Blog más o menos desactualizado de Alber Vázquez. Para más emociones, estamos en Facebook. Ya, es que si ahora no estás ahí, no eres nadie.

2 de septiembre de 2009

Suicídate, tonto

Ayer, mi amiga Ana Lorenzo me envió un enlace a un listado de poetas suicidas. Así, sin más. Yo, la verdad, pensé que me animaba a seguir el ejemplo dado y, como no sé decirle que no a una mujer, corrí al baño en búsqueda de una cuchilla de afeitar. Por suerte (o por desgracia, si es que usted no me tiene en demasiado aprecio), la buena mujer me aclaró rápido la situación: "Que es sólo para que lo veas". "Ah, pues haber avisado antes".

Total, que me he entretenido un rato en mirar la lista de marras. A saber por qué, a los poetas no los lee ni Cristo, pero mola eso de que se lancen al río en plena desesperación. La más triste de las poesías que se torna realidad palpable, etc. A algunos críticos y al estrato más rudimentario de los lectores de poesía les encanta que un pobre diablo se mate. Hay que ser cabrón.

Descripción de uno de los decesos: "Murió desangrado en el psiquiátrico de Oña, en mayo de 1990, tras rebanarse el cuello con una lata de conservas". En serio: hay que ser muy retorcido y muy poco partidario del respeto mínimo que se le debe a un poeta para escribir algo así de alguien. Rebanarse el cuello, dice. Como yo me suicide y alguien escriba algo así de mí, juro que me levanto de la tumba y la monto gorda. Avisado queda todo el mundo.

Bueno, pues aquí dejo un poema [en inglés here] de John Berryman, otro que se hartó de tanta memez y puso tierra de por medio.
El sol corría en el cielo, el taxi voló;
había una especie de fiebre en el reloj
esa mañana. Llegamos a Waterloo
con tiempo de sobra y supe encontrar mi rumbo.

El café amargo en un pequeño restaurante
nos dio para conversar. Cuando el tren
comenzó a andar te vi volverte
y desaparecer, y las venas de mi cerebro

estallaron, el tren rugió, los demás pasajeros
saltaron presurosos, ardiendo el mudable aire
che si cruccia, oí los demonios maldecir
y chillar de alegría en ese lugar lejano a la súplica.

4 comentarios:

Ana Lorenzo dijo...

Si es que, Alber, te pierde el no saber decir que no a una chica; ¿pues no me dice que él no tenía pensado suicidarse pero, por no hacerme el feo? Verás qué peligro cuando tu novia, tu suegra, tus hijas, tus nietas, tu interventora de Hacienda y todas las demás se enteren de tu punto débil :-)
Bueno, a mí me gustó la «lista» porque aparecían muchos poetas que me gustan junto a otros que desconozco y porque los versos que ponían al lado de la descripción mínima del suicidio eran un poema en sí, y en algunos muy bueno.
Hala, no te preocupes que aun si te rebanaras el cuello, pondremos que se fue de esta vida con la cabeza bien alta y echando una mano (y ahora no lo interpretes como una sugerencia, ¿vale?).
Un beso.

Anónimo dijo...

Que buenas muertes, tan poderosas, no como nuestra fragil vida. Cada quien toma su vuelo a donde le dé la gana y como le dé la gana, tal vez no es una condena sino una salvación.

chapu dijo...

ajajaja. Como no decir no a Pizarnik, ni la muerte pudo.

Anónimo dijo...

Debes decir: Cómo decir no a Pizrnik, ni la muerte pudo.

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