y hundiéndose a toda velocidad entre los gritos de pánico del pasaje. Y es que, amigos, yo soy un podrido occidental incapaz ya, a estas alturas, de comprender ningún tipo de sensibilidad que no sea la mía. Pudiendo haberme serenado lo de la tierra, agua, fuego y aire, yo he preferido imaginar gente palmándola. ¡Y a las siete de la mañana!
Total, que esto me ha hecho pensar en el siempre espinoso y nunca bien resuelto asunto de los senryus. El senryu es un poema idéntico al haiku, pero sin alusión a la estación del año. Trata sobre el ser humano y sobre asuntos cotidianos. Es un haiku pero sin esa molesta liturgia zen de los orientales. Es un haiku para basura blanca. ¿Me siguen? Bien, pues lo que yo no acabo de entender es por qué los haikus gozan entre nosotros de inmensísima popularidad mientras que de los senryus nadie ha oído ni hablar.
Mi hipótesis: porque, como al muchacho del andén, lo que nos va es la espiritualidad estampada. Como esas locas que se tatúan "el símbolo chino de la bondad" (sic) y luego ahí pone "arroz tres delicias". Por eso nos la pone dura el haiku y despreciamos el senryu. Porque, para chorradas normales, nos bastamos y nos sobramos solitos. ¿Quién quiere leer insustancialidades japonesas teniendo entre nosotros a Gioconda Belli? Nadie. En su sano juicio, al menos.
Hala, aquí dejo un senryu copiado de la Wikipedia y que está escrito por Senryū Karai. Los más hábiles de entre ustedes ya habrán supuesto que este señor tiene algo que ver con la invención del género. Pues sí, bien supuesto.
泥棒を
捕えてみれば
我が子なり
Traducido del inglés por su segura servidora:
El ladrón,
cuando lo atrapo,
mi propio hijo.
2 de junio de 2009
Conozco el nombre de mi extraño mal
De Florbela Espanca no he leído demasiadas cosas, pero lo que he leído me ha gustado. Y si no me hubiera gustado, el morbo que siento por las poetas jóvenes suicidas habría rellenado los huecos. Espanca, como suele pasar en los que luego se quitan la vida, llevó una existencia bastante triste. Se mató a los treinta y seis años exactos (el día de su cumpleaños), y para entonces había sufrido dos abortos, se había casado tres veces, se le había muerto un hermano, había enfermado de todo lo enfermable y, entre una cosa y otra, la vida interior se le había ido al carajo. Ah, y se había sabido hija ilegítima de un tiparraco que se tiró a su madre con el consentimiento explícito de su señora esposa. A ver quién es el guapo que con este perfil conserva la cordura. Lo raro es que aguantara hasta los treinta y seis...
A Florbela le pone mucho el rollo simbolista. Mucho misticismo y mucho culterío. El signo de los tiempos, cierto es, pero es que, además, Espanca era un tía lista, leída y bastante adelantada a su época. O sea, que normal que sus poemas sean un poco estirados y rígidos. Incluso, si se quiere, hasta rozar lo ridículo. Y es que Espanca se pasaba la vida enamorándose y desenamorándose y escribiendo sobre ello. Vamos, lo que se dice un tiovivo emocional no apto para cualquiera. Así acabó. Con los nervios hechos trizas.
En fin, si se rebusca un poco, aparecen cosillas que muestran la gran poeta que pudo ser si su contexto hubiera sido otro: sin tanto patán dándole disgustos y con un poquito más de suerte en la vida. Que parece que no, pero siempre ayuda.
Pongo aquí un soneto entero y meto baza en la mitad.
A continuación, Florbela sigue un rato dando la brasa con lo que fue y dejó de ser para terminar con una confesión: a ella lo que le pone del hígado es esa nostalgia que tiene, sin saber por qué, metida en el pecho. Pero le echa toda la culpa a España. Está bien eso de tener alguien a quien culpar. Reconforta.
A Florbela le pone mucho el rollo simbolista. Mucho misticismo y mucho culterío. El signo de los tiempos, cierto es, pero es que, además, Espanca era un tía lista, leída y bastante adelantada a su época. O sea, que normal que sus poemas sean un poco estirados y rígidos. Incluso, si se quiere, hasta rozar lo ridículo. Y es que Espanca se pasaba la vida enamorándose y desenamorándose y escribiendo sobre ello. Vamos, lo que se dice un tiovivo emocional no apto para cualquiera. Así acabó. Con los nervios hechos trizas.
En fin, si se rebusca un poco, aparecen cosillas que muestran la gran poeta que pudo ser si su contexto hubiera sido otro: sin tanto patán dándole disgustos y con un poquito más de suerte en la vida. Que parece que no, pero siempre ayuda.
Pongo aquí un soneto entero y meto baza en la mitad.
Mi mal
Me conozco muy bien, sé mi color,
conozco el nombre de mi extraño mal:
y sé que fui encaje de vitral,
que fui ciprés, carabela y dolor.
Fui todo cuanto existe de mayor:
fui cisne, lirio, cóndor, catedral,
y fui tal vez un verso de Nerval
o una cínica risa de Chamfort...
A continuación, Florbela sigue un rato dando la brasa con lo que fue y dejó de ser para terminar con una confesión: a ella lo que le pone del hígado es esa nostalgia que tiene, sin saber por qué, metida en el pecho. Pero le echa toda la culpa a España. Está bien eso de tener alguien a quien culpar. Reconforta.
Fui la heráldica flor de agrestes cardos,
su olor mis manos dieron a los nardos...
a la adelfa le dio color mi boca...
¡Ah! De Boabdil fui lágrima en España
y me traje de allí este ansia extraña.
¡Dolor no sé de qué! ¡Saudade loca!
1 de junio de 2009
En el camino me encuentro a mí mismo que regreso
Ayer fue el primer día de playa del verano. Cogimos cangrejos y bígaros y luego, cuando teníamos el cubo bien lleno, los liberamos. Y no porque pretendiese dar a las niñas una lección acerca de lo conveniente de respetar a todos los seres vivos del universo. No, en casa somos de la creencia de que todo lo que anda, corre o vuela, a la cazuela. Pero, ¿quién diablos va a comerse unos cangrejos mugrientos cuando nos hemos traído tortilla de patatas, filetes empanados, pimientos verdes, ensalada de tomate y atún, cerezas y galletas de chocolote? Nadie.
El caso es que cuando vamos y venimos de la playa pasamos siempre frente a la casa de Jorge Oteiza, lo cual para mí tiene su punto de especial porque une dos cosas que me encanta hacer en este mundo: estar en la playa y leer a Oteiza. El gran Oteiza capaz de escribir cosas tan psicopáticas como la que sigue [completa aquí]: tan desprejuiciada, tan animal, tan poderosa, tan íntima, tan diferente a todos los demás.
El caso es que cuando vamos y venimos de la playa pasamos siempre frente a la casa de Jorge Oteiza, lo cual para mí tiene su punto de especial porque une dos cosas que me encanta hacer en este mundo: estar en la playa y leer a Oteiza. El gran Oteiza capaz de escribir cosas tan psicopáticas como la que sigue [completa aquí]: tan desprejuiciada, tan animal, tan poderosa, tan íntima, tan diferente a todos los demás.
no me alcanzaréis los muertos
en el propenso río
siempre dispuesto a acostarme
y si acostado siempre dispuesto
a no levantarme
y no me levantaré más
movediza
discontinua perdiz
muero subo al cielo
gota a gota
en el camino
me encuentro a mí mismo
gota a gota que regreso
29 de mayo de 2009
Me seco el orín de la bandera mexicana
El poeta mexicano Sergio Witz la lió parda cuando un buen día escribió un poema a la bandera de su país. Un poema malo de cojones, hay que decirlo. Vamos, que él, llegado el caso, tampoco te lo niega. Dice así la oda en cuestión:
Fino, ¿eh? Un artistazo, nuestro Witz. Bueno, pues resulta que el poema se publicó sin querer. Traspapelado. Ya no es que se publique mucho: es que se publica solo. En fin, el pobre Witz fue llevado a juicio y, tras nueve años de idas y venidas, ha sido condenado a pagar 50 pesos (unos tres euros) por injurias a la bandera nacional.
Personalmente, si Witz hubiera sido condenado a 50 latigazos por mal poeta, yo habría suplicado que, por favor, me dejaran darle alguno. No se puede escribir así de mal y salir impune... Pero a Witz se le condena por injurias y con la sana intención, por parte del tribunal, de desalentar "las conductas antisociales de quienes atentan contra el patrimonio cultural de nuestro país y de los símbolos patrios que lo representan". Ni más ni menos. Menudos cabrones...
Como dice Witz:
Bien dicho. Estoy de acuerdo y lo firmo. Y, aunque escribiste un poema lamentable y los 50 latigazos te los guardamos para más adelante, yo estoy contigo, Sergio.
Yo
me seco el orín de la bandera
de mi país
ese trapo
sobre el que se acuestan
los perros
y que nada representa,
salvo tres colores
y un águila
que me producen
un vómito nacionalista.
Fino, ¿eh? Un artistazo, nuestro Witz. Bueno, pues resulta que el poema se publicó sin querer. Traspapelado. Ya no es que se publique mucho: es que se publica solo. En fin, el pobre Witz fue llevado a juicio y, tras nueve años de idas y venidas, ha sido condenado a pagar 50 pesos (unos tres euros) por injurias a la bandera nacional.
Personalmente, si Witz hubiera sido condenado a 50 latigazos por mal poeta, yo habría suplicado que, por favor, me dejaran darle alguno. No se puede escribir así de mal y salir impune... Pero a Witz se le condena por injurias y con la sana intención, por parte del tribunal, de desalentar "las conductas antisociales de quienes atentan contra el patrimonio cultural de nuestro país y de los símbolos patrios que lo representan". Ni más ni menos. Menudos cabrones...
Como dice Witz:
"No es la sentencia de cincuenta pesos lo ridículo de todo esto, es el proceso que llevó nueve años en sí, en gastar recursos públicos para perseguir poetas, en confundir literatura con derecho, pensamiento con adoctrinamiento… de lo que se trata todo esto es de dar un escarmiento a quien piensa, escribe y disiente y lanzar, por supuesto, un mensaje a quien se atreva a hacer lo mismo".
Bien dicho. Estoy de acuerdo y lo firmo. Y, aunque escribiste un poema lamentable y los 50 latigazos te los guardamos para más adelante, yo estoy contigo, Sergio.
28 de mayo de 2009
Mi alma en esta hora desolada
Muchos de los poetas románticos hoy resultarían grotescos. De hecho, alguno que hay por ahí, lo resulta. Pero en su mundo y su época, tenían su punto. No todos, cierto es, pero algunos sí. Como, por ejemplo, Dante Gabriel Rossetti, que fue de los más brillantes a la hora de vivir románticamente la vida.
Hizo mucho el gilipollas y de formas muy variadas. Por ejemplo, cuando su mujer se le suicidó por habérsele muerto una criatura durante el parto, Dante decidió enterrar sus poemas en la tumba de ella. Eso es amor y lo demás son hostias. Enterró sus versos junto a su bienamada. Intenta tú hacer eso hoy y verás a qué velocidad marcan los enterradores el número del sanatorio mental más cercano...
Pero lo mejor no fue eso. Lo mejor fue que, después de varios años ¡abrió la tumba de su señora para recuperar los poemas y publicarlos! Con dos cojones, el muchacho: "¿Qué hice yo con aquellos poemas tan chulos que tenía? Ah, sí, los enterré sobre el pecho de mi queridísima Elisabeth. Nada, nada, pues abro la tumba, los recupero y así, de paso, compruebo si la niña de mis ojos se está pudriendo como es debido".
Un figura, este Rossetti. Murió a saber de qué, pero seguro que el cóctel de drogas, locura y depresión al que se veía sometido no ayudó demasiado. Vamos, lo que se dice un romántico de los pies a la cabeza.
En fin, les dejo con un fragmento de uno de sus poemas. Si quieres, pueden leerlo entero aquí. Personalmente, esto tipo de verso agota mi paciencia, pero quizás a ustedes les ponga. Este blog cada vez es visitado por gente más rara.
Hizo mucho el gilipollas y de formas muy variadas. Por ejemplo, cuando su mujer se le suicidó por habérsele muerto una criatura durante el parto, Dante decidió enterrar sus poemas en la tumba de ella. Eso es amor y lo demás son hostias. Enterró sus versos junto a su bienamada. Intenta tú hacer eso hoy y verás a qué velocidad marcan los enterradores el número del sanatorio mental más cercano...
Pero lo mejor no fue eso. Lo mejor fue que, después de varios años ¡abrió la tumba de su señora para recuperar los poemas y publicarlos! Con dos cojones, el muchacho: "¿Qué hice yo con aquellos poemas tan chulos que tenía? Ah, sí, los enterré sobre el pecho de mi queridísima Elisabeth. Nada, nada, pues abro la tumba, los recupero y así, de paso, compruebo si la niña de mis ojos se está pudriendo como es debido".
Un figura, este Rossetti. Murió a saber de qué, pero seguro que el cóctel de drogas, locura y depresión al que se veía sometido no ayudó demasiado. Vamos, lo que se dice un romántico de los pies a la cabeza.
En fin, les dejo con un fragmento de uno de sus poemas. Si quieres, pueden leerlo entero aquí. Personalmente, esto tipo de verso agota mi paciencia, pero quizás a ustedes les ponga. Este blog cada vez es visitado por gente más rara.
¿Existe un hogar, dónde la pesada Tierra
Se derrita en el aire brillante,
Y dónde el mal no se respire;
Dónde el agua barra el eco de la sed,
Y el fuego sea el reflejo de nuestra fe?
Si la voluntad yace atada al objetivo,
Tal vez allí pueda su esperanza engendrar.
Mi alma, en esta hora desolada,
Se agita hacia la tuya,
Cerca, siempre un poco más.
27 de mayo de 2009
Poesía para sobrios
¿Han salido ustedes alguna vez de farra y, tras volver con varias copas de más y acostarse, han sentido que todo daba vueltas y más vueltas? ¿Sí? Bien, pues ahora pueden recrear esa desagradable sensación sin salir de casa. La internet hispana es así: haciendo cada día todo lo posible para que se nos lea menos.
26 de mayo de 2009
Nos llevan años de ventaja
¿Se acuerdan de las bofetadas que le cayeron la semana pasada al abuelete Gamoneda por desmarcarse de La Poesía Oficial Española y, sin pedir permiso a nadie, criticar a Benedetti? Pues eso no es nada para lo que se cuece por ahí. Hay fulanas que disparan con bala.
Actualización: la pájara ha dimitido.
Actualización: la pájara ha dimitido.
Y vuelve con tu rostro a la tierra
Me ha gustado mucho todo lo que he leído de Dolores Etchecopar, y me he quedado con ganas de más. Por desgracia, supongo que las ediciones de sus libros serán inencontrables. Ha publicado, hasta donde yo sé, cinco o seis poemarios, casi todos ellos en los años ochenta. En fin, en internet hay algunas selecciones para el que quiera profundizar.
Etchecopar es bonaerense, ligeramente cincuentona y, en alguna foto que he visto de ella, se parece bastante a una novia que yo tuve. Tiene un verso fino, a ratos muy argentino y a ratos no tanto y, sin duda, una voz poética tremendamente lúcida a la que merece la pena seguir la pista.
Y que viva y escriba por muchos años. Lo digo porque últimamente, poeta que reseño en El Sindicato, poeta que pasa a criar malvas.
Un poeta de Etchecopar:
Etchecopar es bonaerense, ligeramente cincuentona y, en alguna foto que he visto de ella, se parece bastante a una novia que yo tuve. Tiene un verso fino, a ratos muy argentino y a ratos no tanto y, sin duda, una voz poética tremendamente lúcida a la que merece la pena seguir la pista.
Y que viva y escriba por muchos años. Lo digo porque últimamente, poeta que reseño en El Sindicato, poeta que pasa a criar malvas.
Un poeta de Etchecopar:
una mesa
el ruido de un tren al irse una ciudad
una mano
no sabe cómo se entra
pero abre tus lágrimas
y vuelve con tu rostro a la tierra
25 de mayo de 2009
Benedetti reloaded

Por ir cerrando el asunto Benedetti, reseño un reportaje a doble página publicado hoy en El Diario Vasco. La novedad respecto a otros muchos artículos aparecidos en la prensa es que éste no es puramente hagiográfico, lo cual es muy de agradecer.
Ah, y salimos nosotros. Si no insultaron a tiempo, no salen en la foto. Aunque, a modo de consuelo, pueden mentarme la parentela aquí debajo.
23 de mayo de 2009
22 de mayo de 2009
La lacerante verga del gladiolo
Llevo todo el santo día tratando de recordar el nombre de una poeta que escribe en español, que es de mediana edad, que tiene un apellido italiano, que es dueña de una poética lamentable y que escribe cosas un poco guarrillas. Como si fuera un tío salido, pero en tía.
Me sale Ana Rossetti pero no es Ana Rossetti, aunque encaje en la descripción. Es otra, tengo el nombre en la punta de la lengua y no doy con él. Tampoco es Cristina Peri Rossi, aunque también encaje en la descripción. Estoy desesperado. Como no encuentre el nombre, reviento. ¿Alguien me ayuda?
Bueno, pongo un poema guarro de Rossetti. Leche adolescente para todos y todas.
Me sale Ana Rossetti pero no es Ana Rossetti, aunque encaje en la descripción. Es otra, tengo el nombre en la punta de la lengua y no doy con él. Tampoco es Cristina Peri Rossi, aunque también encaje en la descripción. Estoy desesperado. Como no encuentre el nombre, reviento. ¿Alguien me ayuda?
Bueno, pongo un poema guarro de Rossetti. Leche adolescente para todos y todas.
Flores, pedazos de tu cuerpo;
me reclamo su savia.
Aprieto entre mis labios
la lacerante verga del gladiolo.
Cosería limones a tu torso,
sus durísimas puntas en mis dedos
como altos pezones de muchacha.
Ya conoce mi lengua las más suaves estrías de tu oreja
y es una caracola.
Ella sabe a tu leche adolescente,
y huele a tus muslos.
En mis muslos contengo los pétalos mojados
de las flores. Son flores pedazos de tu cuerpo.
21 de mayo de 2009
Vendetta!
A cuchillo y con toda la caballería han saltado a la palestra algunos de esos poetas deudores de los muchos premios y enjuagues que controla y reparte la factoría de Chus Visor. Uno se pone malicioso: ¿y si Gamoneda publicara su poesía en esa casa y no en otras editoriales le habrían saltado al cuello con idéntica celeridad los amigos de Luis García Montero? [...] Pondría la mano en el fuego por Gamoneda: no creo que expresar nuestra opinión sobre algún aspecto concreto de la obra de un colega sea motivo de linchamiento público. Aunque a Gamoneda haya muchos que estaban esperando ajustarle cuentas hace tiempo [completo en su blog].
Pepo Paz, entre otras cosas, admirador de Benedetti.
20 de mayo de 2009
Tú a mí eso no me lo dices en la calle
La flor y nata de la poesía española le ha dicho a Gamoneda que deje de porculear y que se sume, como es su obligación, al Rebaño de Adoradores de Benedetti del Último Verso. O que lo excomulgan. O lo echan de España.
¿Quiénes? Quienes van a ser. Los de siempre.
¿Quiénes? Quienes van a ser. Los de siempre.
Era la verdad pura
Hoy, leyendo todos esos comentarios en los que ustedes desean lo peor para mí y para tres o cuatro generaciones tras de mí, me ha dado por pensar que si Mario Benedetti hubiera sido un buen poeta, habría sido Susana Thénon. Quizás sea una asociación un tanto absurda, pero no puedo quitármela de la cabeza. No sé, pero cuantas más vueltas le doy, más tengo la impresión de que todo encaja.
Vale, es cierto que Thénon es infinitamente más sofisticada que Benedetti (lo cual, dicho sea de paso, no es difícil), pero, a ratos, parece como si alguien hubiera venido por la noche y hubiera arreglado los poemas fallidos del viejo.
¿Que no? Miren, miren:
Vale, es cierto que Thénon es infinitamente más sofisticada que Benedetti (lo cual, dicho sea de paso, no es difícil), pero, a ratos, parece como si alguien hubiera venido por la noche y hubiera arreglado los poemas fallidos del viejo.
¿Que no? Miren, miren:
Iris golpeó la tierra con una larga vara blanca
Y subió por su propia cabellera.
El espacio giró a su alrededor.
El espacio era un ser de infinitas dimensiones
Que despertaba y bailaba a su conjuro.
Entonces comprendí que me había encontrado
Con la danza.
Era más, mucho más que la belleza.
Era la verdad pura.
Me alegré de estar viva y nunca la abandoné.
19 de mayo de 2009
El hijo varón de las rosas
Por seguir con poetas uruguayos muertos y con la intención de alternar entre malos y buenos, pongo hoy aquí un poema de Marosa di Giorgio. No es la primera vez que la cito en El Sindicato ni va a ser la última, porque, si nada lo remedia, Marosa se va a convertir en una de las sacerdotisas a las que pienso rendir culto hasta que me muera yo mismo o me convierta en uruguayo. Lo que primero suceda.
Di Giorgio practica una poesía complicada de pillar, pero hipnótica una vez que le has cogido el tranquillo. A mí me encanta, me deslumbra, me hace sentir cosas que poca gente logra. Léanla, por el amor de Dios. Ahora.
Di Giorgio practica una poesía complicada de pillar, pero hipnótica una vez que le has cogido el tranquillo. A mí me encanta, me deslumbra, me hace sentir cosas que poca gente logra. Léanla, por el amor de Dios. Ahora.
Este melón es una rosa,
este perfuma como una rosa,
adentro debe tener un ángel
con el corazón y la cintura siempre en llamas.
Este es un santo,
vuelve de oro y de perfume
todo lo que toca;
posee todas las virtudes, ningún defecto,
Yo le rezo,
después lo voy a festejar en un poema.
ahora, sólo digo lo que él es:
un relámpago,
un perfume,
el hijo varón de las rosas.
18 de mayo de 2009
Obituario: Benedetti, el peor poeta del mundo
¿Es ético alegrarse de que alguien muera? A poco sentido común que uno tenga, la respuesta es no. Aunque técnicamente al finado ya le dé igual, hay que guardar un poquito de respeto por los que han pasado a mejor vida. Al menos, por estética.
Sin embargo, una cosa es mantener las formas y otra, bien distinta, emprender el estúpido ejercicio de glosar lo inglosable. Eso sí que no. Yo, desde luego, no pienso hacerlo.
Se ha muerto Benedetti, y aunque no celebro que una persona muera, sí me alegro de que su voz poética se extinga de una maldita vez. Porque Benedetti es responsable (cierto que con mucha colaboración externa) de abrir la puerta a la mediocridad, la ñoñez, y la insuficiencia intelectual en la poesía contemporánea en español. Ni más, ni menos.
Benedetti ha hecho mucho daño a la poesía porque ha hecho creer a muchos poetas que podían serlo sólo deseándolo. Y a muchos lectores que podrían serlo por idéntico procedimiento. No hacía falta nada más y se extirpaba, de un plumazo, el talento de la expresión literaria: lectora y escritora. Poesía era lo que uno decía que era poesía y la circunstancia pesaba más que la calidad. Así, se concluía rápidamente: fue represaliado por los militares, ergo es un buen poeta.
Y no. Benedetti nunca fue un buen poeta. Fue un poeta malo y sin talento que ni siquiera tuvo capacidad para reconocer su nula valía. Él escribió sus versos horrendos hasta el final, convencido de que lo que estaba haciendo merecía la pena. Por eso, sólo por eso, yo me alegro de que, Mario, hayas dejado de dar la lata de una puta vez. Descansa en paz. Descansemos todos en paz.
Sin embargo, una cosa es mantener las formas y otra, bien distinta, emprender el estúpido ejercicio de glosar lo inglosable. Eso sí que no. Yo, desde luego, no pienso hacerlo.
Se ha muerto Benedetti, y aunque no celebro que una persona muera, sí me alegro de que su voz poética se extinga de una maldita vez. Porque Benedetti es responsable (cierto que con mucha colaboración externa) de abrir la puerta a la mediocridad, la ñoñez, y la insuficiencia intelectual en la poesía contemporánea en español. Ni más, ni menos.
Benedetti ha hecho mucho daño a la poesía porque ha hecho creer a muchos poetas que podían serlo sólo deseándolo. Y a muchos lectores que podrían serlo por idéntico procedimiento. No hacía falta nada más y se extirpaba, de un plumazo, el talento de la expresión literaria: lectora y escritora. Poesía era lo que uno decía que era poesía y la circunstancia pesaba más que la calidad. Así, se concluía rápidamente: fue represaliado por los militares, ergo es un buen poeta.
Y no. Benedetti nunca fue un buen poeta. Fue un poeta malo y sin talento que ni siquiera tuvo capacidad para reconocer su nula valía. Él escribió sus versos horrendos hasta el final, convencido de que lo que estaba haciendo merecía la pena. Por eso, sólo por eso, yo me alegro de que, Mario, hayas dejado de dar la lata de una puta vez. Descansa en paz. Descansemos todos en paz.
17 de mayo de 2009
Que piensen ellos
Vivimos en una cultura visual que privilegia la rapidez, el vértigo, la sucesión vertiginosa de las imágenes, que muestra incluso cansancio o impaciencia cuando esas imágenes no fluyen a la velocidad debida. Sin embargo, esa rapidez no se traduce en complejidad o sutileza, en una sintaxis que nos permita movernos por las grietas de tales imágenes, explorar su revés o su brillo, el silencio que llevan adheridas.
Jordi Doce (sigue en su blog).
14 de mayo de 2009
Hasta que el Musgo nos llegó a los labios
Cuesta pensar que una señora soltera, mayor, sola y vestida de negro escribiera cosas tan alucinantes como la que hoy voy a citar, y no se las enseñara nunca a nadie.
Este poema va de alguien que ha muerto y ha sido enterrado. Al poco, otro muerto es ubicado justo al lado. Se ponen a conversar y resulta que uno la ha palmado por la Belleza y el otro por la Verdad. Parece que necesitan consuelo, así que concluyen que tanto Belleza como Verdad vienen a ser la misma cosa. Podríamos discutírselo, pero saldríamos perdiendo porque los muertos tienen mucho tiempo libre y este tipo de discusiones se ganan siempre por agotamiento del contrario.
Bien, en éstas están cuando llega la acojonantemente bella estrofa final. Dice así:
A mí me parece flipante. Una señora de mediana edad hace un siglo en una habitación de la casa de su padre. Sola. Sin ningún tipo de expectativa.
Este poema va de alguien que ha muerto y ha sido enterrado. Al poco, otro muerto es ubicado justo al lado. Se ponen a conversar y resulta que uno la ha palmado por la Belleza y el otro por la Verdad. Parece que necesitan consuelo, así que concluyen que tanto Belleza como Verdad vienen a ser la misma cosa. Podríamos discutírselo, pero saldríamos perdiendo porque los muertos tienen mucho tiempo libre y este tipo de discusiones se ganan siempre por agotamiento del contrario.
Bien, en éstas están cuando llega la acojonantemente bella estrofa final. Dice así:
And so, as Kinsmen, met a Night --
We talked between the Rooms --
Until the Moss had reached our lips --
And covered up -- our names –
Traducido (por Ezequiel Zaidenwerg):
Y así, como Parientes que una Noche se conocen --
de un Cuarto al otro hablamos --
hasta que el Musgo nos llegó a los labios --
y cubrió -- nuestros nombres –
A mí me parece flipante. Una señora de mediana edad hace un siglo en una habitación de la casa de su padre. Sola. Sin ningún tipo de expectativa.
13 de mayo de 2009
La Otra Sentimentalidad o cómo cocinar sin saber encender el fuego
Mi hija y yo llevamos meses enganchados a un concurso que ponen en la tele de lunes a viernes. La dinámica es muy sencilla: cada uno de los concursantes cocina y recibe en su casa a los demás y los demás le puntúan por ello. El que más puntos obtiene, gana el concurso.
Mi hija y yo mantenemos posturas divergentes y encontradas respecto al concurso: yo defiendo que, dado que se trata de un concurso donde hay que cocinar para otros y hacerles pasar una velada agradable, es necesario, como mínimo, saber cocinar y tener buena conversación; mi hija apunta en sentido contrario y no ve la relación directa entre participar en un concurso de cocina y saber cocinar. Y lo lleva a misa.
Antes de que todo el mundo piense que mi hija no rige bien, tengo que decir que la criatura no habla por hablar: dice lo que ve. Y lo que ve es decenas y decenas de concursantes que no saben freír un huevo y que no entienden que esto sea un obstáculo para participar en un concurso de cocina. Ayer, incluso, salió una tía que no sólo no había agarrado el mango de una sartén en su vida, sino que parecía que consideraba al género humano como algo más bien molesto en su existencia. Sí, la gente participa voluntariamente en este concurso.
¿Adónde quiero llegar con todo esto? A que ya da lo mismo lo que sepas hacer. Lo importante es cómo sabes vender tu inoperancia. Viene esto a cuento de que, el otro día, un lector de El Sindicato sacó a colación un asunto que yo ya había olvidado: La Otra Sentimentalidad. Uno de los casos más flagrantes de timo poético del último siglo. Algo que, visto con el distanciamiento que dan los años, es como para ir a mear y no echar gota.
La Otra Sentimentalidad fue una estrategia lanzada por varios poetas (terriblemente mediocres algunos; malos de solemnidad el resto) para situarse en primera línea del plano literario sin más capital que un morro de aquí a Antioquia.
El plan era sencillo: dado que escribimos con el culo y que jamás lograremos hacer algo que realmente merezca la pena, dotemos a nuestra obrita de un corolario sesudo-teórico que, bien engordado, amordace a todo aquel que pretenda poner a caldo nuestros ripios de pacotilla.
¡Y les funcionó! Acojonante, pero les salió bien. Con Luis García Montero a la cabeza, unieron, manifiesto mediante, su poética a la de Antonio Machado o a la de Rafael Alberti. Una vez pillado el tranquillo al asunto, no resultó difícil: bastaba con lanzar la primera insensatez que se te pasara por la cabeza, pero redactada como si pareciera algo realmente importante. Por ejemplo:
¿Mola, eh? Pues con esta idiotez como un templo de grande, los tipos de La Otra Sentimentalidad hicieron fortuna. Vaya que si la hicieron... De hecho, a alguno le dura la suerte hasta hoy mismo.
La memez de arriba no quiere decir nada. Es un párrafo vacío, pero que leído de seguido, impresiona. ¡Hostia puta!, te dices. Esta gente sabe lo que se trae entre manos. Démosles una subvención o algo. Rápidamente, antes de que se enfríen.
Luego resultó que la poesía de estos tipos era de medio pelo. Por ejemplo, estos versos chorras de Javier Egea (completo, aquí):
Pues mira tú qué bien. Si me encuentran en la estrofa de arriba los conceptos de historia y reflexión moral que estos tipos exudaban por cada poro de su piel, les invito a cenar a todos en mi casa. Y hasta cocino yo mismo. Sólo sé cocer macarrones pero desde la más íntima reflexión moral. ¡Y con queso parmesano!
Mi hija y yo mantenemos posturas divergentes y encontradas respecto al concurso: yo defiendo que, dado que se trata de un concurso donde hay que cocinar para otros y hacerles pasar una velada agradable, es necesario, como mínimo, saber cocinar y tener buena conversación; mi hija apunta en sentido contrario y no ve la relación directa entre participar en un concurso de cocina y saber cocinar. Y lo lleva a misa.
Antes de que todo el mundo piense que mi hija no rige bien, tengo que decir que la criatura no habla por hablar: dice lo que ve. Y lo que ve es decenas y decenas de concursantes que no saben freír un huevo y que no entienden que esto sea un obstáculo para participar en un concurso de cocina. Ayer, incluso, salió una tía que no sólo no había agarrado el mango de una sartén en su vida, sino que parecía que consideraba al género humano como algo más bien molesto en su existencia. Sí, la gente participa voluntariamente en este concurso.
¿Adónde quiero llegar con todo esto? A que ya da lo mismo lo que sepas hacer. Lo importante es cómo sabes vender tu inoperancia. Viene esto a cuento de que, el otro día, un lector de El Sindicato sacó a colación un asunto que yo ya había olvidado: La Otra Sentimentalidad. Uno de los casos más flagrantes de timo poético del último siglo. Algo que, visto con el distanciamiento que dan los años, es como para ir a mear y no echar gota.
La Otra Sentimentalidad fue una estrategia lanzada por varios poetas (terriblemente mediocres algunos; malos de solemnidad el resto) para situarse en primera línea del plano literario sin más capital que un morro de aquí a Antioquia.
El plan era sencillo: dado que escribimos con el culo y que jamás lograremos hacer algo que realmente merezca la pena, dotemos a nuestra obrita de un corolario sesudo-teórico que, bien engordado, amordace a todo aquel que pretenda poner a caldo nuestros ripios de pacotilla.
¡Y les funcionó! Acojonante, pero les salió bien. Con Luis García Montero a la cabeza, unieron, manifiesto mediante, su poética a la de Antonio Machado o a la de Rafael Alberti. Una vez pillado el tranquillo al asunto, no resultó difícil: bastaba con lanzar la primera insensatez que se te pasara por la cabeza, pero redactada como si pareciera algo realmente importante. Por ejemplo:
El grueso de la concepción poética de este grupo viene marcado por los conceptos de historia y reflexión moral. Y es que la poesía es el resultado de un proceso de reflexión moral, de búsqueda, pero también es producto de un sujeto, un sujeto que escribe en un momento determinado de la historia [fuente].
¿Mola, eh? Pues con esta idiotez como un templo de grande, los tipos de La Otra Sentimentalidad hicieron fortuna. Vaya que si la hicieron... De hecho, a alguno le dura la suerte hasta hoy mismo.
La memez de arriba no quiere decir nada. Es un párrafo vacío, pero que leído de seguido, impresiona. ¡Hostia puta!, te dices. Esta gente sabe lo que se trae entre manos. Démosles una subvención o algo. Rápidamente, antes de que se enfríen.
Luego resultó que la poesía de estos tipos era de medio pelo. Por ejemplo, estos versos chorras de Javier Egea (completo, aquí):
Yo vi tantas estrellas como ella puso siempre
en aquel cielo raso como un paño de tul.
Ella llevaba el pelo como la Janis Joplin
y los labios morados como el Parfait-Amour.
Pues mira tú qué bien. Si me encuentran en la estrofa de arriba los conceptos de historia y reflexión moral que estos tipos exudaban por cada poro de su piel, les invito a cenar a todos en mi casa. Y hasta cocino yo mismo. Sólo sé cocer macarrones pero desde la más íntima reflexión moral. ¡Y con queso parmesano!
12 de mayo de 2009
Tropiezan de noche con los huesos de los muertos
Jordi Doce ha traducido de nuevo a William Blake, lo cual, en sí, es una buena noticia. Yo recuerdo haber leído mucho a Blake cuando era joven, no sé si seducido por su poesía o por sus grabados. De hecho, debería tener algún volumen por alguna parte (y lo cierto es que si no fuera por esta astenia primaveral que me tiene hecho polvo, lo buscaría para comparar la traducción antigua con la de Doce). Aunque quizás el ejemplar no haya sobrevivido a una de mis razzias libreras, previas a la Solución Final que tengo proyectada para mi biblioteca: el libro es un maldito atraso; cada día estoy más convencido de ello. Ocupan demasiado espacio y la mayoría están mal escritos.
A lo que iba: la traducción de Doce tiene una pinta de puta madre y estaría dispuesto a comprarla en e-book, pero dudo de que algo así sea posible en algún momento. Porca miseria!
Un pedacito de un poema de Blake (completo, aquí) que te hace apretar el culo:
A lo que iba: la traducción de Doce tiene una pinta de puta madre y estaría dispuesto a comprarla en e-book, pero dudo de que algo así sea posible en algún momento. Porca miseria!
Un pedacito de un poema de Blake (completo, aquí) que te hace apretar el culo:
Tropiezan de noche con los huesos de los muertos,
sienten no saben qué, mas se preocupan:
y desean guiar a los demás cuando debieran ser guiados.
11 de mayo de 2009
Pongo la radio, escucho una canción
Atención: ¿quién puede elogiar, sin rubor, la mala poesía? Alguien que, sin rubor, la practica. Que la escribe desde el íntimo convencimiento de estar creando algo maravilloso y floribundo. No, no hablo de Luis García Montero, amigos (aunque bien podría).
Hablo de Benjamín Prado, poeta. Poeta de los malos. De los que llaman poesía a algo que ni de coña es poesía. De los que llaman poesía a esto (completo aquí):
Acojona, ¿eh? Pues el poema, sigue. Sigue igual de mal. Recuerden: por mucho que lo intenten (y lo van a intentar), que nadie les engañe. La mala poesía es sólo mala poesía. Te llames Benedetti, Prado o García Montero.
Pero la culpa no la tienen ellos (aunque también). La culpa es de los descerebrados que describen a esto como literatura. De los que leen "escucho una canción de Patti Smith dar vueltas dentro de Patti Smith igual que un gato en una lavadora" y se les pone dura. Y no. Eso es un estupidez, por muy en verso que esté. Ni transmite belleza, ni causa sensación alguna, ni nada de nada. Hay que decirlo más: esto da pena. Y vergüenza ajena.
La literatura es otra cosa. La poesía es otra cosa: si Prado pudiera escribir dos versos, sólo dos versos, a la altura de Idea Vilariño o de Alejandra Pizarnik, yo iba de rodillas hasta su casa y le pedía perdón por ponerle a caldo. Pero, vamos, dudo mucho de que algo así pueda suceder algún día. Si cualquier memez cuela como alta literatura y nadie parece dispuesto a objetar nada, démonos por jodidos.
Recuerden esto en los momentos más duros: Estamos en misión del Señor.
Hablo de Benjamín Prado, poeta. Poeta de los malos. De los que llaman poesía a algo que ni de coña es poesía. De los que llaman poesía a esto (completo aquí):
Estamos en invierno y esto es Roma
y tú no estás.
Yo voy de un lado a otro
de tu nombre,
lo mismo
que un oso en una jaula;
marco un número;
pongo la radio, escucho una canción
de Patti Smith dar vueltas dentro de Patti Smith
igual que un gato en una lavadora.
Acojona, ¿eh? Pues el poema, sigue. Sigue igual de mal. Recuerden: por mucho que lo intenten (y lo van a intentar), que nadie les engañe. La mala poesía es sólo mala poesía. Te llames Benedetti, Prado o García Montero.
Pero la culpa no la tienen ellos (aunque también). La culpa es de los descerebrados que describen a esto como literatura. De los que leen "escucho una canción de Patti Smith dar vueltas dentro de Patti Smith igual que un gato en una lavadora" y se les pone dura. Y no. Eso es un estupidez, por muy en verso que esté. Ni transmite belleza, ni causa sensación alguna, ni nada de nada. Hay que decirlo más: esto da pena. Y vergüenza ajena.
La literatura es otra cosa. La poesía es otra cosa: si Prado pudiera escribir dos versos, sólo dos versos, a la altura de Idea Vilariño o de Alejandra Pizarnik, yo iba de rodillas hasta su casa y le pedía perdón por ponerle a caldo. Pero, vamos, dudo mucho de que algo así pueda suceder algún día. Si cualquier memez cuela como alta literatura y nadie parece dispuesto a objetar nada, démonos por jodidos.
Recuerden esto en los momentos más duros: Estamos en misión del Señor.
1 de mayo de 2009
In saecula saeculorum
Me he dado cuenta, como si de una revelación se tratara, de que, ahora que se aproxima el fin del mundo y que todos vamos a morir de gripe porcina, los poetas góticos adquieren una nueva dimensión. Nos faltaban los ojos necesarios para verlos adecuadamente. Ahora, sólo ahora, con la muerte echándonos el aliento en la nuca, comprendemos la grandiosa maestría de unos versos de los que, hasta anteayer, hacíamos mofa.
Así que, por si el día de mañana no llega, les dejo con un poema del nunca bien ponderado Ernest Dowson (aquí, el original en inglés). Estremece pensar cuánta sabiduría se reúne en él. Cuánta belleza crepuscular.
Que ustedes se mueran bien.
Así que, por si el día de mañana no llega, les dejo con un poema del nunca bien ponderado Ernest Dowson (aquí, el original en inglés). Estremece pensar cuánta sabiduría se reúne en él. Cuánta belleza crepuscular.
Que ustedes se mueran bien.
Una última palabra
Vayamos entonces: la noche está a nuestro alcance;
El día yace exhausto, todas las aves han volado;
Y nosotros hemos cosechado la siembra de los dioses;
Muerte y desesperación, honda oscuridad sobre la tierra
Jóvenes como el búho, no podemos comprender
Ni el llanto ni la risa, pues sólo conocemos la vanidad:
Que ha impulsado nuestra perversa desolación.
Vayamos entonces: hacia un ignoto sitio, extraño y frío;
A las Tierras Vacías, donde los justos e injustos
Encuentran su fin, donde descansan los viejos;
Liberados del amor, del miedo y la lujuria.
Unamos las manos desgarradas, roguemos al suelo que rodee
Nuestros corazones enfermos y los disuelva en polvo.
30 de abril de 2009
Mario Benedetti, probablemente el peor poeta del mundo
Una de mis pesadillas más recurrentes es que soy el niño de Werther's Original y que Mario Benedetti, transformado en el siniestro abuelo de los caramelos envenenados, insiste, una y otra vez, en, como su abuelo hacía con él, leerme unos poemas infantiloides y cursis hasta la arcada.
Y es que, amigos, yo no soporto a Benedetti. Ya está dicho. Su poesía me parece pedante, odiosa, pueril, cargante, malograda, cansina y aburrevacas. Sobre todo, aburrevacas. Porque, hay que decirlo alto y claro, Benedetti es un poeta de medio pelo al que una legión de indolentes con poco o nula experiencia lectora ha encumbrado más allá de todo lo razonable. Y me lo he leído, que conste. He leído de Benedetti mucho más de lo que cualquiera en su sano juicio leería: pero, precisamente, con la intención de hallar en él algo de eso que los demás dicen encontrar y que yo no veo ni aunque mire con lupa. Porque siempre hallo lo mismo: versos ramplones para solteronas a falta de un buen polvo. Un ejemplo:
Etc. El poema sigue durante un buen rato, pero se lo ahorro a ustedes porque es más de lo mismo: vacuidades puestas en verso que no cuelan ni aunque uno haga un esfuerzo sobrehumano.
Por eso, amigos, es bueno detestar al abuelito de los caramelos envenados.
Y es que, amigos, yo no soporto a Benedetti. Ya está dicho. Su poesía me parece pedante, odiosa, pueril, cargante, malograda, cansina y aburrevacas. Sobre todo, aburrevacas. Porque, hay que decirlo alto y claro, Benedetti es un poeta de medio pelo al que una legión de indolentes con poco o nula experiencia lectora ha encumbrado más allá de todo lo razonable. Y me lo he leído, que conste. He leído de Benedetti mucho más de lo que cualquiera en su sano juicio leería: pero, precisamente, con la intención de hallar en él algo de eso que los demás dicen encontrar y que yo no veo ni aunque mire con lupa. Porque siempre hallo lo mismo: versos ramplones para solteronas a falta de un buen polvo. Un ejemplo:
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.
Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.
Etc. El poema sigue durante un buen rato, pero se lo ahorro a ustedes porque es más de lo mismo: vacuidades puestas en verso que no cuelan ni aunque uno haga un esfuerzo sobrehumano.
Por eso, amigos, es bueno detestar al abuelito de los caramelos envenados.
28 de abril de 2009
Adiós a Idea
Por cierto, gracias a un lector, me entero de que la gran Idea Vilariño ha pasado a mejor vida. Leo en una nota de prensa que estuvo liada con Juan Carlos Onetti (cosa que no sabía) y que Mario Benedetti también está con la salud jodida (cosa que me importa un cojón de mico).
Reproduzco el poema que el lector de El Sindicato ha tenido a bien seleccionar para la ocasión:
Reproduzco el poema que el lector de El Sindicato ha tenido a bien seleccionar para la ocasión:
La vergüenza
el bochorno
de no tener excusas
porque esto esto
maldita sea
esto
es gratuito
gratuito.
(Del libro No, 1980)
Seeds
Llevo varios días bastante enfermo y sólo hoy he podido abrir el portátil (aunque sin moverme de la cama). ¿Han oído hablar de la gripe porcina? Pues la mía es elefantiásica, dado lo jodido que me encuentro. No sé si saldré de esta.
El caso es que cuando tengo mucha fiebre y estoy realmente mal, me da por pensar que no somos nada. Lo vulnerables que nos encontramos ante la deriva del tiempo y el espacio. Nuestra nula imbricación en el plan maestro del Gran Hacedor. Gilipolleces así.
Y me da por pensar en Raymond Carver. No sé por qué, pero a Carver siempre lo he visto como el más frágil y desasistido de los hombres. Físicamente aparentaba todo lo contrario, pero me da a mí que por dentro era de cristal. No era para menos, dada la mala vida que le daba su parentela (y que se había dado él).
Hay un poema que plasma estupendamente ese no ser nada carveriano. Está en Winter Insomnia, el primer poemario escrito por el gran Ray. Si la crisis no les afecta en exceso o son funcionarios públicos, pueden hacerse con una edición original del libro a partir de US$ 140. Regalado, vamos.
El caso es que cuando tengo mucha fiebre y estoy realmente mal, me da por pensar que no somos nada. Lo vulnerables que nos encontramos ante la deriva del tiempo y el espacio. Nuestra nula imbricación en el plan maestro del Gran Hacedor. Gilipolleces así.
Y me da por pensar en Raymond Carver. No sé por qué, pero a Carver siempre lo he visto como el más frágil y desasistido de los hombres. Físicamente aparentaba todo lo contrario, pero me da a mí que por dentro era de cristal. No era para menos, dada la mala vida que le daba su parentela (y que se había dado él).
Hay un poema que plasma estupendamente ese no ser nada carveriano. Está en Winter Insomnia, el primer poemario escrito por el gran Ray. Si la crisis no les afecta en exceso o son funcionarios públicos, pueden hacerse con una edición original del libro a partir de US$ 140. Regalado, vamos.
Semillas
Intercambio nerviosas miradas
con el hombre que le vende
semillas de sandía a mi hija.
La sombra de un pájaro pasa
sobre nuestras manos.
El vendedor levanta el látigo &
se apura tras de su viejo caballo
rumbo a Beersheba.
Me ofreciste las semillas que escogí.
Ya has olvidado al hombre
el caballo
las sandías mismas &
algo invisible fue la sombra
entre el vendedor & mí mismo.
Acepto tu don aquí
sobre el camino seco.
Alargo la mano para recibir
tu bendición.
24 de abril de 2009
No pero sí
Otro poema de Idea Vilariño la mar de chulo. Esta tía me gusta cada día más.
Decir no
decir no
atarme al mástil
pero
deseando que el viento lo voltee
que la sirena suba y con los dientes
corte las cuerdas y me arrastre al fondo
diciendo no no no
pero siguiéndola.
23 de abril de 2009
Breve ejercicio espiritual para los que estén hasta los mismísimos del Día del Libro
Dado este magnífico ejemplo de convivencia entre artes tan dispares como la fotografía y la poesía, responder en menos de cinco segundos qué me gusta más, la foto o el poema.
Pista: Yoko Ono no mola.
Pista: Yoko Ono no mola.
22 de abril de 2009
Aun después que yo haya muerto y ya no pueda oírlos
Otro poeta de medio pelo que, al igual que Yevtushenko, triunfó, es Amy Lowell. Lowell no escribió grandes poemas. De hecho, alguno de los que he leído ni siquiera tienen un pase. Parecen sacados directamente de una antología de poesía joven latinoamericana. Lo peor, vamos. Pero la señora fue todo un personaje.
Lesbiana sin complejos (a principios del siglo XX), adinerada, gorda y con una mala hostia que hacía que en su casa volaran las sartenes un día sí y otro día también, se dedicó a arrear sopapos a diestro y siniestro, y no tuvo reparos en, brazos en jarras, soltarle cuatro frescas al mismísimo Ezra Pound. Con un par de ovarios. Yo, de haberla conocido, me habría mantenido a distancia. Por si las moscas.
Escribió esto (completo aquí):
Sin embargo, y a pesar de que, como puede observarse, dejó sentado por escrito que cuando ella muriera, ya nada más podría oír, algunos no se tomaron demasiado en serio sus palabras. Entre ellos, los miembros del jurado del premio Pulitzer (compuesto probablemente por unos cuantos hombrecillos asustadizos) que, temiendo que Lowell no estuviera muerta del todo, se levantara de su tumba y fuera, más gorda e iracunda que nunca, a aplastarles a todos bajo una sola de sus tetas, decidieron otorgarle el premio a título póstumo. Cobardes, sí; pero vivos. Sabia gente.
Lesbiana sin complejos (a principios del siglo XX), adinerada, gorda y con una mala hostia que hacía que en su casa volaran las sartenes un día sí y otro día también, se dedicó a arrear sopapos a diestro y siniestro, y no tuvo reparos en, brazos en jarras, soltarle cuatro frescas al mismísimo Ezra Pound. Con un par de ovarios. Yo, de haberla conocido, me habría mantenido a distancia. Por si las moscas.
Escribió esto (completo aquí):
Mientras estoy aquí sentada en la quieta noche de verano,
de pronto, en la lejana carretera, se oye
el rechinar y el acelerar de un tranvía eléctrico.
Y, más lejos todavía,
el fuerte resoplar de una máquina,
seguido del desagarrado arrastrar de un tren de carga cambiando de vía.
Estos son los ruidos que hacen los hombres
en el largo ajetreo de la vida.
Seguirán haciendo siempre estos ruidos,
aun después que yo haya muerto y ya no pueda oírlos.
Sin embargo, y a pesar de que, como puede observarse, dejó sentado por escrito que cuando ella muriera, ya nada más podría oír, algunos no se tomaron demasiado en serio sus palabras. Entre ellos, los miembros del jurado del premio Pulitzer (compuesto probablemente por unos cuantos hombrecillos asustadizos) que, temiendo que Lowell no estuviera muerta del todo, se levantara de su tumba y fuera, más gorda e iracunda que nunca, a aplastarles a todos bajo una sola de sus tetas, decidieron otorgarle el premio a título póstumo. Cobardes, sí; pero vivos. Sabia gente.
Malos poetas con buena estrella
Yevgeny Yevtushenko es, sin duda alguna, el único poeta del mundo capaz de escribir en dos idiomas completamente ajenos el uno del otro (ruso y español), hacerlo rematadamente mal en ambos y salir en la portada de la revista Time enseñando el pajarito.
21 de abril de 2009
Bajo las alas hay un hombre
Joaquín, uno de esos lectores de El Sindicato que creen que su país (sea este el que sea) está siempre subrrepresentado en el blog, me pone sobre la pista de la poeta Marosa Di Giorgio. Y lo cierto es que el contacto con esta poesía me ha supuesto un pequeño shock por lo que de original tiene. Por lo rara que es. Como si nos hubiéramos ido de fiesta y se nos hubiera ido la mano con el LSD.
Y es que Di Giorgio hace cosas muy extrañas y, al mismo tiempo, muy sugerentes. A mí, a ratos me flipa. Marisa Avigliano describe así su particular visión de la escritura:
Bueno, pues algo así. Yo, por añadir algo, diría que lo mejor que hace Di Giorgio es moverse por el borde del abismo: si conservas el equilibrio, bordas una obra acojonante; si te caes, el hostiazo es de mil pares de cojones.
Un poema de Di Giorgio que representa bastante bien su trabajo y que a mí me encanta (aquí más).
Y es que Di Giorgio hace cosas muy extrañas y, al mismo tiempo, muy sugerentes. A mí, a ratos me flipa. Marisa Avigliano describe así su particular visión de la escritura:
"Perdida en el límite imposible de sueño y realidad, su poesía avanza enjoyando de rocío un bestiario nunca dicho, una pasión ilusoria, una torre que se inclina con tanta furia que logra arrastrar al cielo".
Bueno, pues algo así. Yo, por añadir algo, diría que lo mejor que hace Di Giorgio es moverse por el borde del abismo: si conservas el equilibrio, bordas una obra acojonante; si te caes, el hostiazo es de mil pares de cojones.
Un poema de Di Giorgio que representa bastante bien su trabajo y que a mí me encanta (aquí más).
Bajó una mariposa a un lugar oscuro; al parecer, de
hermosos colores; no se distinguía bien. La niña más chica
creyó que era una muñeca rarísima y la pidió; los otros
niños dijeron: -Bajo las alas hay un hombre.
Yo dije: -Sí, su cuerpo parece un hombrecito.
Pero, ellos aclararon que era un hombre de tamaño natural.
Me arrodillé y vi. Era verdad lo que decían los niños. ¿Cómo
cabía un hombre de tamaño normal bajo las alitas?
Llamamos a un vecino. Trajo una pinza. Sacó las alas. Y un
hombre alto se irguió y se marchó.
Y esto que parece casi increíble, luego fue pintado
prodigiosamente en una caja.
20 de abril de 2009
Poesía de ficción
La semana pasada estuve documentándome para una cosilla que tengo que escribir y, con la cosa del internet, en cuatro horas hice el trabajo que hace doce o quince años realizaba en una semana o dos. O más todavía: accedí a materiales a los que, por mucho que hubiera buscado por medios pre-internet, jamás habría encontrado. Sin ir más lejos, un montón de vídeos en YouTube.
He de reconocer que yo era de los que, en mis tiempos mozos, me documentaba un huevo. Ahora, paso más de todo y me voy inventando las cosas por el camino. Con tal de que no chirríen demasiado, da igual. Suele colar. Luego, cuando un periodista te pregunta "¿cuánto hay de realidad en su novela, joven?", tú juras y perjuras que todo es cierto al cien por cien. Por regla general, al periodista también se la suda lo que le respondas, así que aquí paz y arriba gloria.
Hablamos de novelas, ojo. Cuando se trata de una novela, hay lectores que toleran bien que te inventes cosas. Otros no. Y allá ellos. Lo bueno de la novela es que tú escribes lo que te sale del nabo y al que le guste, bien, y al que no, también.
Pero, ¿y qué pasa con la poesía? Pues es algo a lo que he estado atento desde hace ya mucho tiempo. Y mi conclusión es que, más veces de las que nos creemos, existe la poesía de ficción. Es decir, la poesía en la que el poeta se inventa, como hace el novelista, lo que pone sobre el papel. Y no me refiero a los poetas de la experiencia. Esos de "Salgo a la ventana / veo que ha comenzado a llover / y me entran ganas de hacerme una paja / oh maravillosa turgencia de tus senos incandescentes".
No, me refiero a poetas de sensaciones, de reflexiones, de interioridades y cosas por el estilo. La gente, amigos, se inventa sentimientos. Así, como lo cuento. Y escribe poemas a partir de ellos. Yo mismo lo hago. Piensas en algo y sientes algo que podrías sentir pero que, en realidad, no sientes. Y lo escribes. Lo cual, dicho sea de paso, es de puta madre, porque eso de estar sintiendo cosas superintensas todo el santo rato debe ser un coñazo.
Todo esto, y acabo, jode mucho a los partidarios de la mística de la Poesía. Esos que piensan que el poeta vive ensimismado en un interioridad tan rica como intensa. Y no. Los poetas, me temo, son, mirados de cerca, la cosa más corriente del mundo. Lo cual no evita que merezcamos vivir todos en grandiosas mansiones mantenidas por el Estado y sin tener que pagar impuestos.
Dejo un poema de Nelly Sachs y una pregunta de examen: ¿Son propios de Sachs los sentimientos que expresa en el poema o los ha tomado prestados de forma indirecta de algo que vio o de alguien con quien tuvo relación? Tienen media hora para contestar. Máximo, treinta líneas a doble espacio. Suerte.
He de reconocer que yo era de los que, en mis tiempos mozos, me documentaba un huevo. Ahora, paso más de todo y me voy inventando las cosas por el camino. Con tal de que no chirríen demasiado, da igual. Suele colar. Luego, cuando un periodista te pregunta "¿cuánto hay de realidad en su novela, joven?", tú juras y perjuras que todo es cierto al cien por cien. Por regla general, al periodista también se la suda lo que le respondas, así que aquí paz y arriba gloria.
Hablamos de novelas, ojo. Cuando se trata de una novela, hay lectores que toleran bien que te inventes cosas. Otros no. Y allá ellos. Lo bueno de la novela es que tú escribes lo que te sale del nabo y al que le guste, bien, y al que no, también.
Pero, ¿y qué pasa con la poesía? Pues es algo a lo que he estado atento desde hace ya mucho tiempo. Y mi conclusión es que, más veces de las que nos creemos, existe la poesía de ficción. Es decir, la poesía en la que el poeta se inventa, como hace el novelista, lo que pone sobre el papel. Y no me refiero a los poetas de la experiencia. Esos de "Salgo a la ventana / veo que ha comenzado a llover / y me entran ganas de hacerme una paja / oh maravillosa turgencia de tus senos incandescentes".
No, me refiero a poetas de sensaciones, de reflexiones, de interioridades y cosas por el estilo. La gente, amigos, se inventa sentimientos. Así, como lo cuento. Y escribe poemas a partir de ellos. Yo mismo lo hago. Piensas en algo y sientes algo que podrías sentir pero que, en realidad, no sientes. Y lo escribes. Lo cual, dicho sea de paso, es de puta madre, porque eso de estar sintiendo cosas superintensas todo el santo rato debe ser un coñazo.
Todo esto, y acabo, jode mucho a los partidarios de la mística de la Poesía. Esos que piensan que el poeta vive ensimismado en un interioridad tan rica como intensa. Y no. Los poetas, me temo, son, mirados de cerca, la cosa más corriente del mundo. Lo cual no evita que merezcamos vivir todos en grandiosas mansiones mantenidas por el Estado y sin tener que pagar impuestos.
Dejo un poema de Nelly Sachs y una pregunta de examen: ¿Son propios de Sachs los sentimientos que expresa en el poema o los ha tomado prestados de forma indirecta de algo que vio o de alguien con quien tuvo relación? Tienen media hora para contestar. Máximo, treinta líneas a doble espacio. Suerte.
Lenguas saladas del mar
lamen las perlas de nuestra enfermedad-
La rosa en el horizonte,
no del polvo,
sino de la noche,
se hunde en tu nacimiento-
Aquí en la arena
tu negra cifra
recubierta de tiempo
crece como cabello
todavía en la muerte-
18 de abril de 2009
El poeta, ese obrero incansable
A través del blog de Jorge, llego a una entrevista realizada al cansino Joan Margarit donde, una vez más, dice la primera sandez que se le pasa por la cabeza y la dice con la alegría del que cree estar regalándonos una verdad universal. ¿Que no? Al loro. Dice Margarit:
Muy bien. Esto, ¿dónde lo pone? Porque yo he mirado en la Enciclopedia Galáctica del Poeta Amateur y Profesional y no me viene. Ni por la T de trabajar enormemente ni por la L de lograr escribir un poema.
Margarit se lo inventa todo. O da por hecho que su experiencia es extensible a todos los planetas y exoplanetas conocidos. Y no. Aquí cada cual es de su padre y de su madre y escribe como quiere o como puede. Lo cual, además, es independiente por completo de los resultados. De hecho, y con esto rebato brillantemente la teoría de Margarit, muchos poetas han escrito poemas acojonantemente buenos sin apenas esfuerzo y muchos otros poetas se han dejado las pestañas durante decenios para no escribir ni un solo verso bueno (el propio Margarit, sin ir más lejos). Así que aquí no hay ecuaciones. No hay reglas. Esto va de que cada cual hace lo que le parece y luego los resultados son los que son.
Ya está. ¿Siguiente gilipollez?
El poeta debe ser poeta y luego debe trabajar enormemente para lograr escribir un poema.
Muy bien. Esto, ¿dónde lo pone? Porque yo he mirado en la Enciclopedia Galáctica del Poeta Amateur y Profesional y no me viene. Ni por la T de trabajar enormemente ni por la L de lograr escribir un poema.
Margarit se lo inventa todo. O da por hecho que su experiencia es extensible a todos los planetas y exoplanetas conocidos. Y no. Aquí cada cual es de su padre y de su madre y escribe como quiere o como puede. Lo cual, además, es independiente por completo de los resultados. De hecho, y con esto rebato brillantemente la teoría de Margarit, muchos poetas han escrito poemas acojonantemente buenos sin apenas esfuerzo y muchos otros poetas se han dejado las pestañas durante decenios para no escribir ni un solo verso bueno (el propio Margarit, sin ir más lejos). Así que aquí no hay ecuaciones. No hay reglas. Esto va de que cada cual hace lo que le parece y luego los resultados son los que son.
Ya está. ¿Siguiente gilipollez?
17 de abril de 2009
Liviano pájaro de luz
A través de Santiago, un lector de El Sindicato, he llegado a Idea Vilariño, una poeta uruguaya que, como denuncia el propio Santiago, vive en una residencia de ancianos sin que nadie se acuerde de ella. Deben estar esperando a que se muera. Luego, todo serán honores. Y lo serán, porque esta señora escribe de putísima madre. Acojonante, en serio. Y está viva.
Hay muchos más poemas aquí. Léetelos, ahora que puedes.
Buscamos
cada noche
con esfuerzo
entre tierras pesadas y asfixiantes
ese liviano pájaro de luz
que arde y se nos escapa
en un gemido.
Hay muchos más poemas aquí. Léetelos, ahora que puedes.
13 de abril de 2009
Poemas para perros medio tontos
Dentro del club de las poetas depresivas norteamericanas, a Jane Kenyon le dio por el rollo místico: creo que era católica (aunque no estoy demasiado seguro) y parece ser que el autoengaño religioso le sirvió para ir tirando hasta que una leucemia la mandó para el otro barrio. Si de vivir vidas estúpidas se trata, no soy el más apropiado para levantar la voz, pero lo de Kenyon me parece especialmente absurdo. La religión es la más cobarde de las resignaciones.
Sin embargo, escribió algunos poemas interesantes. Al menos, si no interesantes en sí mismos, sí interesantes en tanto en cuanto el punto de vista aportado es realmente original. Este es uno de ellos (aquí en inglés). Lo he traducido yo y, como era facilito, me ha servido para que me sienta un poco satisfecho de sí mismo. O, a lo mejor, ha sido cosa de Dios que, poniéndolo en mi camino, ha hecho en mí maravillas. Los caminos del Señor son inescrutables.
Sin embargo, escribió algunos poemas interesantes. Al menos, si no interesantes en sí mismos, sí interesantes en tanto en cuanto el punto de vista aportado es realmente original. Este es uno de ellos (aquí en inglés). Lo he traducido yo y, como era facilito, me ha servido para que me sienta un poco satisfecho de sí mismo. O, a lo mejor, ha sido cosa de Dios que, poniéndolo en mi camino, ha hecho en mí maravillas. Los caminos del Señor son inescrutables.
Galleta
El perro ha limpiado su tazón
y su recompensa es una galleta
que pongo en su boca
como un sacerdote ofrece la hostia.
¡No puedo soportar su rostro confiado!
Él pide pan, espera
pan y, si quisiera,
bien podría darle una piedra.
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