La semana pasada estuve documentándome para una cosilla que tengo que escribir y, con la cosa del internet, en cuatro horas hice el trabajo que hace doce o quince años realizaba en una semana o dos. O más todavía: accedí a materiales a los que, por mucho que hubiera buscado por medios pre-internet, jamás habría encontrado. Sin ir más lejos, un montón de vídeos en YouTube.
He de reconocer que yo era de los que, en mis tiempos mozos, me documentaba un huevo. Ahora, paso más de todo y me voy inventando las cosas por el camino. Con tal de que no chirríen demasiado, da igual. Suele colar. Luego, cuando un periodista te pregunta "¿cuánto hay de realidad en su novela, joven?", tú juras y perjuras que todo es cierto al cien por cien. Por regla general, al periodista también se la suda lo que le respondas, así que aquí paz y arriba gloria.
Hablamos de novelas, ojo. Cuando se trata de una novela, hay lectores que toleran bien que te inventes cosas. Otros no. Y allá ellos. Lo bueno de la novela es que tú escribes lo que te sale del nabo y al que le guste, bien, y al que no, también.
Pero, ¿y qué pasa con la poesía? Pues es algo a lo que he estado atento desde hace ya mucho tiempo. Y mi conclusión es que, más veces de las que nos creemos, existe la poesía de ficción. Es decir, la poesía en la que el poeta se inventa, como hace el novelista, lo que pone sobre el papel. Y no me refiero a los poetas de la experiencia. Esos de "Salgo a la ventana / veo que ha comenzado a llover / y me entran ganas de hacerme una paja / oh maravillosa turgencia de tus senos incandescentes".
No, me refiero a poetas de sensaciones, de reflexiones, de interioridades y cosas por el estilo. La gente, amigos, se inventa sentimientos. Así, como lo cuento. Y escribe poemas a partir de ellos. Yo mismo lo hago. Piensas en algo y sientes algo que podrías sentir pero que, en realidad, no sientes. Y lo escribes. Lo cual, dicho sea de paso, es de puta madre, porque eso de estar sintiendo cosas superintensas todo el santo rato debe ser un coñazo.
Todo esto, y acabo, jode mucho a los partidarios de la mística de la Poesía. Esos que piensan que el poeta vive ensimismado en un interioridad tan rica como intensa. Y no. Los poetas, me temo, son, mirados de cerca, la cosa más corriente del mundo. Lo cual no evita que merezcamos vivir todos en grandiosas mansiones mantenidas por el Estado y sin tener que pagar impuestos.
Dejo un poema de
Nelly Sachs y una pregunta de examen: ¿Son propios de Sachs los sentimientos que expresa en el poema o los ha tomado prestados de forma indirecta de algo que vio o de alguien con quien tuvo relación? Tienen media hora para contestar. Máximo, treinta líneas a doble espacio. Suerte.
Lenguas saladas del mar
lamen las perlas de nuestra enfermedad-
La rosa en el horizonte,
no del polvo,
sino de la noche,
se hunde en tu nacimiento-
Aquí en la arena
tu negra cifra
recubierta de tiempo
crece como cabello
todavía en la muerte-