Blog más o menos desactualizado de Alber Vázquez. Para más emociones, estamos en Facebook. Ya, es que si ahora no estás ahí, no eres nadie.

30 de abril de 2009

Mario Benedetti, probablemente el peor poeta del mundo

Una de mis pesadillas más recurrentes es que soy el niño de Werther's Original y que Mario Benedetti, transformado en el siniestro abuelo de los caramelos envenenados, insiste, una y otra vez, en, como su abuelo hacía con él, leerme unos poemas infantiloides y cursis hasta la arcada.

Y es que, amigos, yo no soporto a Benedetti. Ya está dicho. Su poesía me parece pedante, odiosa, pueril, cargante, malograda, cansina y aburrevacas. Sobre todo, aburrevacas. Porque, hay que decirlo alto y claro, Benedetti es un poeta de medio pelo al que una legión de indolentes con poco o nula experiencia lectora ha encumbrado más allá de todo lo razonable. Y me lo he leído, que conste. He leído de Benedetti mucho más de lo que cualquiera en su sano juicio leería: pero, precisamente, con la intención de hallar en él algo de eso que los demás dicen encontrar y que yo no veo ni aunque mire con lupa. Porque siempre hallo lo mismo: versos ramplones para solteronas a falta de un buen polvo. Un ejemplo:
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.

Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.

Etc. El poema sigue durante un buen rato, pero se lo ahorro a ustedes porque es más de lo mismo: vacuidades puestas en verso que no cuelan ni aunque uno haga un esfuerzo sobrehumano.

Por eso, amigos, es bueno detestar al abuelito de los caramelos envenados.

28 de abril de 2009

Adiós a Idea

Por cierto, gracias a un lector, me entero de que la gran Idea Vilariño ha pasado a mejor vida. Leo en una nota de prensa que estuvo liada con Juan Carlos Onetti (cosa que no sabía) y que Mario Benedetti también está con la salud jodida (cosa que me importa un cojón de mico).

Reproduzco el poema que el lector de El Sindicato ha tenido a bien seleccionar para la ocasión:
La vergüenza
el bochorno
de no tener excusas
porque esto esto
maldita sea
esto
es gratuito
gratuito.

(Del libro No, 1980)

Seeds

Llevo varios días bastante enfermo y sólo hoy he podido abrir el portátil (aunque sin moverme de la cama). ¿Han oído hablar de la gripe porcina? Pues la mía es elefantiásica, dado lo jodido que me encuentro. No sé si saldré de esta.

El caso es que cuando tengo mucha fiebre y estoy realmente mal, me da por pensar que no somos nada. Lo vulnerables que nos encontramos ante la deriva del tiempo y el espacio. Nuestra nula imbricación en el plan maestro del Gran Hacedor. Gilipolleces así.

Y me da por pensar en Raymond Carver. No sé por qué, pero a Carver siempre lo he visto como el más frágil y desasistido de los hombres. Físicamente aparentaba todo lo contrario, pero me da a mí que por dentro era de cristal. No era para menos, dada la mala vida que le daba su parentela (y que se había dado él).

Hay un poema que plasma estupendamente ese no ser nada carveriano. Está en Winter Insomnia, el primer poemario escrito por el gran Ray. Si la crisis no les afecta en exceso o son funcionarios públicos, pueden hacerse con una edición original del libro a partir de US$ 140. Regalado, vamos.
Semillas

Intercambio nerviosas miradas
con el hombre que le vende
semillas de sandía a mi hija.

La sombra de un pájaro pasa
sobre nuestras manos.

El vendedor levanta el látigo &
se apura tras de su viejo caballo
rumbo a Beersheba.

Me ofreciste las semillas que escogí.
Ya has olvidado al hombre
el caballo
las sandías mismas &
algo invisible fue la sombra
entre el vendedor & mí mismo.

Acepto tu don aquí
sobre el camino seco.
Alargo la mano para recibir
tu bendición.

24 de abril de 2009

No pero sí

Otro poema de Idea Vilariño la mar de chulo. Esta tía me gusta cada día más.
Decir no
decir no
atarme al mástil
pero
deseando que el viento lo voltee
que la sirena suba y con los dientes
corte las cuerdas y me arrastre al fondo
diciendo no no no
pero siguiéndola.

23 de abril de 2009

22 de abril de 2009

Aun después que yo haya muerto y ya no pueda oírlos

Otro poeta de medio pelo que, al igual que Yevtushenko, triunfó, es Amy Lowell. Lowell no escribió grandes poemas. De hecho, alguno de los que he leído ni siquiera tienen un pase. Parecen sacados directamente de una antología de poesía joven latinoamericana. Lo peor, vamos. Pero la señora fue todo un personaje.

Lesbiana sin complejos (a principios del siglo XX), adinerada, gorda y con una mala hostia que hacía que en su casa volaran las sartenes un día sí y otro día también, se dedicó a arrear sopapos a diestro y siniestro, y no tuvo reparos en, brazos en jarras, soltarle cuatro frescas al mismísimo Ezra Pound. Con un par de ovarios. Yo, de haberla conocido, me habría mantenido a distancia. Por si las moscas.

Escribió esto (completo aquí):
Mientras estoy aquí sentada en la quieta noche de verano,
de pronto, en la lejana carretera, se oye
el rechinar y el acelerar de un tranvía eléctrico.
Y, más lejos todavía,
el fuerte resoplar de una máquina,
seguido del desagarrado arrastrar de un tren de carga cambiando de vía.
Estos son los ruidos que hacen los hombres
en el largo ajetreo de la vida.
Seguirán haciendo siempre estos ruidos,
aun después que yo haya muerto y ya no pueda oírlos.

Sin embargo, y a pesar de que, como puede observarse, dejó sentado por escrito que cuando ella muriera, ya nada más podría oír, algunos no se tomaron demasiado en serio sus palabras. Entre ellos, los miembros del jurado del premio Pulitzer (compuesto probablemente por unos cuantos hombrecillos asustadizos) que, temiendo que Lowell no estuviera muerta del todo, se levantara de su tumba y fuera, más gorda e iracunda que nunca, a aplastarles a todos bajo una sola de sus tetas, decidieron otorgarle el premio a título póstumo. Cobardes, sí; pero vivos. Sabia gente.

Malos poetas con buena estrella

Yevgeny Yevtushenko es, sin duda alguna, el único poeta del mundo capaz de escribir en dos idiomas completamente ajenos el uno del otro (ruso y español), hacerlo rematadamente mal en ambos y salir en la portada de la revista Time enseñando el pajarito.

21 de abril de 2009

Bajo las alas hay un hombre

Joaquín, uno de esos lectores de El Sindicato que creen que su país (sea este el que sea) está siempre subrrepresentado en el blog, me pone sobre la pista de la poeta Marosa Di Giorgio. Y lo cierto es que el contacto con esta poesía me ha supuesto un pequeño shock por lo que de original tiene. Por lo rara que es. Como si nos hubiéramos ido de fiesta y se nos hubiera ido la mano con el LSD.

Y es que Di Giorgio hace cosas muy extrañas y, al mismo tiempo, muy sugerentes. A mí, a ratos me flipa. Marisa Avigliano describe así su particular visión de la escritura:
"Perdida en el límite imposible de sueño y realidad, su poesía avanza enjoyando de rocío un bestiario nunca dicho, una pasión ilusoria, una torre que se inclina con tanta furia que logra arrastrar al cielo".

Bueno, pues algo así. Yo, por añadir algo, diría que lo mejor que hace Di Giorgio es moverse por el borde del abismo: si conservas el equilibrio, bordas una obra acojonante; si te caes, el hostiazo es de mil pares de cojones.

Un poema de Di Giorgio que representa bastante bien su trabajo y que a mí me encanta (aquí más).
Bajó una mariposa a un lugar oscuro; al parecer, de
hermosos colores; no se distinguía bien. La niña más chica
creyó que era una muñeca rarísima y la pidió; los otros
niños dijeron: -Bajo las alas hay un hombre.
Yo dije: -Sí, su cuerpo parece un hombrecito.
Pero, ellos aclararon que era un hombre de tamaño natural.
Me arrodillé y vi. Era verdad lo que decían los niños. ¿Cómo
cabía un hombre de tamaño normal bajo las alitas?
Llamamos a un vecino. Trajo una pinza. Sacó las alas. Y un
hombre alto se irguió y se marchó.
Y esto que parece casi increíble, luego fue pintado
prodigiosamente en una caja.

20 de abril de 2009

Poesía de ficción

La semana pasada estuve documentándome para una cosilla que tengo que escribir y, con la cosa del internet, en cuatro horas hice el trabajo que hace doce o quince años realizaba en una semana o dos. O más todavía: accedí a materiales a los que, por mucho que hubiera buscado por medios pre-internet, jamás habría encontrado. Sin ir más lejos, un montón de vídeos en YouTube.

He de reconocer que yo era de los que, en mis tiempos mozos, me documentaba un huevo. Ahora, paso más de todo y me voy inventando las cosas por el camino. Con tal de que no chirríen demasiado, da igual. Suele colar. Luego, cuando un periodista te pregunta "¿cuánto hay de realidad en su novela, joven?", tú juras y perjuras que todo es cierto al cien por cien. Por regla general, al periodista también se la suda lo que le respondas, así que aquí paz y arriba gloria.

Hablamos de novelas, ojo. Cuando se trata de una novela, hay lectores que toleran bien que te inventes cosas. Otros no. Y allá ellos. Lo bueno de la novela es que tú escribes lo que te sale del nabo y al que le guste, bien, y al que no, también.

Pero, ¿y qué pasa con la poesía? Pues es algo a lo que he estado atento desde hace ya mucho tiempo. Y mi conclusión es que, más veces de las que nos creemos, existe la poesía de ficción. Es decir, la poesía en la que el poeta se inventa, como hace el novelista, lo que pone sobre el papel. Y no me refiero a los poetas de la experiencia. Esos de "Salgo a la ventana / veo que ha comenzado a llover / y me entran ganas de hacerme una paja / oh maravillosa turgencia de tus senos incandescentes".

No, me refiero a poetas de sensaciones, de reflexiones, de interioridades y cosas por el estilo. La gente, amigos, se inventa sentimientos. Así, como lo cuento. Y escribe poemas a partir de ellos. Yo mismo lo hago. Piensas en algo y sientes algo que podrías sentir pero que, en realidad, no sientes. Y lo escribes. Lo cual, dicho sea de paso, es de puta madre, porque eso de estar sintiendo cosas superintensas todo el santo rato debe ser un coñazo.

Todo esto, y acabo, jode mucho a los partidarios de la mística de la Poesía. Esos que piensan que el poeta vive ensimismado en un interioridad tan rica como intensa. Y no. Los poetas, me temo, son, mirados de cerca, la cosa más corriente del mundo. Lo cual no evita que merezcamos vivir todos en grandiosas mansiones mantenidas por el Estado y sin tener que pagar impuestos.

Dejo un poema de Nelly Sachs y una pregunta de examen: ¿Son propios de Sachs los sentimientos que expresa en el poema o los ha tomado prestados de forma indirecta de algo que vio o de alguien con quien tuvo relación? Tienen media hora para contestar. Máximo, treinta líneas a doble espacio. Suerte.
Lenguas saladas del mar
lamen las perlas de nuestra enfermedad-
La rosa en el horizonte,
no del polvo,
sino de la noche,
se hunde en tu nacimiento-
Aquí en la arena
tu negra cifra
recubierta de tiempo
crece como cabello
todavía en la muerte-

18 de abril de 2009

El poeta, ese obrero incansable

A través del blog de Jorge, llego a una entrevista realizada al cansino Joan Margarit donde, una vez más, dice la primera sandez que se le pasa por la cabeza y la dice con la alegría del que cree estar regalándonos una verdad universal. ¿Que no? Al loro. Dice Margarit:
El poeta debe ser poeta y luego debe trabajar enormemente para lograr escribir un poema.

Muy bien. Esto, ¿dónde lo pone? Porque yo he mirado en la Enciclopedia Galáctica del Poeta Amateur y Profesional y no me viene. Ni por la T de trabajar enormemente ni por la L de lograr escribir un poema.

Margarit se lo inventa todo. O da por hecho que su experiencia es extensible a todos los planetas y exoplanetas conocidos. Y no. Aquí cada cual es de su padre y de su madre y escribe como quiere o como puede. Lo cual, además, es independiente por completo de los resultados. De hecho, y con esto rebato brillantemente la teoría de Margarit, muchos poetas han escrito poemas acojonantemente buenos sin apenas esfuerzo y muchos otros poetas se han dejado las pestañas durante decenios para no escribir ni un solo verso bueno (el propio Margarit, sin ir más lejos). Así que aquí no hay ecuaciones. No hay reglas. Esto va de que cada cual hace lo que le parece y luego los resultados son los que son.

Ya está. ¿Siguiente gilipollez?

17 de abril de 2009

Liviano pájaro de luz

A través de Santiago, un lector de El Sindicato, he llegado a Idea Vilariño, una poeta uruguaya que, como denuncia el propio Santiago, vive en una residencia de ancianos sin que nadie se acuerde de ella. Deben estar esperando a que se muera. Luego, todo serán honores. Y lo serán, porque esta señora escribe de putísima madre. Acojonante, en serio. Y está viva.
Buscamos
cada noche
con esfuerzo
entre tierras pesadas y asfixiantes
ese liviano pájaro de luz
que arde y se nos escapa
en un gemido.

Hay muchos más poemas aquí. Léetelos, ahora que puedes.

13 de abril de 2009

Poemas para perros medio tontos

Dentro del club de las poetas depresivas norteamericanas, a Jane Kenyon le dio por el rollo místico: creo que era católica (aunque no estoy demasiado seguro) y parece ser que el autoengaño religioso le sirvió para ir tirando hasta que una leucemia la mandó para el otro barrio. Si de vivir vidas estúpidas se trata, no soy el más apropiado para levantar la voz, pero lo de Kenyon me parece especialmente absurdo. La religión es la más cobarde de las resignaciones.

Sin embargo, escribió algunos poemas interesantes. Al menos, si no interesantes en sí mismos, sí interesantes en tanto en cuanto el punto de vista aportado es realmente original. Este es uno de ellos (aquí en inglés). Lo he traducido yo y, como era facilito, me ha servido para que me sienta un poco satisfecho de sí mismo. O, a lo mejor, ha sido cosa de Dios que, poniéndolo en mi camino, ha hecho en mí maravillas. Los caminos del Señor son inescrutables.
Galleta

El perro ha limpiado su tazón
y su recompensa es una galleta
que pongo en su boca
como un sacerdote ofrece la hostia.

¡No puedo soportar su rostro confiado!
Él pide pan, espera
pan y, si quisiera,
bien podría darle una piedra.

10 de abril de 2009

El niño que corre por el musgo frío y rápido

Una cosa que me ha gustado la hostia. Roberto Branly, un auténtico desconocido del que Google apenas sabe dos cosillas. Bien, pues aquí hay tres poemas. Desiguales, pero con estrofas tan pelopúnticas como estas:
Dentro, el niño incierto y frágil
teme todos sus demonios infantiles
en cada urdida sombra, en cada
rama que divide la quietud oscura y simple.

Y el niño corre por el muro
húmedo de sueños, corre por el musgo
frío y rápido, corre en la mitad de su caída,
en el salto de su angustia solitaria;
corre aún en su caída hacia el centro
de la tenebrosa y blanda noche.

9 de abril de 2009

Tatuajes literarios

El proceso de realizarse un tatuaje cubre dos etapas. Primera: tomar la decisión de realizarse un tatuaje. Segunda: Preguntarse seriamente qué carajo tatuarse.

No es coña. La gente sabe que quiere llevar un tatuaje pero no tiene la más remota idea de por qué y, menos aún, de qué. No hay más que echar un vistazo rápido alrededor de uno: ves a individuos que llevan tatuajes para los que tienen una explicación más o menos vaga, y casi siempre estrambótica (por no decir que inventada): que si esto en chino significa "paz entre todos los hombres del mundo", que si este es el símbolo celta de la bienaventuranza, que si el tribal que llevo facilita la circulación de la energía interior, etc.

La gente se tatúa en la piel dibujos que nunca pegaría en la parte trasera de su vehículo.

Todo esto para decir que les recomiendo echar un vistazo (si no tienen nada mejor que hacer o están en horario laboral) a un blog que sigo puntualmente desde hace tiempo: Contrariwise y que va sobre gente que se realiza tatuajes literarios. Hay cosas verdaderamente chulas. Hurguen, hurguen, que es gratis. Sí, hay gente capaz de tatuarse versos de Walt Whitman, Emily Dickinson, T.S. Eliot o Charles Bukowski. Gente con fundamento.

8 de abril de 2009

Ya os lo advertí. Y no me hicisteis caso

En 1995, a Philip Levine le dieron el Premio Pulitzer de poesía y fue entrevistado por el diario El País. Por aquel entonces, Bill Clinton era el presidente de los EEUU y aún no había hecho acto de presencia el lunático que le sucedería en el cargo. Pero Levine ya se barruntaba que las cosas podían ir a peor. Que, de hecho, estaban yendo a peor. Decía en 1995:
"Los americanos están encantados de tener un líder cristiano que les abandere. Quieren devolver América al fascismo".

No se puede evitar leer el artículo con cierta sonrisa amarga en los labios: Levine acertó en todas y cada una de sus previsiones.

Personalmente, no soy devoto de su poesía ni de los que escriben como él. El poeta del proletariado se le ha llegado a denominar. Lo cual me aterra porque no creo en absoluto en la poesía puesta al servicio de ningún fin. De ninguno. Por supuesto, tampoco de aquellos que yo considero nobles. La poesía solo debe emocionar, seas tú el poeta del proletariado o el poeta del Ku Klux Klan.

Por cierto, Philip Levine conocía bien España y a los poetas hispanoamericanos. Aquí dejo un poema (muy poco interesante) que escribió en los años sesenta. No capto la poesía que pueda haber en él, pero a lo mejor es que yo tengo muy poco de proletario. Va a ser eso.

6 de abril de 2009

Soy el hombre agachado detrás de un arbusto

Los poetas minimalistas norteamericanos tienen un punto que o lo pillas o no lo pillas. Sin medias tintas. Sin atajos. Es bastante difícil de aprehender, pero cuando caes en la cuenta, ya nada es lo mismo.

El jefe de todos los minimalistas es, desde luego, Raymond Carver. Y a pueblos de distancia va el resto. Entre los cuales, por cierto, hay más de un impostor. Es lo que tiene el minimalismo: que cualquiera con un pelín de malicia, puede hacerse pasar por gran autor durante décadas y nadie darse cuenta. Total, tampoco hay demasiada gente mirando.

Uno de estos autores (de los que van al rebufo de Carver, no de los impostores) es Stephen Dunn. Dejo un poema ya traducido (no sé por quién, lo siento; aunque yo he hecho retoques). Aparece en la antología Poesía minimalista norteamericana (Los libros de Orfeo, Buenos Aires, 1996). Aquí en inglés.
El violador

Soy el hombre agachado detrás de un arbusto
que se sienta a su escritorio.
Jamás me atraparán. Todas mis víctimas
tienen una manera de desaparecer.
No importa qué sexo tengas,
serás el próximo.
Te sentarás junto a mí
en un concierto interpretado en el bosque.
Si te mirara en el metro,
no desviarías los ojos.
Nadie corre nunca. Soy pequeño, engañoso
como este poema
que ya está dentro de ti.

4 de abril de 2009

All i need is money

Hoy les dejo un artículo (en inglés) que quizás a alguno pueda interesarle. Viene a cuento de aquella (pobre) intervención de la poeta Elizabeth Alexander en la toma de posesión de Obama y aborda un asunto jodido: ¿Puede la plata arruinar la creatividad? Dicho de otra forma: ¿Se crea mejor siendo pobre?

Por desgracia, no me veo en la tesitura de dar respuestas concluyentes al tema porque yo soy, he sido siempre y (me temo) será hasta los restos, más pobre que las ratas. Por eso, el único punto de vista que puedo aportar es el de ser creativo desde la escasez. No obstante, me ofrezco como conejillo de indias para que alguien, a modo experimental si se quiere, me haga millonario y me ponga a escribir desde la más insolente de las riquezas. ¿Variaría algo la calidad de mis escritos? ¿A mejor? ¿A peor? Quién sabe. Nos iremos todos al agujero sin salir de dudas. Me temo.

El artículo, sin embargo, dice algo que pienso que es cierto. Se aplica, obviamente, a los EEUU, pero es razonable aplicarlo a España (y, en menor medida, a algunos de los países hispanoamericanos más o menos ricos): "There is too much money in poetry". Hay mucha plata en la poesía. También dice que "It offers poor or mediocre poets too many opportunities to write and publish" ("se ofrece a malos o mediocres poetas demasiadas oportunidades de escribir y publicar").

Es decir, que la pléyade de becas, premios, premiecillos, conferencias, charlas, talleres, etc., han creado toda una casta de poetas (la mayor parte de ellos de mediocres para abajo) que vive de la poesía. Y eso es malo. Es malo porque la decisión sobre qué es bueno y qué es malo queda en manos de quienes, sin tener ni puta idea de qué es bueno y qué es malo, tienen tiempo de sobra para opinar lo que les salga de las gónadas. Y así nos va.

3 de abril de 2009

Alas para elevarse sobre la apestosa selva

Buscando información sobre el poeta Bruce Weigl (el típico estadounidense al que con dieciocho años envían a la guerra de Vietnam y al que la guerra le rota el eje vital de tal forma que jamás vuelve a ser el mismo), llego a una revista académica llamada "Atlantis" y que publica la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid. Bendita sea la capacidad de Google para indexar ¡documentos escaneados! Acojonado te quedas, oye.

Bueno, pues leyendo, leyendo, en un artículo (PDF) de María Elena Sánchez en el que se cita a Weigl, se afirma una cosa que yo no sabía y que viene a ser lo siguiente: al parecer, si bien todos los productos culturales generados tras la guerra de Vietnam en los EEUU (cine, narrativa, arte, etc.) narran siempre desde el punto de vista estadounidense y asignan a los vietnamitas el papel de los otros (en el mejor de los casos), en poesía se hizo exactamente lo contrario. Weigl es un ejemplo de ello. De la guerra regresó vivo, pero tan hecho polvo que se sentía una mierda pinchada en un palo. Vamos, el típico veterano que sale en las pelis: nadie es capaz de comprender o de imaginar la verdadera dimensión del horror que ha experimentado. Pero Weigl hizo algo que, en sus palabras, le salvó: se puso a escribir poemas. Por supuesto, monotemáticos: Vietnam y napalm por un tubo. Un pelma más, sí.

Dice el artículo de María Elena Sánchez:
En líneas generales, la narrativa de Vietnam se ha concentrado, sobre todo, en la tragedia norteamericana y ha dejado de lado los sentimientos de los vietnamitas. La misma tendencia ha caracterizado al cine. La poesía, por el contrario, se centra en el pueblo vietnamita. Escritores como Jan Barry, Walter MacDonald, Basil Paquet, John Balaban y Bruce Weigl, son percibidos por el sistema (un sistema que también se ha encargado de desalentar numerosas iniciativas encaminadas a ayudar al pueblo asiático) como una presencia embarazosa en la literatura de guerra.

O sea, que todos estos poetas se dedicaban a tocarle los huevos al sistema. No sólo habían perdido la guerra: encima tenían a sus propios poetas del lado de los vietnamitas. Para que te fíes tú de los juntaversos.

Aquí hay un poema en inglés de Bruce Weigl. Se titula Song of Napalm, está referido a alguien muy parecido a esta persona (si no es directamente a ella) y, al leerlo, uno se da cuenta de por qué Weigl y los suyos eran considerados como "presencias embarazosas". Un fragmento:
I try to imagine she runs down the road and wings
Beat inside her until she rises
Above the stinking jungle and her pain
Eases, and your pain, and mine.

Traducido por mí:

Trato de imaginar que corre por el camino y alas
Se agitan en su interior hasta que se eleva
Por encima de la apestosa selva y su dolor
Mengua, y tu dolor, y el mío.

2 de abril de 2009

Un vistazo en lo real

夢ぢには
あしもやすめず
かよへども
うつつにひとめ
見しごとはあらず

Aunque a ti voy sin cesar
a lo largo de caminos soñados,
la suma de esos encuentros
es inferior a un solo vistazo
concedido en el mundo despierto.

Ono no Komachi.

Vale, vale, no lo he traducido directamente del japonés (más quisiera yo). Lo he visto aquí. Laura D decidió escribírselo en la espalda. O se lo escribieron, más bien. Eso es amor.