Blog más o menos desactualizado de Alber Vázquez. Para más emociones, estamos en Facebook. Ya, es que si ahora no estás ahí, no eres nadie.

27 de febrero de 2009

Ser parte de Realidad

Es un lugar común asegurar (con el que estoy más o menos de acuerdo) que Jorge Luis Borges no fue un buen poeta. Y es cierto: se le nota constreñido, miedoso, demasiado pendiente de corsés y ataduras que, paradójicamente, se pasa por el forro de los cojones cuando escribe prosa. Es decir, que Borges es tan libre escribiendo relatos que, precisamente, de esa libertad absoluta y de ese talento descomunal, nace una prosa que para sí la quisiera cualquiera.

Pero el problema de ser Borges es que eres Borges todo el rato. Incluso cuando haces la lista de la compra. Por eso, aun reconociendo que su poesía es tan rígida que le desploma a uno el ánimo, a veces el Borges refulgente y asombroso sale a flote: sus temas están ahí, su instinto está ahí, su capacidad para urdir una idea está ahí y, en suma, todo lo que él es, se quiera o no se quiera, sale a la superficie.

Ahí va un poema de Borges que se titula Llaneza. Leedlo olvidándoos de la pastosidad que tiene el verso. Olvidaos de ese ritmo cansino y pesado: detrás de él está el gran Borges de las grandes ideas. Aunque, como en este caso, lo que nos cuenta sea algo simple y conmovedor. Y exactamente por eso y no por otra cosa, a esto le llamamos poesía.
Se abre la verja del jardín
con la docilidad de la página
que una frecuente devoción interroga
y adentro las miradas
no precisan fijarse en los objetos
que ya están cabalmente en la memoria.

Conozco las costumbres y las almas
y ese dialecto de alusiones
que toda agrupación humana va urdiendo.
No necesito hablar
ni mentir privilegios;
bien me conocen quienes aquí me rodean,
bien saben mis congojas y mi flaqueza.
Eso es alcanzar lo más alto,
lo que tal vez nos dará el Cielo:
no admiraciones ni victorias
sino sencillamente ser admitidos
como parte de una Realidad innegable,
como las piedras y los árboles.

26 de febrero de 2009

De nuestro corresponsal en Argentina: la cosa está fatal

El hombre de El Sindicato en la Argentina (que luego resultó ser una mujer, pero el hecho de que llevara bigote me mantuvo en el error durante meses; parece ser que, como las trenzas en las bolivianas o las cananas en los mexicanos, el bigote en las mujeres argentinas no es sino una peculiaridad étnica que merece todo nuestro respeto y apoyo), el hombre de El Sindicato en la Argentina, digo, me pone sobre la pista de lo que él llama "la nueva poesía argentina" y lo hace sin medias tintas: el asunto de su e-mail es "Para degollar". No digo más.

Me he tirado un buen rato leyendo toda esa poesía de medio pelo que nuestro hombre se ha tomado la molestia de seleccionarme y, sinceramente, no me siento con ánimo ni de enlazarla. El nivel es tan ínfimo, que resultaría cruel hasta para mí. Una cosa es sacudir sin piedad a los grandes prohombres de la literatura universal y otra bien distinta apalear al mindundi. No, tampoco es eso.

Sin embargo, la pregunta que me surge es la de siempre: ¿por qué la Argentina da voces acojonantes a la poesía mundial, gente que es prácticamente de otro mundo y, luego, por otro lado, lanza tras de sí una descomunal estela de mediocridad que sólo leerla ya provoca en uno arcadas?

¿Acaso no podrían hacer como, por ejemplo, Chile, que jamás ha dado un solo buen poeta al mundo? Eso es coherencia y saber estar. Resignarse y no mear contra el viento. Pero de eso, los argentinos saben bien poco.

25 de febrero de 2009

Fear and Loathing in Sevilla

Todo el mundo quiere fotografiarse con sus mitos. Cuando tu mito es un futbolista, quieres fotografiarte con tu futbolista favorito. Cuando tu mito es un cantante, quieres fotografiarte con tu cantante favorito.

Y cuando tu mito es un poeta, quieres fotografiarte con tu poeta favorito.

Aunque tu poeta favorito sea un pobre enfermo mental que lo único que merece y necesita son cuidados médicos. Y no aduladores fotografiándose junto a él para goce propio.

Os digo una cosa: Leopoldo María Panero no era capaz de comprender una sola cosa de todas las que escuchó. Y ahora, cinco días después, posiblemente ni recuerde lo que dijo. Pero vosotros tenéis las fotografías. Para el álbum familiar. Para mirarlas y sentiros grandes. Qué pena.

Aquí está colgado el set completo (necesitas registrarte para verlas, pero el registro es gratuito). Fotografías de y con Panero. Así, cuando la diñe, los ahí retratados podrán decir: "Mira, este soy yo con el mejor poeta español del siglo XX".

Y un vídeo, que en sí mismo ya constituye prueba suficiente como para que quien sentó ahí a Panero, se disculpe de una puta vez.

24 de febrero de 2009

El lamento del vampiro

Hoy sólo voy a poner un poema. Un poema de Leopoldo María Panero. Un poema dedicado al gilipollas que el sábado pasado grababa con el móvil a Panero mientras a Panero se le caía la baba. Le grababa con el teléfono y se partía el culo, porque eso mismo es lo que parece que merecen los locos: que los cuerdos nos riamos de ellos.

Pues bien, desgracia humana: ni viviendo cien veces tu vida miserable y perruna, serás capaz jamás de escribir algo tan bello como esto. Algo que escribió hace casi treinta años el tipo del que tú te reías. Porque tú, pequeño y ruin hijo de puta, no eres para él más que alimento:
Vosotros, todos vosotros, toda
esa carne que en la calle
se apila, sois
para mí alimento,
todos esos ojos
cubiertos de legañas, como de quien no acaba
jamás de despertar, como
mirando sin ver o bien sólo por sed
de la absurda sanción de otra mirada,
todos vosotros
sois para mí alimento, y el espanto
profundo de tener como espejo
único esos ojos de vidrio, esa niebla
en que se cruzan los muertos, ese
es el precio que pago por mis alimentos.

23 de febrero de 2009

Los perfopoetas se cubren de gloria

Cada cual es muy dueño de ponerse en ridículo a sí mismo, pero no de poner en ridículo a los demás sin más motivo que el porque sí, porque me da la gana, porque somos así de fenomenales. Sobre todo cuando "los demás" no son personas que pueden defenderse a sí mismas del escarnio, de la mofa, de la risotada paleta y malintencionada.

Por eso mismo, no hay que llevar a Leopoldo María Panero a ningún lugar. No ahora. Desde hace años. Cualquiera que conozca un poco de qué coño va esto, lo sabe. Los perfopoetas, sin embargo, no. Parece que ellos son más listos que nadie. Y pasa lo que pasa.

Panero es el mejor poeta vivo en lengua española. Pero también es un enfermo mental grave en un estado de deterioro muy avanzando. Y, por eso, suceden cosas como esta:
El poeta apareció a un lado del escenario, se sentó en una escalerilla, encendió el primero de una disparatada serie de cigarrillos y abrió su lata de refresco. Tan sólo esto necesitó el poeta para hacer parecer que la voz de Carlos Ann, que recitaba su trabajo, estaba un poco de sobra. Cuando entró en escena y se sentó en una mesa fue el delirio. Habló de lo que siempre habla desde hace muchos años, de cómo en todos los sitios por donde pasa intentan asesinarlo y de que la literatura es una porquería, y en esta ocasión esbozó también comentarios sobre la CIA, Tony Leblanc, el Pato Donald, Camilo José Cela, ETA y la conveniencia de localizar una tienda de 24 horas para poder comprar Winston. Recitó poca poesía. Ninguna. Alguien del público le pidió que lo hiciera, y él lo intentó, pero al poco tiempo, en mitad del poema, su mente voló a cualquier otro asunto. Por sus risas, un joven que grababa el espectáculo en vídeo parecía disfrutar [sigue aquí].

Debería caérseos la cara de vergüenza, patanes. Y ahora subid el vídeo a YouTube, para que todo el mundo se descojone del loco.

El anhelo que realmente importa

Anne Waldman es una poeta en la onda de los beats, pero sin entrar de lleno en la categoría. Allen Ginsberg la convenció para que escribiera poemas largos y lo cierto es que no sé si eso terminó por ser una buena idea: supongo que será cuestión de gustos, pero yo me canso leyendo poemas largos y, al final, pierden interés para mí. No sé por qué, pero tengo la sensación de que todo poema largo, a medida que va avanzando, se transforma en prosa.

En fin, cosas mías. El poeta argentino Esteban Moore escribió hace unos años un interesante ensayo sobre Waldman. En él, además, hay suficientes poemas como para hacerse una idea de por dónde respira esta buena mujer. Mi única pega, si es que se puede llamar así, es que no soporto la poesía que está puesta al servicio de un fin. Sea este cual sea, me da igual. A Waldman le dio por el feminismo o algo más o menos similar. Realmente, no llego a entender demasiado bien las vanguardias político-culturales neoyorquinas. O fueron de un nivel intelectual tan acojonante que al resto de los mortales nos está vedada su comprensión, o fue pura filfa. Más bien lo segundo, me temo...

Un fragmento de un poema de Anne Waldman que se titula Berthe Morisot y que obviamente está dedicado a Berthe Morisot. La traducción es básicamente la de Esteban Moore, pero yo he realizado algún pequeño retoque porque alguna cosilla no me convencía del todo [completo aquí]:
Toward the end of her life she said that the
wish for fame after death seemed to her an
inordinate ambition. "Mine," she added,
"is limited to the desire to set down
something as it passes, oh, something the
least of things!"

Traducción:

Hacia el final de su vida ella dijo que el
anhelo de la fama tras la muerte se le antojaba una
ambición desmedida. "El mío", agregó,
"se limita al deseo de pintar
cosas, la más mínima de ellas,
algo mientras sucede".

21 de febrero de 2009

El sindicato en Facebook

Si unos cuantos chalados se ponen la punta de un lapicero en la oreja y aprietan con todas sus fuerzas, yo me negaré a seguirles la corriente. Una cosa así es estúpida, inútil, dañina y, encima, pierdes el tiempo. Pero si todo el mundo se pone la punta de un lapicero en la oreja y aprieta con todas sus fuerzas, yo terminaré por hacerlo también. Aun a sabiendas de que eso te destroza el cerebro. Pero si todo el mundo lo hace...

A esto los sociólogos lo llaman gregarismo. Los seres humanos, al igual que los borregos, tenemos el gen del tonto el último. Está en nuestra naturaleza ser imbéciles, si previamente todos los demás lo son. Los está, supongo, en todo bicho viviente: por eso los delfines varan en las playas. Y como es una cuestión genética, y no aprendida, no podemos hacer nada por evitarlo.

Y todo este rollo que me acabo de marcar es sólo para decir que El sindicato el mono degollado tiene ahora grupo propio en Facebook. No sirve de nada, pero todos tiene uno, así que nosotros no íbamos a ser menos. De manera que ya se me están apuntando y colaborando como buenamente les parezca. No servirá para nada, pero qué diablos, en cien años todos calvos.

20 de febrero de 2009

Quince hombres en el cofre del muerto

William Ernest Henley fue un poeta inglés del siglo XIX que, como todos sus contemporáneos, ha aguantado bastante mal el paso del tiempo. No obstante, uno de sus poemas más populares, Invictus, tiene su punto. No es gran cosa, pero mola leer poemas así de vez en cuando. Va de un tipo al que no le arredra el destino. No viene mal escuchar a alguien que te diga eso en medio de esta crisis de los cojones: si se te van a llevar por delante, que sea al estilo romántico inglés. Quedarás igual de descojonado, pero la pose no te la quita nadie. Con un par.

Bueno, en realidad, lo que yo quería hoy decir es que Henley no me gusta por sus poemas, sino porque fue el inspirador de un persona mítico en la literatura universal de todos los tiempos inmemoriales. Henley es ni más ni menos que Long John Silver, conocido entre nosotros como John Silver El Largo. Resulta que a Henley le amputaron una pierna de niño, así que iba por la vida con una pata de palo. Luego, resultó que se hizo amigo de Robert Louis Stevenson, un escocés treintañero y bastante chalado que pergeñaba libros raros y que escribiría, más pronto que tarde, La isla del tesoro. Y Stevenson le dijo a Henley: "Billy, tío, ¿a que te meto en mi próxima novela?". A lo cual, Henley respondió: "¡A que no hay huevos!". Y nunca, nunca, se le debe decir eso a un escocés pirado y ligero de pluma.

Y por eso y no por otro motivo, queridos niños, William Ernest Henley pasó a la historia no por sus poemas, sino por ser el mismísimo Long John Silver. ¿A que daríais el dedo meñique de la mano izquierda (que, total, no sirve para nada) por que os pasara algo parecido?

Os dejo los versos finales de Invictus (completo aquí):
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.

19 de febrero de 2009

Balada por un teléfono extraviado

Antes tenía un teléfono la mar de caro. No recuerdo cómo diablos lo conseguí, pero el caso es que lo tenía. Un Nokia no-sé-qué, con tropecientas mil funciones que jamás supe usar. El caso es que vivía obsesionado con el puto teléfono: que no se me cayera, que no se me rayara, que nadie le echara el aliento no fuera a contaminármelo... Lo solucioné yéndome a una tienda, pidiendo que por favor me vendieran el teléfono más barato que tuvieran y asunto solucionado. Le cambié la tarjeta y ahora vivo con una preocupación menos. Tengo el teléfono más bajo de la gama más baja de la marca más pringada del mundo, pero, ¡oh, sorpresa!, hace y recibe llamadas como todos los demás. Que es, básicamente, para lo que sirve un teléfono.

Total, que en estas estábamos cuando a la hora de comer veo por la tele que no sé dónde han robado no sé qué prototipo ultrafantástico de un teléfono que aún no existe en el mercado. Si es de gilipollas ir por la vida con un iPhone en el bolsillo, ir con el prototipo que han robado debe ser el doble de gilipollas.

Lo he buscado en un diario: exactamente, lo robado es un Windows Mobile. Un teléfono que sólo imaginártelo, ya convierte tu vida de mierda en felicidad a raudales. Bien, pues en la tele sale un tipo y dice que dicho artilugio estaba previsto "que se comercializara en el segundo semestre fiscal". Fiscal, cágate. Me encanta cómo habla la gente a la que alguien le ha dicho "tío, tú eres grande: demuéstralo". Da lo mismo que el año fiscal y el año natural sean lo mismo. Algo que empieza el 1 de enero y termina el 31 de diciembre. Pero decir "bueh, lo sacábamos para julio o así" quedaba chungo. Poco profesional. Entonces, ¿qué hace el humano en cuestión? Echarle poética. O morro, que dados los tiempos que corren, vienen a ser exactamente la misma cosa: algo aburrido, innecesario y profundamente garrulo.

Seis motivos por los que cualquiera debería leer poesía

Dumb Little Man es un web que nada tiene que ver con la poesía. Se dedican a dar consejillos superficiales para ir por la vida. Algo sencillito, casi siempre intrascendente: si no les haces mucho caso, tampoco te vas a hundir en la miseria; además, para eso te bastas y te sobras tú solito.

Bueno, pues resulta que a alguien en ese web se le ocurrió que sería cool dar unos consejos acerca de por qué es una buena idea leer poesía. La verdad es que algunos me parecen interesantes y otros no, pero como también es cierto han hecho algo que yo no suelo ni sé hacer (explicar a los demás por qué está bien leer poemas), les voy a dar cuartelillo.

Los consejos son seis. Ahí van traducidos al español:
1. La poesía se lee rápido.
2. La poesía mejora tu vocabulario.
3. La poesía te proporciona nuevas ideas.
4. La poesía muestra el mundo desde un nuevo punto de vista.
5. La poesía te hace pensar.
6. La poesía es divertida.

A mí, personalmente, me importa un carajo que la poesía sea divertida. Se me ocurren mil formas más divertidas de pasar el rato. Lo que sucede es que los lectores de poesía no somos, precisamente, la alegría de la huerta, así que estar divirtiéndonos todo el día nos acaba cargando las meninges. Por eso leemos poemas: para desintoxicarnos de tanto descojone.

Vale, otro consejo: la poesía se lee rápido. Esto tampoco me parece nada del otro mundo. ¿Y qué? ¿Que algo sea rápido lo convierte en más interesante? ¿Es buena la comida rápida? ¿Es bueno el sexo rápido? ¿La eyaculación precoz es aquello que toda mujer espera de su amante? Habrá alguna pervertida que sí, pero no es lo normal. Y que conste que yo esto lo sé porque me lo han contado.

Lo del vocabulario ni lo comento. Como no hayas aprendido vocabulario en la escuela primaria, te jodes. Si no sabes lo que significan las palabras, no deberías leer poemas, porque precisamente los poemas son el lugar menos apropiado para aprender semántica. Los poetas, si se caracterizan por algo, es por pasarse por la entrepierna los significados habituales de las palabras.

¿Qué nos queda? Ah, sí, el tercero, el cuarto y el quinto. Y esos sí que me parecen más sensatos, ¿verdad? Es cierto que la redactora de Dumb Little Man se queda en un análisis bastante superficial (como si sus lectores tuvieran todos un ligero retraso mental), pero el germen de la idea está bien centrado. La poesía, al final, no es nada distinto a un mecanismo extremadamente simple. Un mecanismo que nos permite pensarnos y pensar nuestro entorno de la única forma que realmente merece la pena: de la forma más extraordinaria posible. Como si fuéramos algo indudablemente maravilloso. ¿O no?

18 de febrero de 2009

Muestra y poema: dos palabras que se repelen

La embajada de España en Marruecos y el Instituto Cervantes han montado una exposición titulada Esencial visual: Muestra de poesía visual contemporánea. Personalmente, creo que la poesía visual no existe. O, en el mejor de los casos y dado el hecho de que esta semana me he hecho el firme propósito de no ser el hijo de puta de siempre, existe pero no es poesía: es ocurrencia a veces afortunada y casi siempre merecedora de una patada en las salvas sean las partes de su autor.

Bueno, aquí está, para el que quiera deleitarse. Da la casualidad de que a alguno de los ahí representados los conozco en persona. Sí, el mundo es un pañuelo. Y si esos son poetas, yo soy la teta derecha de Beyoncé.

17 de febrero de 2009

Mi vida pegado al cable de alta tensión

Yo leo a muchos poetas por primera vez. Y hay muchos poetas por leer y muy poco tiempo, de manera que uno, justa o injustamente, desarrolla una técnica para saber si merece la pena seguir leyendo o no a partir de una lectura muy breve. Puede ser una técnica muy estúpida, no digo que no. De hecho, lo es: basta con que leas un poema escrito en un mal momento por un poeta que, luego, trabaja muy bien, para que te lo pierdas. Pero la vida es la que es y yo no tengo la culpa. De hecho, estoy bastante seguro de que todo lo que he hecho a lo largo de mi existencia, lo he hecho deprisa y corriendo porque tenía otras cosas que hacer.

Es lo que hay, qué carajo, así que apechuguemos con ello. Hoy he leído un poema de Chantal Maillard y me ha encantado. Es este:
Entre una imagen tuya
y otra imagen de ti
el mundo queda detenido.
En suspenso. Y mi vida
es ese pájaro pegado al cable
de alta tensión,
después de la descarga.

Está en su libro Lógica borrosa y, joder, me parece muy potente. Explica un sentimiento muy sutil con una energía acojonantemente poderosa. Me gusta.

Hasta ahí bien. Según mi técnica ultradepurada para leer poetas, con Maillard tenía que seguir sí o sí. Era la candidata perfecta. Y eso he hecho. Seguir. Pero, para mi desilusión, Maillard no ha mantenido el ritmo y la potencia que yo esperaba. Y ojo, que visto cómo está el panorama de las letras en español, me parece una dignísima poeta. Al lado de la morralla que se publica hoy en día, esta mujer es buena. Sin embargo, no acabo de entender adónde quiere llegar. Sabe manejar muy bien los hilos internos de la poesía, parece que su tiro va a levantarte la tapa de los sesos pero... no siempre lo consigue. Y me jode, porque de verdad que esta mujer tiene madera.

Addendum: Una entrevista a Chantal Maillard y un saco de poemas, para que cada cual se haga su propia idea.

16 de febrero de 2009

Spoetas: how to enlarge your scrotum

Como no hay dos sin tres (y, además, a la gente le pone bastante esto), tras los perfopoetas y los polipoetas, vamos con una (prometo que la última) expresión artística multidisciplinar donde la poesía se cuela más o menos de rondón.

Yo, por si aún alguien no se ha dado cuenta, considero que la poesía es un género muy concreto y que cualquier intento de llevarlo más allá de la literatura suele ofrecer un resultado como mínimo cuestionable. Y es que la poesía, como el porno, no admite excesivas variantes. ¿O es que alguien ha visto alguna vez porno para niños? El porno es porno: gente follando. Pues la poesía es poesía. Versos que nos explican como lo mejor que somos: humanos.

Al asunto: Internet es una cosa maravillosa, pero en manos de idiotas se vuelve una herramienta infernal. A no se sabe muy bien quién, se le ocurrió hace algunos años construir poemas utilizando como versos el asunto de un mensaje spam. Ya saben, lo de compre nuestro viagra y haga feliz a su chica, consiga ahora mismo una excepcional réplica de un reloj rolex, alárguese el pene hasta proporciones infrahumanas, etc.

Que estúpido, ¿no? Pues sí. Pero el mundo en muy grande y hay gente para todo. A esta memez le llamaron spoetry y que yo traduciría al español como spoesía (spam+poesía).

Existe un libro publicado por un tal Ben Myers en el cual el tipo reivindica el dudoso honor de llevar escribiendo spoemas desde 1999. Ya ves tú, son ganas...

Les dejo con una maravillosa antología de spoemas que seguro que les proporcionará, a usted y a los suyos, horas y horas de apasionante lectura. Y ya saben: Save your time and health!!! Click here.

14 de febrero de 2009

Desmentido oficial

Visto el rumbo que están tomando los acontecimientos, me veo en la tesitura de emitir el siguiente comunicado: no soy chileno (aunque estoy dispuesto a escuchar ofertas).

13 de febrero de 2009

ARCO y los afinadores de liras

Ayer, mientras comía en un bar, vi por la tele cómo el príncipe Felipe y la chica con la que está casado (los republicanos estamos genéticamente incapacitados para recordar el nombre de pila de las víboras) inauguraban ARCO, la feria de arte contemporáneo de Madrid. Los periodistas, si no lo sabían se lo cuento yo, cada vez que van a un acto de estos tratan de obtener siempre la imagen más risible. Amarillismo puro, sí. En ARCO, aprovechan para que el becario ciego se eche por primera vez la cámara al hombro y le dejan grabar imágenes al azar, porque apuntes hacia donde apuntes, siempre sale una gilipollez en el visor. Por eso todos los becarios ciegos aman ARCO: porque les ofrece la oportunidad de demostrar lo que verdaderamente valen.

Entre las muchas gilipolleces que vi en el reportaje, me encantó una especialmente. Salía la muchachilla que hacía las veces de artista (perdón, pero de esta joven tampoco he retenido el nombre). Resulta que la tía había ido guardando todos los tickets que le habían dado en los últimos no sé cuántos meses y ahora los vendía como cuadros por unos 25 euros la unidad. Tickets corrientes y molientes, no vayan ustedes a creerse, de los que te dan al comprarte unos pantalones o al cenar en un restaurante. Luego, vas a una copistería, pides que te los aumenten de tamaño y que te los monten sobre un bastidor: cuadro al canto y derechita para ARCO, que siempre habrá un pringrao al que colarle la basura.

Es todo tan absurdamente superficial, tan esencialmente concebido para lerdos, que te sacas la polla delante del príncipe y de su señora, dices que se trata de una performance, y cuela. Un tío se saca la polla en ARCO. No critiquemos demasiado, no vaya a ser que metamos la pata y que eso sea arte de verdad. Y por patán nadie quiere pasar en este mundo.

Exactamente eso es lo que sucede con la poesía contemporánea. Que nadie quiere quedar como un idiota señalando con el dedo al necio.

Y tras esta profunda reflexión, les dejo con un poema del poeta irlandés Seamus Heaney dedicado al poeta polaco Zbigniew Herbert (y que copio del blog de Jordi Doce). Un poema que, literalmente, es para echar la pota. Y me da igual que Heaney tenga el Nobel. Por mí, como si tiene el sarampión. El poema es una mierda:
Tú fuiste uno de aquellos, a espaldas del viento del norte,
a quienes Apolo favorecía con su visita
en la estación helada. Y entre tu gente tú
eras nombrado heraldo cada vez que partía
y la tierra callaba y la promesa del verano se frustraba.
Aprendiste a tocar su lira y la mantuviste afinada.

12 de febrero de 2009

El viento en invierno duerme entre nuestros dedos

Sherwin Bitsui es un poeta navajo con cierta potencia todavía sin masticar. Me parece a mí. Lo que pasa es que él no puede dejar se ser un indio navajo y yo no puedo dejar de haber visto cien mil películas de John Wayne, así que mis prejuicios se disparan de inmediato. Mentiría sin dijera lo contrario. Me pasé la niñez metido en un cine, qué se le va a hacer.

Lo cierto es que Bitsui no pone demasiado de su parte. Escribe poemas como uno esperaría que un indio navajo (sin haber visto con sus propios ojos un indio navajo en su puñetera vida) los escribiera. Mucha pradera, mucho guepardo y mucho rollo onírico. Ya digo: prejuicios que tiene uno.

Pero a cada cual lo suyo: el chaval tiene cierta energía. Supongo que ser un navajo marca lo suyo, pero yo, en su lugar, me iría despegando de su piel para hacerse con una más neutra. Ya, ya, es fácil decirlo. Yo mismo no puedo evitar estar dentro de mi pellejo de basura blanca europea. Pero es que Bitsui escribe cosas tan interesantes como esta [completo y más, aquí, en traducción de Rafael Patiño]:
El viento en invierno duerme entre nuestros dedos
Durante la plegaria
Es liberado y sopla en el pueblo
Una nube de langostas de alas ardientes

A mí me gusta. También es cierto que he leído cosas escritas por él que no me han conmovido en absoluto. En fin, a ver cómo evoluciona.

11 de febrero de 2009

Que demuelan la casa de Vicente Aleixandre

Anda que no habrá asuntos importantes a los que arrimar el hombro, como para andar perdiendo el tiempo en luchar para que se salve una casa...

¿Una cualquiera? No, en la que vivió el poeta Vicente Aleixandre. Ah, bueno. ¿Y eso la vuelve más importante? A la casa, digo... Si te va el rollo fetichista, pues sí. Pero no deja de ser una puta casa, ¿no? Cuatro paredes y un tejado. Vale, vivió en ella Aleixandre, pero eso, si lo piensas despacio, no deja de ser una gilipollez. ¿Qué más da, si Aleixandre ya está muerto? A él no creo que le preocupe demasiado el asunto...

Ya puestos a pedir, mejor salvar un negrito del África tropical. Al menos, el negrito tiene piernecitas y bracitos, y respira. La casa de Aleixandre no. ¿Qué? ¿Por qué no? Juntemos todos nuestros esfuerzos para salvar un negrito. Ah, no, no, no, yo por los negritos no muevo un dedo, ¿verdad? Casa sí, negrito que se joda. La intelectualidad española es así: tiene un arranque acojonante, pero la sesera vacía.

Bueno, no tan vacía: los que están poniendo el grito en el cielo no ponen, al tiempo, cada uno cien euros de su bolsillo. No, ponen el grito en el cielo ¡para que la dichosa casa la compremos entre todos! O sea, a cuenta de los impuestos. Y eso sí que no. Una cosa es aguantar la murga de todos los trasnochados poetas de la generación del 27 y otra bien distinta, encima, tener que comprarnos sus casas.

Negrito sí, casita no. Pásalo.

El poema es una forma de conocimiento

Para el poeta, claro. En esto, tiene más razón que una santa Eli Tolaretxipi cuando dice:
"Para mí la poesía es detención, separación, vivisección. Una acción de aislamiento que bien puede haber sido propiciada por el caos, por alguna explosión. Un modo de conocimiento que se acerca a mi idea de verdad o de 'lo real'".

Y un poema de Tolaretxipi (más aquí):
Pero desde aquí la tierra es otra.
Inabarcable.
Va.
Suenan su acento.
Su densidad.
El rumor, la niebla
se repiten.
La trayectoria no.
Recuerdo.

10 de febrero de 2009

De manera que los grandes poetas no saben divertirse, ¿eh?

En una constante que, según mis comprobaciones, es inmutable, los poetas en el mundo habidos parece que han nacido todos con un palo metido en el culo. Una vez acudí a una cena de poetas y casi vomito: los tipos que allí había eran, en su mayoría, hombres de cierta edad, respetables, con poca o nula obra publicada y el talento literario de Nancy Reagan que, sin embargo, hablaban con un aire profesoral que tendía a convertirse en farfullo ininteligible a medida que las dosis de vino ingerido aumentaban. A pesar de lo cual, los pavos no se arredraban y seguían con su murga pseudocultural. Una pena.

Eso fue hace veinte años. La cena la siguen convocando todos los años y, a pesar de que recibo puntualmente la invitación, nunca he vuelto a asistir. Me parece más divertido quedarme en mi casa introduciéndome astillas de madera debajo de las uñas.

Pero el que sí sabía divertirse es Charles Bukowski. En este entrañable documento para la posteridad, le vemos, intentando arrimar el ascua a su sardina, en un concurso de camisetas mojadas allá por los años 70. Bukowski es el de la manguera. Un figura, el viejo.

9 de febrero de 2009

Polipoetas, perfopoetas del text sound

Por si no tuviéramos suficiente con los perfopoetas, ahora llega la polipoesía. La polipoesía es "una escritura sonora, es decir, un texto que se expande en toda su complejidad sonoramente y ante el lector/oyente". Los estadounidenses, entre Big Mac y Big Mac, nunca supieron comprender lo sutil y depurado de la polipoesía, pero los europeos, mucho más sofisticados, sí le pillaron la gracia. Y es que Europa siempre ha sido terreno abonado para la gilipollez.

Como dice Eduard Escoffet en un largo artículo que publica en Revista de Letras, "todo es poesía, sea en papel, sonora, performática, intermedia...". Ya, pues lo siento, pero no. No todo es poesía. Sólo algunas cosas son poesía. El resto es experimentación con más o menos gracia o, directamente, basura lista para ser enviada al vertedero.

Una cosa es contemplar un urinario de Duchamp y otra bien distinta creerse que todo el campo es orégano. ¿Estamos? Pues eso.

Tip: Lo que los artistas multidisciplinares necesitan es un buen polvo.

8 de febrero de 2009

Breve ejercicio de estupidez dominical

Yo soy tan snob, que los domingos leo a Antonio Machado en inglés. A mí, a gilipollas no me gana nadie.

Y eso precisamente estaba haciendo, cuando he recordado que la primera estrofa del poema más famoso de Machado (el de caminante no hay camino, bla, bla, bla) me encanta. Dice así (completo en tu biblioteca más cercana, gandul):
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.

Precioso, ¿eh? O sea, que Machado de salida no se moja y admite que la vida va y viene, que las cosas permanecen o no... A saber. Ni él pone la mano el fuego por una opción ni yo tampoco. Pero lo que sí tiene claro Machado (porque Machado de idiota no tenía un pelo) es que nosotros, pobre mierdecilla humana, somos menos que cero y "lo nuestro es pasar". Como mucho, en el mejor de los casos, dejando una leve estela en el mar.

Y yo de poesía no sabré, pero de lo que sí sé es de estelas en el mar, y la que deja nuestro Yamaha F350 V8 de 32 válvulas cuando llevo a navegar a unas cuantas chatis en el fueraborda de papá, se disipa siempre en menos de lo que las chatis tardan en empujarse un manhattan bien agitado. Y eso que nuestro Yamaha F350 no es moco de pavo. Ergo Machado era un sabio como la copa de un pino.

Hidden track: Por cierto, dentro de la costumbre española de cantar poemas que han sido escritos para ser leídos, Joan Manuel Serrat hace una versión que si la escuchas, de salida no vomitas, lo cual ya supone un mérito suficiente para que yo la enlace aquí. Sin que sirva de precedente y recordando siempre, amigos, que todo cantante que musique un poema escrito merece que le dé, a la mayor brevedad posible, un ictus cerebral. Por poner las manazas donde no se debe.

6 de febrero de 2009

Una vida de perros

Si crees que llevas una vida de mierda, es porque nunca has oído hablar de Marina Tsvetáyeva. La suya sí que fue una vida de mierda en toda regla: nació rusa en 1894 y para cuando cumplió los treinta años ya se había exiliado tres veces. El primero de sus exilios la llevó a Alemania y fue una mierda; el segundo, a Checoslovaquia y fue una gran mierda; y el tercero y último la condujo a Francia y fue una mierda todavía mayor. Tsvetáyeva malvivió entre depresiones y miseria hasta que, con el arrojo del que sabe que a peor no puede ir, decidió volverse a la Unión Soviética. Hogar, dulce hogar... Al poco de llegar a casa, los soviéticos fusilaron a su marido y dejaron morir de hambre a una de sus dos hijas. A los 47 años, Tsvetáyeva dijo hasta aquí hemos llegado y se ahorcó. Que pase el siguiente y que apoquine con todo.

Dejo dos cosas: un artículo de Enrique Vila-Matas (y atención a esto, que donde Vila-Matas por el ojo, pone la bala) y, como no podía ser de otra forma, un poema desolado de Tsvetáyeva (traducido por Lola Díaz; más aquí):
Se ha ido. Ya no como:
quedó sin gusto el pan.
Se ha ido -todo es tiza
si lo llego a tocar.

...para mí, era el pan,
era la nieve;
ya la nieve no es blanca,
el pan no sabe a nada.

5 de febrero de 2009

Veo la noche Cadillac obsceno

Los poetas portugueses y brasileños juegan con una ventaja respecto del resto de poetas del mundo: su idioma suena de puta madre. Tú te paras en una calle de Lisboa, escuchas a la gente y te parece que todo hijo de vecino es bueno. ¿Por qué? Porque lo que dicen, aunque no lo entiendas y no sea más que una sarta de insustancialidades, suena bonito. En el extremo opuesto de todo esto estaría el vasco (idioma que en mi casa se habla habitualmente) y que, al escucharlo el foráneo, viene a experimentar algo parecido a la aplicación de electrodos en los pezones.

Por eso, digo, los poetas portugueses se lo tienen muy bien montado, los muy cabrones. Escriben cualquier memez y cuela. Cuela porque, oye, suena bien al oído.

¿Que no? Ahí va un ejemplo [completo aquí]:
Faz-se luz pelo processo de eliminação de sombras
Ora as sombras existem as sombras têm exaustiva vida própria
não dum e doutro lado da luz mas no próprio seio dela
intensamente amantes loucamente amadas
e espalham pelo chão braços de luz cinzenta
que se introduzem pelo bico nos olhos do homem

¿A que mola? No se entiende mucho, pero suena cojonudamente. Es un fragmento de un poema de Mário Cesariny, poeta surrealista que escribía cosas tremendamente extravagantes (los surrealistas merecen todos algo peor que el infierno), pero que, como las escribía en portugués, quedaban de cine.

Pongo otro pedacito de Cesariny, ahora ya traducido al español. No me sean tercos y admítanme que esto no hay por dónde agarrarlo [completo aquí]:
en el país en el país en el país donde los hombres
lo son solamente hasta la rodilla
y la rodilla qué buena lo es sólo hasta la ijada
cuento mis días mandarinas blancas
y veo la noche Cadillac obsceno
rondando mis días mandarinas blancas
para un paseo en la carretera Cadillac obsceno

Yo, a veces, también veo la noche Cadillac obsceno. Cuando regreso a casa con cuatro copas de más. Hay que joderse...

4 de febrero de 2009

Argentina: un breve experimento con poetas y poemas

Desde un punto de vista poético, Argentina es el país más extraño que uno puede echarse a la cara. Me explico con un ejemplo que podría ser otro, pero que es este, porque es el que ahora mismo se me ocurre.

Tomemos la década que va desde 1930 a 1940. En esa década, nacieron en Argentina cuatro poetas (nacieron más, pero para mi experimento me quedo con cuatro; sí, los que a mí me da la gana: nadie dijo que mi experimento fuera a ser excesivamente científico). Esos cuatro poetas son, en orden de nacimiento, Juan Gelman, Susana Thénon, Alejandra Pizarnik y Alberto Szpunberg. Mira, además dos son hombres y dos son mujeres. En lo relativo a corrección política, a mis experimentos no les gana ni Cristo Bendito.

Bien, al grano: dados esos cuatro poetas, dos de ellos son voces grandiosas y deslumbrantes, y los otros dos apenas consiguen farfullar versos pastosos y plomizos. ¿Por qué? Ni puta idea. Por eso mismo digo que Argentina es un país extraño de cojones: porque en un mismo tiempo y en un mismo lugar (los cuatro poetas son bonaerenses) es capaz de echar al mundo lo mejor y lo peor de la poesía en lengua española.

Por supuesto, las voces que deslumbran son las de Pizarnik y Thénon. Los pastosos, por eliminación, son Gelman y Szpunberg. Las chicas ganan. Los señores de bigote pierden. He ahí el enigma. Si alguien tiene la respuesta, que la revele ahora o calle para siempre. Aunque me temo que esto, como casi todo en relación a la Argentina, es más o menos irresoluble.

A Gelman ni lo cito, que me da grima. De Pizarnik hay miles de cosas a golpe de clic en Google. Así que me quedo con Thénon y el señor de bigote.

Primero ella, alucinógena y desafiante, como siempre. Luego, él, con la gracia de quien te introduce un cubito de hielo por el cogote.
Muerdo todavía y aunque poco se puede ya,
mi sonrisa guarda un amor que asustaría a dios.

Susana Thénon, fragmento de Habitante de la nada (1959), completo aquí.

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El mar, yo sólo dije el mar, pero igual tiemblo:
todos estos bosques también pudieron haber sido o serán
barcos crujientes que con las velas hinchadas dejan
estelas, jarcias, banderas, gallardetes, esloras, grumetes,
medusas y brújulas inquietantes sobre el mar (...)

Alberto Szpunberg, fragmento de Luces que a lo lejos (1993), Premio Internacional de Poesía Antonio Machado, más aquí.

3 de febrero de 2009

Poets In Need

En los Estados Unidos es posible realizar una donación para un poeta que las está pasando putas y deducírtelo de tus impuestos. En España y Latinoamérica eso, lamentablemente, resulta imposible, pues existen más poetas que contribuyentes. Demostrado científicamente, además.

No a la post vida, ni en cielo ni en infierno

Existen autores más o menos raros dentro de la poesía en español. Pero ninguno como el de José María Fonollosa, de quien, literalmente, se llegó a sospechar que en realidad nunca existió (durante algún tiempo, se especuló con la idea de que Fonollosa no era sino una gran broma urdida por Pere Gimferrer). Pero no, Fonollosa existió de verdad. Resulta un tanto absurdo afirmar esto de un escritor contemporáneo, pero la poesía en lengua española es así: ni siquiera estamos seguros de nuestro censo exacto.

Total, que Fonollosa, en resumen, fue un tipo que escribió en silencio durante cuarenta años y luego, tras publicar un libro por puro azar, se murió dejando gran parte de su obra inédita. Una obra difícil de clasificar. Muy difícil, porque a ratos es sucia y barriobajera y a ratos extremadamente elitista. Un lujo para los ojos.

Aquí hay un montón impresionante de poemas de José María Fonollosa. Más que de sobra para hacerse una idea sobre su trabajo. Dejo un fragmento:
Vuelvo a mi habitación desalentado.
Todo se muestra igual mas desconfío.
Quedo en la oscuridad sin atreverme
a volver a encarar al que detenta
el privativo espacio de mi cuerpo.

[completo aquí]

2 de febrero de 2009

Cuartetas en contra del caballo de paso o cómo no es oro todo lo que reluce

El otro día un lector me recriminó (con cariño) que no reseñara poetas peruanos. A mí, personalmente, las nacionalidades me la traen floja, y no distingo entre Perú e Islandia: todos somos gente que vive por ahí. A mí me gusta la poesía y los buenos poetas. Y no me gusta nada la mala poesía y los malos poetas.

A lo que iba, que me lío. En estas estábamos, cuando una amable lectora me pone sobre la pista (sin mojarse) de Mario Montalbetti, poeta, por si importa, peruano. Su último libro se titula 8 cuartetas en contra del caballo de paso peruano y por él algún crítico se entusiasma y dice cosas como que, por ejemplo, tiene la sensación "de estar ante la obra de uno de los más idiosincrásicos, complejos e inteligentes poetas peruanos de las últimas décadas". Ni más ni menos. La reputapolla.

A mí me habría gustado leer el libro. De verdad que cuando alguien dice algo tan bueno de un tercero, a mí me dan ganas de echarle un ojo. Pero este mundo de mierda es así y los poemarios que se publican en el culo del mundo se quedan para siempre enterrados en el culo del mundo.

De manera que nos conformamos con lo que dice el crítico. Qué remedio. "Uno de los poetas peruanos más inteligentes de las últimas décadas". Es como entrar en una casa de putas donde han renovado por completo el personal: sientes la presión ambiental como si el propio oxígeno se hubiera vuelto sólido.

Pero mira tú que la vida es muy perra y el internet también. ¿Y no va un cabrón de lector anónimo y transcribe, porque le sale de los huevos, un poema del fantabúlico 8 cuartetas en contra del caballo de paso peruano? Y no sólo lo transcribe: va y lo publica, a modo de comentario, en el mismo lugar donde el crítico se meaba de gusto. Es este, prepárenseme:
¿En qué momento el Perú
es desde este momento
se jodió el Perú
es desde este momento libre
se jodió
el Perú es de este momento se jodió
por la voluntad general e independiente es libre
ricas montañas?

¡Ajá, acabáramos! Aunque cabe la posibilidad de que el transcriptor/publicador sea vecino de Montalbetti y la tenga tomada con él porque pone la música muy alta hasta bien entrada la madrugada, concedámosle el beneficio de la duda y creamos que realmente no ha elegido el poema a las malas: ha elegido uno, sin más. Sean o no vecinos los dos tipos, el caso es que dando por bueno que ese poema está en ese libro, no hace falta saber mucho más. El transcriptor lo dice bien clarito: "¿dónde rayos está la poesía?". Eso mismo me pregunto yo. ¿Dónde rayos está la poesía? En ese poema, desde luego, no.

Moraleja: Todos los críticos mienten. Yo también. Incluso aunque esto nos ponga en riesgo de crear una paradoja capaz de engullir al universo. Oh, y Montalbetti es un mal poeta.

1 de febrero de 2009

Monet's Waterlillies

Robert Hayden es un poeta muy poco traducido al español, pero he encontrado un poema que me ha gustado mucho. Va sobre cómo incluso en un mundo completamente tomado por la maldad y el hijoputismo, existen paréntesis de belleza tan abisales que logran que, después de todo, esto merezca la pena.
Ahí el espacio y el tiempo existen en la luz,
el ojo cree como el ojo de la fe.
Lo visto, lo conocido,
se disuelven en iridescencia, se vuelven
ilusoria carne de luz
que no fue, fue, es para siempre.

Ese lugar al que Hayden se refiere son Los nenúfares de Monet [el poema completo aquí, en traducción de Magdalena Biota].