Pues con sus lápices y sus cuadernos estaba, cuando a Stein se le ocurrió una de las ideas más estúpidas del siglo XX: trasladar el cubismo a la literatura. Podía haberse contentado con escribir poesía corriente y moliente, pero no; Stein estaba rodeada todo el santo día de genios en ebullición y eso es algo que altera la perspectiva de cualquiera. Así que el cubismo a la literatura como que me llamo Gertrude.
El cubismo, sobra decirlo, fue un estilo tan esencialmente pictórico, que ni siquiera soportaba bien su traslación a la escultura. Simplemente: dejaba de tener sentido. Ello, por sí mismo, podía haber hecho reflexionar a Stein, pero es que Stein era de Pensilvania, así tampoco tenía por qué pararse a pensar demasiado.
Bueno, pues he aquí los resultados de los experimentos de Gertrude Stein. Pongo sólo un trocito, por no martirizar al amable lector. Si alguno entre el respetable quiere expiar algún pecadillo, puede leerse el poema completo aquí.
Quién vino primero, Napoleón primero.
Al presente.
Exactamente hacen.
Primero exactamente.
Exactamente hacen también.
Primero exactamente.
Y primero exactamente.
Exactamente hacen.
Y primero exactamente y exactamente.
Y hacen.
[Fragmento de Si le dijera: un retrato terminado de Picasso en traducción de Joaquín Ibarburu]
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